Pilar M. Manzanares.

Hay libros que envejecen, libros que sobreviven y libros que, sencillamente, se niegan a pertenecer a una época. Las efemérides literarias de este final de 2026 nos ofrecen una magnífica oportunidad para comprobarlo: basta recorrer sus páginas para descubrir que las grandes historias nunca terminan de contarse y que, por mucho que cambie el mundo, seguimos encontrando en ellas respuestas, preguntas y contradicciones profundamente humanas.

Uno de los aniversarios más destacados es el 175.º cumpleaños de Moby Dick, la monumental novela de Herman Melville, publicada en octubre de 1851. Paradójicamente, una obra que hoy ocupa un lugar privilegiado en el canon universal pasó prácticamente inadvertida para sus contemporáneos. Tuvo que transcurrir el tiempo para que aquella persecución desesperada de una ballena blanca adquiriese su verdadera dimensión literaria. El capitán Ahab, consumido por una obsesión que lo arrastra hacia la destrucción, representa mucho más que una aventura marítima: es el retrato de la lucha del ser humano contra sus propios demonios y de esa peligrosa tentación de querer dominar aquello que nos supera. Una novela inagotable, tan inmensa como el océano que la habita.

También celebramos los tres siglos de Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift. Publicada en 1726, esta obra demuestra que la sátira tiene una extraordinaria capacidad para atravesar generaciones sin perder un ápice de su mordacidad. Bajo la apariencia de un relato de aventuras y mundos extraordinarios se esconde una crítica demoledora a las instituciones, las ambiciones políticas y las miserias de la condición humana. Swift nos invita a contemplarnos desde la distancia, aunque el espejo que nos ofrece no siempre resulte agradable. Quizá por eso seguimos reconociéndonos en sus páginas.

La literatura española también tiene motivos para brindar. Se cumplen diez años de Todo esto te daré, la novela con la que Dolores Redondo obtuvo el Premio Planeta en 2016. La Ribeira Sacra gallega se convierte en un escenario de extraordinaria fuerza narrativa, donde el misterio, los secretos familiares y las heridas del pasado acompañan a Manuel en su búsqueda de la verdad sobre la muerte de su marido. Una historia en la que el paisaje no es un simple decorado, sino un personaje más, cargado de memoria, belleza y sombras.

Por último, el 24 de noviembre se conmemoran los doscientos años del nacimiento de Carlo Collodi, el creador de Pinocho. Publicada inicialmente por entregas en 1881, Las aventuras de Pinocho ha conquistado a lectores de todas las edades. La historia de aquel muñeco de madera que sueña con convertirse en un niño de verdad sigue hablándonos de la mentira, la libertad, la responsabilidad y el aprendizaje de la vida.

Cuatro aniversarios, cuatro universos y una misma certeza: la literatura no entiende de fechas de caducidad. Algunas historias nacen para entretener, otras para incomodar y otras para acompañarnos durante toda una vida. Pero las verdaderamente grandes consiguen algo todavía más extraordinario: que, muchos años después de haber sido escritas, sigan teniendo algo nuevo que decirnos. Porque los libros pueden cumplir siglos, pero las emociones que despiertan permanecen siempre jóvenes.