Eduardo Suárez Fernández-Miranda.

Maupassant, a quien se ha llamado maestro del mot juste, nunca ha sido un mero tratante de palabras. Sus mercancías no han sido cuentas de vidrio sino pulidas gemas: quizá no las más raras y preciosas, pero sí con las mejores aguas de su género. Joseph Conrad.

Guy de Maupassant fue una estrella fugaz, su vida breve estuvo marcada por la enfermedad y la locura. Sin embargo, en un periodo de diez años fue capaz de escribir seis magníficas novelas, crónicas, obras de teatro y cientos de cuentos que le han convertido en un extraordinario miniaturista de la sociedad francesa de finales del siglo XIX. Todo ello no fue suficiente para él, según nos recuerda en su epitafio: “Lo codicié todo y no hallé placer en nada”.

Alianza Editorial, esa casa editora que tan bien ha tratado a los clásicos, cuenta en su extenso catálogo con novelas y cuentos del gran escritor francés. El Horla: Cuentos fantásticos y de horror; Bola de sebo; La mujer de Paul. O las novelas Bel Ami y Fuerte como la muerte.

En Fuerte como la muerte, su protagonista, Olivier Bertin, ha llegado a esa edad en la que la vejez se siente tan próxima que su mero descubrimiento produce un dolor inconsolable. Pintor de éxito y reconocimiento público, su arte ha discurrido entre “las audacias modernas y la academia”. Rico y famoso nada parece satisfacerle. Hasta que en su camino se cruza la pasión “por un ser inalcanzable frente al cual su arte, su éxito y la misma felicidad resultan vanas salvaguardias”. Publicada en 1889, en plena madurez de Maupassant, Fuerte como la muerte supone un extraordinario retrato psicológico de un personaje que tratará de apurar el último sorbo que la vida le ofrece.

Discípulo de Gustave Flaubert y gran admirador de la obra de Iván Turguénev, Guy de Maupassant creó una prosa en la que destacan la profundidad psicológica de sus personajes, así como la capacidad para reflejar una época y una sociedad en constante ebullición. Javier Albiñana es el encargado de la rigurosa traducción de Fort comme la mort y Manuel Estrada es el responsable de la portada del libro.