‘Primera persona’, de Margarita García Robayo

CARLOS HUERGA.

Siempre ha existido la literatura híbrida, las propuestas que funden géneros y los confunden. También ha existido siempre la literatura íntima y confesional mezclada con la ficción. Más o menos desde ahí escribe la autora Margarita García Robayo (Colombia, 1980) y la propuesta es sugerente. Primera persona es un compendio de crónicas, ensayos, relatos y forma diarística, que fueron publicados en diferentes revistas y son agrupados aquí con un sentido un tanto heterogéneo, pero con una integridad que los une desde lo narrativo y lo autobiográfico (sin entrar a valorar las diferentes etiquetas narratológicas: autoficción, narraciones autobiográficas, biografía ficcionalizada).

El título engloba la idea de escribir desde la experiencia personal, y por ello acoge desde textos que se leen como puros relatos, casos de “Aullidos sordos en el bosque” o “Residencia” -uno de los más potentes-, hasta otros que se acercan a la crónica o al diario, caso de “Leche”, donde la narradora relata sus dudas y preocupaciones ante el hecho de ser madre y la importancia de la lactancia.

Ya en el comienzo García Robayo irrumpe con un lenguaje confesional que alberga momentos paradógicos, con algunas frases fascinantes: “Yo soy mi padre pero soy mujer. Mi padre es mi hijo: un bebé hermoso al que amamanto por el pene”. También hay cabida para reflexiones que suponen una declaración de intenciones: “Yo no quiero escritoras más visibles, quiero escritoras y escritores más osados, más salvajes, más periféricos, porque son estos los que me han dado siempre la perspectiva que más me interesa”. En “El mar”, la voz narrativa se reafirma desde su miedo y rechazo por el mar, y se enfrenta a los prejuicios de los demás: “¿Una caribeña que odia el mar?”, le espeta su doctor. “Historia general de tu vida” es un relato sugestivo y a veces alucinado, cuya narradora en segunda persona se estira hacia un desdoblamiento que genera extrañamiento, pero a la vez supone un diálogo consigo misma, al estilo de Un hombre que duerme, de Georges Perec. En “Mi debilidad. Apuntes desordenados sobre la condición femenina”, asistimos a una exposición de hechos y preocupaciones que cuestionan el patriarcado y las situaciones de las mujeres que se enfrentan de alguna manera a este tipo de poder. La mayoría de los textos están escritos desde la sugerencia y plantean interrogantes, provocan, acaso porque hay pocas certezas y no todo tiene explicación. Aunque el tono es sosegado, no podemos dejar escapar que algunas situaciones que se cuentan son desgarradoras.

¿Qué tienen en común textos como “El mar” o “Leche” a pesar de su evidente desconexión formal? Que hablan de cómo una persona se tiene que enfrentar a la opinión de los demás, a cierto poder social que establece unas pautas que las mujeres tienen que dar como buenas. Porque también hay activismo de la lactancia materna, dogmas desde los discursos institucionalizados. Los códigos sociales y los prejuicios nos intentan configurar como personas y también nos limitan. Varios de estos textos parecen ser una excusa para distanciarse de esas construcciones sociales que intentan deformar al individuo, más concretamente a la mujer. Ya lo decía Witold Gombrowicz: “Las personas se crean unas a otras al imponerse formas, lo que llamamos ‘maneras de ser’”.

El libro contiene frases para subrayar, y alberga numerosos momentos de poesía en su prosa. Hay una frase que podría resumir o visualizar el tema principal: “Nunca aprendí a nadar, pero siempre tuve la sensación de que jamás me ahogaría”, ya que la narradora (entendemos que la autora) siempre encuentra la manera de sobreponerse a las inevitables trabas del destino, a la presión social. Como si al final, ella supiera que solo logra salvarse gracias a su instinto.

A pesar de la heterogeneidad de los textos y de su diversidad temática (la iniciación sexual, la maternidad, la relación con el padre, las relaciones de pareja, la mudanza, el viaje, la soledad, la aceptación, la rebelación), hay una reconstrucción de la mirada, una búsqueda de la identidad. De manera que Primera persona es una manera de enfrentarse al mundo, sobre todo, una forma de estar en el mundo. Así lo sugiere una certera frase de “Mi debilidad”: “La subjetividad es (…) el filtro con que el individuo comprende y construye el mundo”. De ahí el título del libro.

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