Tom Waits y el canto de la otra América.

Por Paloma Marín.

Norteamérica, principios de los 70: la revolución musical se hace evidente y comienza a fraguarse la idea de convertir este género en el gran negocio del siglo. La industria se agiganta, el rock se magnifica, y la explosión de egos obliga a escenarios cada vez más grandilocuentes; el marketing allana el camino y detalles como la iluminación o el vestuario pasan a convertirse en conceptos clave. La música se viste de diversión y el sector muestra su cara más amable. Es, para muchos, el momento de brillar.
Mientras, al otro lado de los focos, alguien se detiene para echar la vista atrás: suburbios, jazz, madrugada… y una voz: Tom Waits. El canto de la otra América. Pesimismo, sueldos bajos, y grandes dosis de alcohol; baladas de crímenes y relatos de miseria cotidiana. Alejado del glamur y las grandes giras Waits retrata lo que nadie quiere ver, y en lo más profundo del lado oscuro del sueño americano, su discurso se vuelve a un tiempo incómodo y necesario.

La cruda realidad se impone y Waits decide bailar con ella. En 1972 el que fuera manager de Frank Zappa y Tim Buckley, le ofrece su primer acuerdo discográfico: “Esa noche iba de camino al baño cuando oí a Tom cantar. Al regresar le pregunté qué estaba haciendo y él dijo: Nada. Entonces le contraté”. De la mano de Herb Cohen, Waits ficha por Asylum y es entones cuando todo su universo subterráneo bulle en la superficie. Sumido en un halo de antiestrella y amparado por la compañía, Tom Waits da sus primeros pasos en la industria grabando una serie de álbumes cuyo áspero discurso pone rostro al perdedor: negros cuentos del submundo e historias de carretera; sordidez, humedad y cigarrillos mal apagados. Se trata de los inconfundibles Closing time (1973), The heart of Saturday night (1974), Nighthawks at the diner (1975) y Small change (1976).
El primero de ellos abre con la magnífica “Ol´55” (posteriormente versionada por The Eagles), seguida de once temas-debut donde ya se aprecia una manera diferente de encarar la composición y su significado. Waits aún no practica el estilo vocálico que le es característico, e incluso podría decirse que trata de cantar, moviéndose aún indeciso en el campo del folk-blues; sin embargo, lo mágico de su palabra y sus compases está ya presente en escena.
Un año después sale a la venta The Heart of Saturday Night, un contundente álbum con el que Waits comienza a enfocar la dirección que seguirá a partir de entonces, y con bastante coherencia, a largo de toda su carrera: ricos arreglos musicales y buenas dosis de jazz en todos los aspectos que conforman la canción, desde la interpretación vocal, en algunos casos, hasta las melodías de acompañamiento de vientos y base. Canciones como “Shiver Me Timbers” o la propia “The Heart of Saturday Night” demuestran cómo su tendencia a la balada triste pero luminosa sigue inalterable.
Tom Waits sigue fiel a su estilo y tan sólo doce meses después Asylum plasma en vinilo el cálido ambiente que caracteriza sus conciertos con el doble álbum grabado en directo Nightwalks at the Diner. Los monólogos recitados entre pieza y pieza y un repertorio digno y muy respetuoso con su particular profesión hacen de este directo un precedente de lo que en la carrera de Waits sería una constante: síntesis de intensidad poética y musical acompañadas por una interpretación a ratos medida y a ratos magníficamente improvisada.
De vuelta al estudio, en 1976 y cuando apenas han pasado tres años desde que firmara su primer contrato discográfico, Waits graba el disco que probablemente mejor define el espíritu de sus creaciones empezando por la foto de la cubierta donde el trovador pensativo se atusa el pelo en el backstage de una sala de streptess. En Small Change Waits esconde muy poco y muestra, canción a canción, lo que es y quiere seguir siendo. Mucho piano embriagado, una exquisita forma de observar el rithm&blues desde perspectivas aun no utilizadas y unas melodías vocales más sobrias, hacen de este disco la obra más densa y reveladora de la etapa Asylum. El final de un ciclo que no significa, ni mucho menos, la llegada a la estación de término.
Hoy, casi cuarenta años más tarde y varias evoluciones musicales después, ni el tiempo ni el inestable devenir de las modas han restado un ápice de contundencia a estos cuatro primeros trabajos. Lejos de eso y casi coincidiendo con la fecha de su 61 cumpleaños, Waits ya ha anunciado que el 21 de diciembre saldrá a la venta una reedición en vinilo rojo de estos cuatro primeros discos, para muchos, los mejores de su dilatada carrera.
“El mundo está haciendo música todo el tiempo: predicadores callejeros, trenes acercándose, niños cuando suena el timbre, multitudes hambrientas, una orquesta afinando, el bacon en la sartén, una estampida de elefantes, el mechero Zippo, tractores, lechuzas…” Así describía Tom Waits la alquimia de su propia inspiración y así es como sigue firmando cada una de sus canciones: con el sello particular del que para ver, mira dos veces.

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3 respuestas a Tom Waits y el canto de la otra América.

  1. ¡qué bueno!

    Juan
    11 diciembre 2010 at 1:16 am

  2. Tom Waits, uno de ls grandes. Tradicional e innovador, una auténtica fiera dentro del género polular. Sin duda estos cuatro primeros trabajos merecen esta bonita reedición. Recomiendo a su vez el libro de traducciones para que su poética-beat heredera de esa America oscura de la que hablas, sea totalmente apreciada…, el surrealismo suburbial literario, para algunos, nunca pasará de moda…al igual que el Jazz. Muy buen artículo Paloma, con mucho gusto!!!

    Luis DelRoto
    13 diciembre 2010 at 13:05 pm

  3. “The Heart of Saturday Night”
    Qué gran disco.
    Gracias por el artículo.

    Gonzalo Muñoz Barallobre
    14 diciembre 2010 at 11:53 am

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