Tres nuevos títulos de manga ‘made in Spain’

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Por Guillermo Velasco.

Tenía que ser Glénat.

Es la frase que recurrentemente me viene a la cabeza cuando pienso en hablar de la línea Gaijin y todo lo que ella significa. Sólo una editorial que se caracteriza por publicar en España las series más famosas de cómic japonés, podía convertir en realidad un sueño como este. Ya se ha intentado antes, editar “manga” hecho por autores españoles, tímidamente, pero nunca hasta ahora tal cantidad de material de tan alto nivel, obras que lo único que tienen que envidiar a los producidos por editoriales japonesas, es la enorme industria que las apoya.

La línea Gaijin de Glénat

Gaijin es un soplo de aire fresco en medio de la moda “novela gráfica” y cómic “adulto”. Es una esperanza traída por una nueva generación de artistas -y más notablemente por ser, en su mayoría, mujeres- que vienen a llenar el hueco que hace mucho se dejó de lado en la producción de cómic nacional para jóvenes, espacio ocupado por licencias estadounidenses y japoneses mayoritariamente.

Sobre ésta última es sobre la cual se basa la línea Gaijin: obras creadas por artistas que han crecido bebiendo manga y anime, por ser éste el que saciaba su apetito de aventura, acción, emoción, romance, humor… en una época tendente a la “madurez”, a menospreciar todo lo que va dirigido al público adolescente, por considerarlo inmaduro e inadecuado, pero sin aportar alternativas.

La línea Gaijin nació hace dos años, propuesta por el Studio Kôsen, formado por Aurora García y Diana Fernández al editor de Glénat Hernan Migoya, que apoyó la idea y a los artistas para conseguir un producto tan atractivo y excelente como el que se ha conseguido, cuya primera “hornada” fueron los títulos Lêttera, de Studio Kösen, Dos Espadas,de Kenny Ruiz ,y Bakemono, de Studio Xian Nu, que pronto nos sorprenderán con nuevas obras.

Yo mismo he de reconocer que la tercera teta de la que mamé dué de las series de televisión como Mazinger Z, Comando G, Ulises 31… que me marcaron, aunque, hasta ahora, creí haberlo olvidado, y las obras de las que voy a escribir a continuación, tienen parte de culpa de volver a mi mente.

La canción de Ariadna, de Irene Roga.

En primer lugar tengo que citar, especialmente, a La Canción de Ariadna, de Irene Roga.

Desde que tuve conocimiento de su obra y su estilo, he quedado prendado. Ha conseguido rescatar aquel amor que perdí con mi infancia; cada dibujo de Irene me hace sentir que merece la pena disfrutar de las historias, de la magia, el amor, la vida… es algo que no puedo explicar, y que posiblemente pocos compartan conmigo (aunque espero equivocarme). Cada viñeta destila, ya no sólo una extrema calidad y profesionalidad, si no un inmenso cariño y respeto.  La Canción de Aridna narra un drama romántico en la Grecia clásica y mitológica, donde los protagonistas luchan por su amor, a pesar de las circunstancias y los acontecimientos. Sólo puedo animar a leerlo para poder sentir lo que torpemente trato de transmitir.  Con la satisfacción de haber cumplido con la esperada lectura y quedándome con ganas de más, procedí a enfrentarme a las otras dos obras de la misma “hornada”: Underdog, de Noiry, y “Himawari, de Belén Ortega. Dos cambios de tercio absolutos.


Underdog, de Noiry

El primero de ellos, nos devuelve a la cruda y brutal realidad actual, con guerra, corrupción, poder, justica, muerte y fe, narrándonos el asesinato del protagonista por un superior, por ver lo que no debió ver, a quién la misma muerte propone un trato, y que éste acepta: devolverle la vida para desvelar la verdad y resolver la venganza.  El estilo de Noiry, en primera instancia, me choca por estar prácticamente exenta de romanticismo, ya que no van por ahí los tiros -y nunca mejor dicho-. Violencia, decadencia, conflictos existenciales y morales “salpican” esta historia que sólo deja un respiro al lector en un capítulo de reflexión, para volver con más fuerza al final del libro.

Himawari, de Belén Ortega.

Finalmente le llegó el momento a Himawari, de Belén Ortega. Técnicamente perfecta, sin fisuras, a la altura de sus influencias, posiblemente superándolas -no se me ocurre otra forma de describirlo-. Es curioso el recurrente pensamiento de que “no parece hecho en España”, como si el “estilo manga” fuese exclusivo de autores japoneses. Belén consigue sobrepasar dicho prejuicio de forma apabullante.  En Himawari nos plantea el drama de dos hermanos huérfanos que buscan, 14 años después del asesinato de sus padres, vengarles. Acero, sangre, un amor y pinceladas de sexo -y no del que todo el mundo espera- y mucha, mucha venganza, ofrecen una historia y, sobre todo, un final fuera de lo típico, lo cual, a mi criterio, le da un valor especial.  En general, estas tres obras, al igual que las anteriores de la línea Gaijin, abren a sus autoras y autores las puertas a cualquier horizonte, si además tenemos en cuenta su juventud.  Sólo tengo que reconocer que, viendo estas obras y el apartado adicional, al final de cada tomo, de dedicatorias y reconocimientos que entre ellos y otros artistas se muestran a modo de fan-arts, he llegado a sentir cierto vértigo al comprobar el impresionante nivel que tenemos en España y que desgraciadamente no estamos sabiendo aprovechar.  Por ello, iniciativas como las que han hecho posible Glénat son imprescindibles, de aplaudir y apoyar. Sólo queda desear que se presenten las condiciones apropiadas para que nuestros autores y autoras puedan vivir de ello y que nos sigan deleitando con su arte. Gracias, Glénat; gracias a todas y todos los que han hecho posible esta aventura editorial.

En las últimas fechas todos los autores de la serie Gaijin recorren todos los salones y jornadas de cómic promocionando sus trabajos, y, en pleno Salón de Cómic de Barcelona, no faltarán a la cita con todos los aficionados al manga.

Citar también que Irene Roga y otros de los autores que hemos citado, están promoviendo acciones de solidaridad para el pueblo japonés tras el terremoto, tsunami y escape radiactivo, con la venta de obras y actividades cuyos fondos irán destinados a ayudar a los damnificados. Un detalle más de su gran calidad humana. Más información en: http://gaijin.es y http://shop.ebay.es/tebeo4japan/m.html

Web official de la Serie Gaijin de Glénat: edicionesglenat.es

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