La faraona barbuda de Enric Lluch

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Por Miguel Luis Sancho.

La faraona barbuda de Enric Lluch. Ilustrado por Francesc Rovira. MadridEditorial Bruño, (Col. Altamar Nº193), 152 pp.,  7.50 €. A partir de 10 años.

Para el valenciano Enric Lluch, el autor de La faraona barbuda (Bruño, 2011), pronunciar la palabra Egipto es recordar una cultura muchas veces increíble y siempre misteriosa. Al oírla, nos vienen a la cabeza los monumentos, las momias, los nombres de sus faraones y de sus dioses… ¡Es inevitable1

La novela comienza cuando los empleados del museo bajan al sótano para limpiar las momias que estaban a la espera de clasificar. Allí descubren una muy especial, bien perfumada y enterrada insólitamente con una barba postiza. Se trata de la misteriosa faraona Tehemoses-todoes-perando-veinte-años, hija del famoso faraón Nari-zotas (protagonista del primer libro de la serie). A partir de ahí, el libro nos propone un divertido viaje en el tiempo. De esta forma, asistiremos al nombramiento de la nueva faraona, a su sorprendente victoria sobre los hititas, a sus aventuras en tierras de nubios y leones, a la búsqueda de las tierras del país de Punt…

El libro está redactado con un lenguaje claro y sencillo, lleno de frases coloquiales, totalmente comprensible para el público infantil al que va dirigido. El humor se consigue con recursos habituales del género, como son las exageraciones de carácter cómico o la construcción de escenas absurdas (véase, por ejemplo, la “guerra” de percusión para no dejar dormir al enemigo). Cabe destacar también, el uso paródico de los nombres, que el autor emplea con acierto e ironía. Así el Ministro de Sanidad se llama Site-acercas-muer-do o el Ministro de Comercio, Todo-abuen-precio.

La novela, por lo tanto, consigue algo muy difícil: que los chicos y chicas se reían a mandíbula batiente mientras devoran los capítulos. Los relatos de humor suelen parecer simples y facilones, pero son quizás los más complicados de escribir. Enric Lluch lo hace con naturalidad y elegancia. Se nota que se lo pasa bien componiéndolos y eso lo agradece el lector.

A parte del humor y de las bromas, el autor plantea de fondo el tema de la figura de la mujer al frente del gobierno. La protagonista, faraona muy a su pesar, logra ganarse el respeto de sus súbditos, a base de romper jarrones como hacía su difunto padre. Sin embargo, en otras ocasiones, no le queda más remedio que ponerse una barba postiza, simular que es un hombre, para que se le tenga en cuenta en el mundo. La barba postiza no sólo es un ingrediente para crear humor, sino un motivo más profundo para la reflexión sobre los roles sociales entre hombre y mujeres.

Asimismo, la novela transmite la pasión por la Historia con mayúscula, por el siempre enigmático Antiguo Egipto. El libro es didáctico, sin pretenderlo. Los niños aprenden entre risas.  ¿Se puede pedir más?

En definitiva, un libro divertido y ameno, escrito con gracia y talento, que gustará al púbico infantil por su humor y humanidad.

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