• ESPAÑA EN SORDINA

    LOS PUEBLOS ENCERRADOS

    Ocurre en todo el mundo, pero en España más que en ningún sitio.

    En Asturias hablan con reticencia de los gallegos. Hablan de Galicia como si estuviera en Australia. Ponen el vino Albariño, lleno de sal junto al mar, como si fuera un vino del interior.

    De hecho es mejor decir que eres australiano y no decir que eres gallego. Los pueblos que están muy cerca se empeñan en marcar mucho sus diferencias. En poner fronteras angulosas, definiciones de hierro.

    Un asturiano me habla de su pueblo y resulta que está muy cerca de Galicia. Pero dice; no, no, eso es Asturias, Galicia está a 30 kilómetros. Y 30 kilómetros le parecen mucho. Peligra la definición de su Asturias.

    También los cristianos o los comunistas tratan mucho peor a sus herejes, a los que difieren en una idea minúscula o en una frase, que los que son radicalmente diferentes. Stralin persiguió más a Trotski que a los zaristas, la Inquisición persigue más a un cristiano judaizante que a un judío declarado o a un musulmán.

    En Oviedo ponen mal a Gijón y en Gijón ponen mal a Oviedo. Madrid desdeña a Barcelona y Barcelona desdeña a Madrid. Y en Torrelodones se creen mucho mejores que en Galapagar.

    Cuando vivía en Salamanca y volvía de un viaje me decían: Habrá muchas cosas por ahí pero ninguna como Salamanca. Y mi panadero creía tener el mejor pan del mundo aunque a menudo era malo. No conocía el pan de París ni el Aragón ni el de Toscana.

    Por otra parte también me decían continuamente, por ser gallego, ¿te encuentras bien aquí? ¿cómo viniste a dar aquí? Como si viniera de Ucrania.

     

    En España hay muchos pueblos encerrados, que no quieren saber nada de los otros pueblos. Que solo miran su ombligo. Azorín conoció algunos en el siglo XX. 

    Pueblos de puertas cerradas, pueblos encerrados mentalmente en sí mismos.

    En España tenía que ocurrir el cantonalismo, una versión del anarquismo que funcionó en el siglo XIX. A algunos les parecerá el colmo del anarquismo y la libertad, pero a mí me parece el colmo de la cerrazón y el paletismo.

    No solo en Galicia mueren por los límites de una finca, también en Extremadura. Como en Irlanda en la película “El parado” de Jim Sheridan.

    Chantada desdeña a Monforte y Monforte desdeña a Chantada. En el norte de Lugo hablan de Quiroga, al sur de Lugo, como si estuviera en las antípodas. Hay mucha gente poco viajada en este país todavía. Y no sirve internet, internet solo convierte el mundo entera en una aldea, la más pobre de todas.

    Hay muchos pueblos encerrados en España. Y los abriría más una novela de Tolstoi que todas las páginas de internet.

    ANTONIO COSTA GÓMEZ

    FOTO DE CONSUELO DE ARCO