La fragilidad de los sabios y el fin del pensamiento (Akal,2009)

Por Gonzalo Muñoz Barallobre.

103 páginas y, principalmente, tres asaltos filosóficos. Todos ellos con un pulso común: el conocimiento y su relación con el poder, y más concretamente, la relación entre la persona en la que se encarna el conocimiento y el personaje que ostenta el poder.

En el primero de los asaltos, se nos ofrece una distinción decisiva: los sabios que huyen del poder establecido y los que le ofrecen sus servicios. De la primera especie son, por poner algunos ejemplos,  Diógenes (414-323 a.C.) y su “lo que quiero es que te apartes porque me tapas el sol” a Alejandro Magno (356-323 a.C.), o Spinoza (1632-1677) y su trabajo como pulidor de lentes para no tener que depender de nadie; ¿su final? enfermo de tuberculosis, perseguido, censurado y pobre como un rata… La otra saga comienza, por poner un inicio, con el bueno de Platón (428-347 a.C.) y sus viajes a Siracusa para convencer al tirano de esa región para que estableciera el sistema político que se describe en La República, viajes que le costarían terminar siendo vendido como esclavo. El siguiente miembro ilustre de esta “familia” podría ser Maquiavelo (1469-1527) y su tratado para educar a los príncipes en los modos más eficaces de gobierno, ¿sus recetas?, la mentira como herramienta indispensable, la falsedad, la correcta traición –nunca sabré lo que es esto…- y el famoso lema “que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda”. Un tercer ejemplo, y con él finalizo la enumeración para poder pasar al siguiente asalto filosófico, podría ser Heidegger (1889-1976) y su vinculación, casi erótica, con el Nacionalsocialismo. Perro fiel, y por eso muy bien recompensado, este pensador sabrá pegarse a los que mandan y adaptarse a sus exigencias, aunque en ellas estuviera incluido traicionar a su viejo maestro, Husserl. Desgraciadamente, o no, en esta segunda saga abundan más nombres que en la primera.

En el segundo asalto ya no se nos habla del sabio que busca seducir al poder para estar bajo su amparo, sino de aquellos grupos de expertos en los que conocimiento y poder, siguiendo el lema baconiano, van de la mano. El ejemplo que Bermejo Barrera (1952) tomará, será el de los médicos que iniciaron la Psiquiatría. Médicos que conformaran un grupo de expertos autorizados a hacer y deshacer a su antojo, sin ver, en ningún momento, sus decisiones cuestionadas. ¿El resultado?, una auténtica historia de terror: lobotomías, sesiones interminables de electroshock, inmersiones en agua helada, sobredosis de medicamentos que robaban la identidad… y todo para nada, porque aquellas técnicas, abaladas por ellos, y por eso consentidas por el resto de la sociedad, resultaron ser tan crueles como inútiles, sembrando la historia de numerosos casos de gente destrozada, humillada y olvidada por sus conciudadanos en instalaciones sombrías y, por qué no decirlo, perversas. Pero que nadie piense que esto es pasado, tal vez en el campo de la psiquiatría sí –ahora hay médicos excelentes-, pero los grupos de expertos siguen haciendo de las suyas, y que mejor ejemplo que aquel que todos hemos vivido recientemente con la gripe A. Vacunas y más vacunas fabricadas para quedarse en la estanterías de los ambulatorios y de los hospitales. Vacunas costosas que, gracias a la alarma social generada por quienes tenían que velar por nosotros, han enriquecido a más de uno. Pero si hay un grupo de expertos, hoy en día, en los que se dé el matrimonio perfecto entre poder y conocimiento, estos son los economistas. De ellos poco quiero decir porque las páginas empezarían a multiplicarse y no es el cometido de una reseña. Ya habrá ocasión para ajustarles las cuentas…

En el tercer asalto filosófico se nos habla del poder que tienen aquellas ciencias que juntas han establecido una cosmovisión determinada. Así, la física, la química y la biología han generado una visión determinada de lo real que, y esto es lo grave, se ofrece como la definitiva. Esto implica la imposición de un relato, por ejemplo, la teoría del Big Bang, que, de alguna manera, impide y esteriliza nuestra capacidad necesaria de búsqueda. Relatos, o mitos, que llevan inscritos el siguiente dogma: palabra de ciencia, purita verdad.

Este libro guarda más de lo que dice. Y es que su autor cuenta demasiado en muy pocas páginas. Así, éstas se convierten en tres magníficas invitaciones a terminar los asaltos que en ellas se inician. En esta línea, podríamos decir que es un libro-signo que señala hacia caminos que prometen una buena ganancia a quien se anime a explorarnos. Pero si algo queremos señalar antes de terminar con esta reseña, es la cuestión tan atractiva, o eso nos parece, que se propone en la primera parte del libro. Sin duda, una magnifica llamada a hacer una obra que sería más que jugosa.

Datos del libro:

La fragilidad de los sabios y el fin de la filosofía.

José Carlos Bermejo Barrea.

Akal (2009). 103pp. 10,50euros.

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2 respuestas a La fragilidad de los sabios y el fin del pensamiento (Akal,2009)

  1. Gran reseña-artículo, con una salvedad. Heidegger militó en el partido nazi en 1934, y, que yo sepa, ni un día más. No sólo no fue recompensado pues cuando comenzó lo serio, sino que le pusieron a cavar zanjas. Carl Schmitt sería mejor ejemplo de aliado al poder. Por lo demás, muy acertado todo, y añado una muestra más: lo que los psiquiatras hacen para experimentar hoy con niños psicofármacos de adultos, so pretexto de hiperactividad, deficit de atención o lo que gusten de inventarse…

    Óscar S.
    11 marzo 2011 at 11:04 am

  2. Lo de Heidegger hace referencia a ese primer momento, que es antes del 34, ya que en 33 es nombrado rector de la Universidad de Friburgo. Luego, eso es cierto, reculó.
    Y lo de los niños es verdad. Me pone negro. Todos tienen hiperactividad y deficit de atención… ¿Resultado? pastillitas que les dejan mansos como ovejas…
    Saludos.

    Gonzalo Muñoz Barallobre
    11 marzo 2011 at 14:32 pm

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