María García Rollán

El drama de Kristoffer Borgli nos habla sobre la relación entre Charlie (Robert Pattinson) y Emma (Zendaya). Este director y guionista de películas como Dream Scenario (2023) vuelve a meternos en una situación ordinaria que de repente gira para convertirse en un experimento psicológico y moral para el espectador. En este caso, nos presenta una relación aparentemente perfecta, hasta que, días antes de la boda, Charlie descubre un elemento del pasado de Emma que desconocía: cuando era adolescente se planteó realizar un tiroteo en su instituto.

Esto hace que Charlie se obsesione y, en vez de hablarlo tranquilamente con su pareja, da por hecho que no la conoce. Crea su propia versión de Emma y empieza a cuestionarse quién es realmente su prometida. El problema deja de ser únicamente lo que Emma pudo haber hecho en el pasado, sino también el temor de Charlie a no conocer a la persona con la que se va a casar. Hasta ese momento, la versión de Emma que conocía coincidía con lo que quería en su futura mujer. Aquí es cuando Borgli nos plantea una pregunta incómoda: ¿qué ocurriría si descubres algo que no encaja con la persona que creías conocer?

El propio personaje de Charlie tiene algo irónico, ya que él mismo no se mostró como realmente es al principio de su relación. Para poder conquistar a Emma juró haberse leído el libro que ella tenía entre las manos cuando, realmente, lo único que hizo fue una búsqueda rápida por Internet. Solo cuando ella descubre la mentira, decide contarle la verdad. Construye una versión de sí mismo para gustarle a su pareja, pero no soporta que ella tenga una versión pasada que él desconocía.

El director juega con nuestra moral en una escena en particular donde la pareja de uno de los personajes es perdonada tras encerrar a un niño en un armario durante días, pero Emma no recibe la misma consideración. Charlie deja de enfrentarse a Emma como persona y empieza a enfrentarse a una versión terrorífica e imaginaria de ella. El personaje de Pattinson tiene motivos para sentirse perturbado, pues, aunque Emma no llegara a hacerlo, es un acto terrible y con eso juega la trama. Su obsesión hace que le entiendas y, a la vez, como mi propia pareja me expresó viéndola, hace que te pongas «de los nervios». Te preguntas: ¿cuánto somos capaces de olvidar y qué somos capaces de perdonar?

Es curioso y acertado realizar esta película hoy en día, pues plantea una situación que actualmente vivimos de una manera especialmente intensa. Charlie construye su propia versión de Emma partiendo de aquello que descubre, y nosotros hacemos lo mismo a través de las redes sociales. Podemos saber todo sobre alguien con simplemente entrar en su perfil de Instagram: sus gustos, sus amigos, dónde va a pilates o cómo se llamaba su perro de la infancia. Nos imaginamos cómo son, creamos una idea general de su personalidad sin ni siquiera haberla conocido. Inevitablemente, nos enamoramos también de la idea preconcebida que tenemos del otro. La realidad es que eso no significa que conozcamos a la persona que tenemos delante.

El problema ocurre cuando la persona real deja de coincidir con nuestra versión de ella. En el momento en que creemos que no es la persona perfecta, las aplicaciones de citas nos han dado la ilusión de que tenemos posibilidades infinitas, de que siempre existe otra opción mejor a tan solo un clic. Al igual que Charlie, la idea contemporánea del amor nos ha hecho cada vez más difícil aceptar que las personas y las relaciones no son un «producto» perfecto.

El drama nos hace plantearnos que quizás perdonar no siempre significa comprender, y comprender tampoco significa que todo de esta persona tenga que gustarnos. Quizás amar signifique aceptar que no vamos a poder conocerlo todo, pero también saber qué cosas, cuando llegamos a conocerlas, no podemos ignorar.

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