Horacio Otheguy Riveira.
Una bella mujer sale del Picratt´s algo cargada de champán, a punto de trastabillar, camina deprisa unos pocos metros para llegar a la comisaría y denunciar a dos hombres que se proponen robar las joyas de una condesa… y matarla.
Pero cuanto declara resulta confuso, apenas tiene datos concretos, en verdad podría decirse que ninguno. En la boite donde hace un aplaudido striptease completo, también se ocupa de entretener a clientes que la reclaman a su mesa: botella de champán mediante. Su labor, hacerles beber. La noche en cuestión, tras la mampara habitual, escucha vagamente el anuncio de robo y muerte mientras su joven enamorado le habla de un futuro limpio y adorable, retirada del show y de los eventuales amantes de pago…
Tras la declaración se queda dormida en un banco. Al despertar asegura que no escuchó nada, que estaba borracha, que no sabe porqué dijo lo que dicen que dijo. No se acuerda de nada. Está muy nerviosa. Ya poco caso le hacen; no es fiable…
Amanece, Marcha a su apartamento, donde pocas horas después, se la encuentra muerta. Estrangulada.
El comisario Maigret se ocupa del caso de inmediato. No pierde detalle de las características de la vivienda ni del hermoso cuerpo, ahora cadáver. El misterio le recorre con la serenidad y sabiduría de costumbre en los 75 libros que Georges Simenon (1903-1989) le dedicara, aparte de su prolífica producción…
«… Aquella mañana apenas se fijó en ella. No era más que una pequeña ave nocturna como tantas. Sin embargo, le impresionó su juventud y le pareció que algo no casaba. Seguía oyendo su voz cansada, esa voz que todas tienen al amanecer, después de beber y fumar demasiado. Volvía a ver sus ojos inquietos, recordaba la mirada que él le dirigió maquinalmente al pecho, y sobre todo aquel olor a mujer, casi un olor a cama caliente, que emanaba de ella.
Pocas veces había tenido ocasión de conocer a una mujer que diera tan fuerte impresión de sexualidad, lo cual estaba en desacuerdo con sus ojos de chiquilla asustada, y aún más en desacuerdo con la vivienda que acababan de visitar, con su parqué tan bien encerado, su armario para las escobas, y su fresquera…».
Un tiempo de pasiones letales
Simenon propone una intriga clara, precisa, con argumento y personajes definidos, y un Maigret, comisario protagonista dotado de humanidad, empeñado en observar y profundizar en los detalles. Un mundo rico, disperso, al que dar forma. La estructura escogida tiene mucho de costumbrismo con notable descripción de calles y ambientes, siempre en breves flashes que ubican y enamoran lo suficiente para seguirle, página a página y descubrir la vida que no vivimos junto a Arlette: un personaje que muere al principio, pero que la veremos en muchas situaciones, a medida que se desglosa su pasado.
El mensaje de Simenon es complejo y ambiguo: ni culpables ni inocentes absolutos, solamente culpabilidades que se engendran y se destruyen en cadena. Las novelas del escritor sumergen al lector en un mundo rico de formas, colores, olores, ruidos, sabores y sensaciones táctiles. Una atmósfera criminal con una pátina de melancolía, como si las buenas intenciones hubiesen quedado al margen, en la cuneta de la historia, donde las humanas emociones actúan compulsivamente.
Georges Joseph Christian Simenon fue un novelista y periodista belga en lengua francesa, célebre por crear al comisario Jules Maigret. Autor extremadamente prolífico, publicó 192 novelas con su nombre y decenas más bajo 27 seudónimos, con más de 550 millones de ejemplares vendidos y traducciones a 55 idiomas. Tiene alrededor de 50 adaptaciones al cine y la televisión. Su obra abarca desde la novela negra a las que él mismo denominó: novelas duras, al margen del policiaco, marcando el siglo XX con su estilo aparentemente simple y profundo. Nacimiento: 13 de feb. de 1903 (Lieja). Fallecimiento: 4 de sep. de 1989 (Lausana).



