Letal como un solo de Charlie Parker

Por Jorge Díaz.

 

Letal como un solo de Charlie Parker. Javier Márquez. Ed. Salto de Página. 268 páginas.

 

Eddie Bennett, el Figura, es mucho más que un detective, es un solucionador de problemas. Aplica la herramienta adecuada a cada situación: a veces basta con unas palabras; otras es necesario romper un par de dedos, o algo más que dedos; en ocasiones es aún más difícil, hace falta incluso descubrir la verdad…

 

Javier Márquez (Sevilla, 1978) ha construido un personaje al que no falta detalle: su Eddie Bennett vive en Las Vegas, conduce un Pontiac Silver Streak, se aloja en una suite del Hotel Flamingo a la que invita a las ascensoristas y camareras que buscan un futuro en el mundo del espectáculo… Se codea con lo más selecto del rat pack, con Frank Sinatra o Dean Martin –desgraciadamente, no aparece el que siempre fue mi favorito Sammy Davis Jr.–, además   de con capos mafiosos instalados en la ciudad del juego desde que Bugsy Siegel descubrió sus posibilidades, como Johnny Roselli. Tiene un montón de bármanes a su amparo, de los que además de saber preparar copas saben contar historias, que le suelen servir Southern Comfort, aunque él también sabe apreciar el mejor dry Martini del mundo, el que sirve Phil Narducci en la página 74, “una bala de plata que te atraviesa a un tiempo el corazón y el cerebro”.

 

Lo mejor de Márquez es que no intenta copiar el estilo de las novelas americanas de los cincuenta, escribe directamente una: el diseño de personajes, la trama, el ritmo, hasta los diálogos y las descripciones son los propios del género.

 

He leído reseñas y he escuchado comentarios que consideran a Eddie Bennett un personaje “hammettiano”. Yo, no excesivamente conocedor de la novela negra, ignoro si se le puede considerar heredero de Dashiell Hammett, pero desde el primer momento me ha recordado al televisivo Mike Hammer de Mickey Spillane, con esa mezcla de violencia, capacidad de disección del mundo en el que se mueve, código del honor y sentido del humor que representan los mejores caracteres del género.

 

En Letal como un solo de Charlie Parker, presentación de Bennett aunque estoy seguro de que no será su única aventura literaria, el protagonista tiene que enfrentarse a un caso fácil: una aspirante a estrella se ha suicidado durante la grabación del El conquistador de Mongolia, western “asiático” protagonizado por John Wayne y producido por Howard Hughes. Aparentemente fácil: acercarse al rodaje en St. George, en pleno desierto de Nevada, firmar el papel del forense local atestiguando el suicidio, tomarse un par de copas con los conocidos del lugar y volverse a la comodidad del aire acondicionado de Las Vegas y de las francachelas con los amigos… Pero nunca son tan sencillas las cosas como parecen, sobre todo si por medio se mete una reportera “una mujer con demasiada clase como para ser de St. George, ni siquiera para andar de paso”, la típica rubia de ojos verdes de cualquier novela negra que se precie, sólo que en la versión de Márquez, años 50 desde la mirada del siglo XXI, tan lista como cualquier hombre pero con más cojones.

 

Al final, las historias siempre se complican, donde parece que hay una chica atolondrada acaba habiendo un secreto de estado. Si los Estados Unidos se ven amenazados, cerca está John Wayne y todo sucede en una ciudad en la que un semáforo no cambia de luz sin que la mafia esté al tanto, puede pasar cualquier cosa…

 

Y cuando la intriga está resuelta aún queda un regalo: la historia de Charlie Parker y Louis Jordan que da título a la novela. Hay que descubrirla.

 

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