Horacio Otheguy Riveira.

Con una documentación minuciosa, se combinan hechos históricos con seres y elementos de una ficción que ilumina las zonas más oscuras del Tercer Reich y sus ambiciosos aliados y audaces enemigos.

Una hermosa edición para una lectura sosegada que facilite comprender o, mejor aún, acompañar a sus personajes en una compleja trama, y sentir, como ellos, profunda inquietud. Poco y nada importa que el devenir de los nazis sepamos que ha fracasado, pues su avidez por obtener el apoyo incondicional de antiguas creencias mágicas lo torna atemporal, forjando un circuito espeluznante que no acabó entonces, hoy trasladado a potentes fuerzas reaccionarias, sumamente violentas.

Con personajes muy interesantes, la poeta, ensayista y novelista Izara Batres se sumerge en el París de 1938-39 para abordar otras regiones de Francia y Europa, y acabar en Buenos Aires en 1944.

 

El propio título, El Cabaret del infierno, aparece como ambiente fantástico, en un principio inverosímil, hasta que las hemerotecas dan cuenta de su existencia real en la capital gala.

 

El Cabaret de L Enfer fue uno de los locales nocturnos más famosos de la Belle Epoque parisiena. Fundado en 1892 por el ilusionista Antonin Alexander. tuvo un gran éxito hasta que se cerró entre 1950-1952; en su lugar se instaló un concurrido supermercado.

En el Cabaret infernal se rendía homenaje riguroso a la muerte, el satanismo, el ocultismo, con zonas reservadas para un trato más personal: allí transcurre una situación clave de esta novela, que dará lugar a una sobrenatural violación, embarazo y parto complicados para dar a luz a un hijo del diablo.

Nada que ver con El bebé de Rosemary, la excelente novela de Ira Levin -y película de Polanski-, aunque tienen en común la adscripción al nefasto mundo presidido por una cruz cristiana invertida.

 

El cabaret es un centro de actividades muy importantes, políticas, económicas y sexuales, entre gente de alto copete, ricachones que con la cercanía, luego invasión, de los nazis buscarán la forma de establecerse y medrar sin titubeos

Lugares, hechos y personajes reales andan dando tumbos por páginas en la que destacan el feroz Lucios, un trepa que acabará padeciendo la peor de las torturas… Este personaje de ficción como Ginebra y Theo, encabezan el plano de protagonistas que conviven con otros de similar garra en busca de encontrar la manera de derribar toda esperanza de eternidad para el Tercer Reich.

Dos personajes adquieren un primer plano muy significativo, a pesar de ser secundarios en la elaboración de la magnífica novela: Aleister Crowley, británico ocultista, ligado a toda clase de fórmulas destructivas, ambicioso dispuesto a todo. Es real, existió entre 1847 y 1947.

Y Marguerite Lacroze, prostituta violada, analfabeta que da a luz a «la criatura». Personaje de ficción para quien la autora concibe un final espléndido.

Casi 500 páginas que provocan asombro, diversión en plan gran novela de aventuras, y buena disposición para comprender fenómenos ocurridos hace 2600 años, ante los cuales algunos bregan por aprovechar una existencia de éxito sin límites, a costa de millones de vidas humilladas y finalmente asesinadas.

Aleister Crowley se levantó de la enorme cama, húmeda de fluidos. Las mujeres dormían profundamente sobre el semen, la sangre y los restos de ungüentos afrodisíacos, ambas desnudas. Se puso una bata y se abrió paso entre los instrumentos que habían utilizado durante la noche y que yacían esparcidos por el suelo de la habitación. La mancha de sangre en el centro del pentáculo le recordó el gemido del animal al sentir el filo de la daga…

… Marguerite Lacroze algunas veces cantaba, por las noches, para los que venían a las reuniones, pues la casa, que realmente pertenecía a su amiga Emmeline, también servía como sala de reuniones para colaboradores de la Resistencia: artistas, científicos, filósofos, sacerdotes e incluso aristócratas implicados en diferentes líneas de lucha.