El perro que comía silencio, de Isabel Mellado

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Por Miguel Baquero.

El perro que comía silencio – Isabel Mellado – Editorial Páginas de Espuma – Año 2011 –  128 páginas.

Como dice Andrés Neuman en la contraportada de este volumen de relatos: “Pocas veces se tiene el privilegio de encontrar un primer libro capaz de transmitirnos tanto asombro literario”. En efecto, El perro que comía silencio, el primer libro de la autora chilena Isabel Mellado, reúne en sus páginas un material abundante para provocar el asombro, y concitar el aplauso, de los amantes de las buenas letras: una imaginación desbordarte, como punto de partida, una sensibilidad exquisita y, sobre todo, un estilo explosivo, pletórico, hecho no sólo de hermosas combinaciones de palabras, sino, sobre todo, de metáforas espléndidas, de comparaciones nuevas, de situaciones que se apartan de lo literariamente usual.

Violinista en la Orquesta Filarmónica de Berlín, Isabel Mellado traslada a muchos de los cuentos de ésta su primera obra buena parte de esa música en la que transcurre su vida. Ya no es sólo que una de las partes de este volumen lleve el título de “La música y el resto” y esté centrada en intérpretes, espectadores o simplemente amantes de la música; es que el conjunto de los cuentos parece estar cohesionado por una especie de melodía, algo así como un sentimiento lírico que recorre todos los cuentos, y que en algunos aflora en mayor o menor grado a la superficie, pero que siempre puede oírse al fondo de los relatos. Hay una música literaria a lo largo de todo el libro que no pueden por menos que cautivar al lector de buen oído.

Las últimas páginas del volumen, una tercera parte que lleva por título “Huesos”, está compuesta de frases, aforismos, metáforas, y dibujos de propia mano de la autora. La musicalidad que ha vibrado en todos los relatos parece estallar en esta última parte en textos de poesía deslumbrante, en metáforas sorpresivas, en imágenes fascinantes, muy al estilo de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna, a cuyo nivel alcanzan muchas veces. Podría decirse que es el regalo final, la despedida in crescendo de este magnífico libro de una escritora nueva y, lo que es más importante, una escritora que quiere también ser nueva y no contentarse con el golpe de efecto o la anécdota ingeniosa, sino que busca dotar a sus relatos de una música propia. Componer cuentos.

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