Soledad Falero.
Cuando nos acercamos a Manel Loureiro, todo resulta sorprendente y arrollador. Imagino que, como buenos lectores, la mayoría de ustedes conoce los orígenes de este abogado aficionado a los guiones y la televisión que, en 2005, harto de pasearse por los juzgados gallegos y de redactar querellas, decidió crear un blog y colgar en él un relato de zombis. La historia no pasaría de ser algo curioso si ese blog no hubiera sobrepasado el millón y medio de lectores.

Gracias al revuelo de ese relato apocalíptico en el que un puñado de zombis invadían las calles de su Galicia natal, la editorial Lumen decidió publicarlo. Y lo hizo bajo el título de Apocalipsis Z: el principio del fin. Su carrera como escritor despega entonces de manera imparable y junto a Javier Sierra o Ruiz Zafón, entra en la lista de los más vendidos en EEUU. A este texto le seguirán muchos otros ligados a lo sobrenatural. Destacan aquí La trama (2013); Fulgor (2015) o La puerta (2020), todos ellos ambientados en su Galicia natal.
Antes de que todo cambie también tendrá como eje la geografía gallega. En concreto, esta historia abierta en la que no sabes qué vas a encontrarte, se desarrolla en la isla de la Toja y alrededores. Poco a poco el libro te seduce, página a página, hasta convertirse en un torrente final muy difícil de parar, vertiginoso y vibrante en el que la tensión se mastica y no llega a digerirse hasta el mismo momento final de la obra. Ese es uno de sus puntos fuertes, el ritmo intenso y trepidante. Desde el inicio, nos atrapa y cuesta dejar de navegar en esta narrativa dinámica y visual, casi cinematográfica.
El autor declara abiertamente que quiso escribir sobre un magnicidio múltiple. Le subyugaba el tema, especialmente, tras hablar con expertos que afirmaban que un horror de ese calibre sí podía suceder. Por ello, como el propio autor afirma, “fantasea con la posibilidad de qué sucedería si todos los líderes de la unión europea desapareciesen de forma violenta de un plumazo …y a quien beneficiaría…””
Precisamente, una de las mayores críticas que sus detractores hacen del texto es que parta de una premisa tan extrema. Arguyen que es bastante inverosímil para el género. Pero, ¿no existe la ficción para que los autores pueden recrear lo posible y lo imposible? Aunque la temática principal de la obra se centre en la infiltración de los servicios secretos rusos en Occidente, en el poder de los grupos mercenarios, el mundo de los espías y la corrupción política, el texto no es solo eso.
Por el contrario, el motor de la trama no será otro que el amor profundo de un padre y, como no, la venganza. Es decir, que aparecen los temas de siempre, en un nuevo escenario. Sus personajes son seres humanos, marcados y con vidas rotas a su espalda. Encontramos aquí a un padre acabado, Samuel Hoyos y a una madre dolorida, la inspectora Julia Duarte, que, en esa búsqueda feroz de la justicia, se enfrentarán a dilemas morales mayores y optarán por dejar en un segundo plano su tragedia para evitar una barbarie mundial.
La amistad, el amor, de la mano de la inspectora, de Sam o del tierno gigante Neil… no son elementos accesorios sino axiomas esenciales, quizás los únicos rastros de humanidad en ese universo hostil donde todo vale. En definitiva, aunque algunas subtramas, si tienen suficiente bagaje como lectores de suspense, pueden verse venir, se trata de una lectura amena y trepidante que te hará olvidarte del reloj…y del móvil.

