En esta hora tardía
Garous Abdolmalekian
Traducción de Tea Vardosanidze Rusadze y Alfredo Gutiérrez Kavanagh
Cielo eléctrico
Madrid, 2026
147 páginas
Por Ricardo Martínez Llorca / @rimllorca
A la hora de la verdad, no tenemos una conciencia de la muerte en condiciones. Pero lo que sí puede ser nuestro es la conciencia de algo que limita con la muerte, de ese momento final que se barrunta, de una frontera con lo que no terminaremos de definir. Con ese concepto uno puede crear los mejores versos:
Me mantiene con vida
(…)
La ambigüedad de la muerte,
no un nacimiento luminoso
No somos mucho más que hojas arrojadas al viento, no somos mucho más que cierto malestar, cierto desasosiego:
Hoy liberé al último pájaro,
pero estoy triste.
Hay algo
en esta jaula vacía
que no se libera.
La editorial Cielo eléctrico nos trae este poemario de Garous Abdolmalekian (1980) que contiene una belleza muy perturbadora, sin que esto sea un oxímoron. Ya habíamos sentido ese tipo de emoción leyendo, por ejemplo, Poeta en Nueva York, de Lorca, un autor a quien Garous Abdolmalekian adora. Como en el poemario del español, aquí las contradicciones se convierten en dos entes imposibles que se reclaman: «Un pájaro picotea una esquina corroída del cielo…». Esto es algo de lo que nos damos cuenta nada más comenzar la lectura de los poemas, que debemos hacer despacio con respeto, que es una de esas cualidades que el autor hereda de lo mejor de la poesía persa más intimista, más metafórica, esa que también se pregunta qué ha sido de la belleza:
Hemos obligado a las abejas
a recolectar miel de flores venenosas.
En esta indagación intuitiva, en esta búsqueda, Abdolmalekian no renuncia a lo onírico, al conocimiento que podría venir de la sorpresa de los miedos y los deseos que se imponen cuando somos menos dueños de nuestro pensamiento, pero que nos llevan a reconocer el trauma:
Y el pececillo negro
que un día echó a nadar desde los capilares de mis dedos
ahora gira en mis sienes
Es fácil de imaginar, entonces, que el contenido de la obra bien pudiera ser la relación que existe entre la tristeza y lo incómodo. Como si para ser una persona inquieta uno necesitara saber en condiciones que existe lo triste. Es posible que esa sea la pregunta que nos lleva acompañando desde el inicio de la poesía lírica en todas las partes del mundo. Eso hace de Abdolmalekian un autor muy universal, porque nos podremos reconocer en la herida, que es algo concreto, y nos podrá incomodar la causa de la herida, que siempre será algo más ambiguo. De lo que sí podemos tener certeza es de que el mar y el cielo se presentan como entes vivos a los ojos de los que creen en la belleza.
Este es un poemario en el que el autor vuelve a intentar explicar el mundo, desde la sensibilidad, desde la intuición, pero que nos va dejando bien claro que esa búsqueda no hará que sea más sencillo vivir el mundo. Lo mejor que descubriremos será que vamos a encontrar una excelente compañía en ese recorrido.


