Mágica unión en el trágico devenir de Marie Curie y el magisterio de una actriz, María Luisa Borruel

Por Horacio Otheguy Riveira

El inclasificable libro de Rosa Montero, La ridícula idea de no volver a verte, transcurre ahora en un escenario que representa el despacho de una escritora que se dirige a los espectadores para confesarse en un tono más de conferencia que de intimidad pura y dura.

Vive un duelo, la muerte de su marido después de 20 años juntos, y lee biografías de Marie Curie: su vida pequeña, intrascendente, minada de dulces recuerdos sin conflicto alguno, se ve así recorrida por la existencia apasionante de una mujer de ciencias polaca, emigrante a Francia, dos veces ganadora del Premio Nobel, también viuda, pero muy menospreciada por una sociedad machista que, contra todo pronóstico, nada pudo hacer para evitar los premios internacionales para un “insólito” genio de sexo femenino.

El carácter autobiográfico del libro de la Montero sorprende por el contraste de la banalidad que cuenta como asunto propio, ligeramente acompañado de poética memoria sentimental, frente a la trascendencia de Curie, sorteando peligros abrumadores. En medio, la caída en desgracia de “Carlos”, un personaje que en la realidad fue el periodista Pablo Lizcano (1951-2009) del que nada interesante se cuenta. Esta dualidad que torna la narración muy poco atractiva, más bien exageradamente irregular, es llevada al teatro por el autor-director Eugenio Amaya de tal manera que las partes forman un todo naturalmente fluido, y los íntimos recuerdos que tiene la viuda de hoy se fortalecen al revivir los de su marido ausente: aquellos episodios felices para él y que ella sólo vivió de lejos.

La capacidad de la imaginación es el lado luminoso de la existencia, la capacidad de narrar también, y en ese vaivén, con la mirada triste de un cuerpo enérgico, propio de Marie Curie, una gran actriz como María Luisa Borruel consolida una creación formidable: la de la cotidianidad desde que entra convertida en el personaje de una escritora, taza en mano, rumbo a su ordenador, junto a las biografías de Marie y a pocos pasos del sillón preferido de un gran amor físicamente desaparecido. Actriz y montaje escénico dan vuelo a un libro que sólo lo tiene a ratos, pero que aquí consolida un espectáculo de singular dinamismo.

María Luisa Borruel recorre muchas veces el amplio escenario del teatro Fígaro de Madrid y en cada caso, transmite una experiencia, un encanto, una teatralidad medida y poética; en silencios densos como en el modo de sentarse, de juntar las rodillas, de sonreír, de volver a sentarse en otra butaca, de leer en voz alta párrafos históricos, bajo una minuciosa iluminación la totalidad del encuentro encuentra sus palpitaciones más preciadas, el engarce de las partes de hoy y de ayer, de lo histórico profundo y la banalidad de una existencia intelectual sin estridencias (tal y como se cuenta en el libro y en la adaptación teatral) adquiere una riqueza dramática memorable.

El personaje crece, se vuelca en nosotros, espectadores, y nos hace cómplices. Deambulamos a su lado, nos acercamos cada vez más, y sentimos su aliento en nuestro oído cuando baja la voz e incluso en algunos susurros le escuchamos la cadencia infinita de una corriente de amor de incalculable alcance: por la literatura, por la lucha de las mujeres, por el esfuerzo humano en general dispuesto a sobreponerse a las dificultades recordando, por ejemplo, instantes de infancia que siempre nos acompañan para saber que no estamos solos, ni siquiera en el mayor desamparo.

La escenografía, la composición musical y el diseño de iluminación acompañan a la gran actriz y colaboran en preciosa armonía para que la complejidad del espectáculo se despliegue con la misma aparente sencillez con que una mujer recorre los extraños caminos de la vida y la muerte, la tragedia y la esperanza.

LA RIDÍCULA IDEA DE NO VOLVER A VERTE

Dramaturgia y dirección de Eugenio Amaya

sobre la obra homónima de Rosa Montero

Espacio escénico: Claudio Martín

Diseño de iluminación: Javier Mata

Música: Óscar López Plaza

Diseño de proyecciones: Alex Pachón

Maquillaje y caracterización: Pepa Casado

Diseño de sonido: Koke Rodríguez

Fotografías: Félix Méndez

Prensa y comunicación: Toñi Escobero

Ayudante de dirección y diseño de cartel: Jorge Moraga

Producción ejecutiva: Manuela Vázquez

Tras el preestreno en Alburquerque (Badajoz), La ridícula idea de no volver a verte se estrenó el 4 de junio en el teatro Fígaro de Madrid donde ofrecerá un total de 11 funciones. Dos previas al estreno, el 7 y 21 de mayo, y después del 4 de junio, se representará los días 11, 18 y 25 de junio, y los días 1, 8, 15, 22 y 29 de julio.

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