El final del amor

Por Recaredo Veredas.

 

El final del amor. Marcos Giralt Torrente. Páginas de Espuma. Madrid, 2011. 168 páginas. 15 €. Premio internacional de narrativa breve Ribera del Duero.


Pocos títulos reflejan con tanta fidelidad el contenido que enuncian. Así ocurre porque los cuatro relatos de “El final del amor” muestran –con la debida comprensión hacia los personajes pero sin desviar la mirada ante la inevitable aspereza- el proceso que conduce a la muerte del vínculo amoroso, sea a causa de la erosión que provoca el transcurso del tiempo, sea por inacción frente a ese deterioro o la transmisión de taras familiares que imposibilitan la construcción de un vínculo sano (o, al menos, no demasiado enfermo).

 

“El final del amor” es, por lo tanto, un libro unitario y cohesionado. A veces la ventaja que supone la coherencia implica monotonía y previsibilidad pero Giralt Torrente esquiva tan lógicos peligros gracias tanto a la amplitud y universalidad del tema como, pese a que las perspectivas adoptadas son muy similares, a su ambición emocional. Tal logro posee especial relieve, ya que en tres de los cuatro relatos aparece el recuerdo de hechos ocurridos durante la infancia y la juventud del narrador. La excepción es “Nos rodeaban palmeras”, el relato más convencional y epifánico, el único que posee unidad espacial y temporal y describe penurias sufridas por el narrador en el momento de la escritura.

 

Una de las grandes virtudes de Giralt Torrente, ya demostrada en su obra anterior y que aquí alcanza su esplendor, es la empatía, la capacidad para reflejar en apenas dos frases sentimientos complejos, que cualquier lector mínimamente vivido puede considerar propios. Es decir, posee la virtud de convertir en palabras fáciles y asequibles aquello que en manos menos diestras y menos vividas resultaría incomprensible o requeriría una amplísima disertación. Son, además, emociones de alta calidad, de aquellas que el lector creía propias e inimitables, incluso patológicas, y que, gracias a la lectura, descubre razonables, casi normales. Por lo tanto, podría afirmarse que “El final del amor” tiene virtudes balsámicas lo que, aunque no fuera intención del autor, siempre reconforta. Por otro lado, Giralt Torrente ha demostrado sobradamente su habilidad técnica. Es un auténtico escritor, capaz como pocos de condensar décadas en un párrafo y dedicar a un minuto epifánico las cinco páginas que merece. También es notable su dominio de la subjetividad propia de la primera persona,  que le permite mostrar u ocultar a su antojo los sentimientos de los personajes. Este recurso alcanza especial brillantez en “Cautivos”, donde el desvelamiento de los sentimientos y de los motivos del personaje que mueve la acción se convierte en el enigma que motiva la lectura del relato. Tal profundidad emocional evita que relatos como “Joanna”, que narra una relación incestuosa, caigan en la truculencia.

 

Si nada se tuerce, pronto Marcos Giralt Torrente se convertirá en una de las voces más sólidas, significativas y exportables de nuestra narrativa. Así ocurre porque, sin renunciar a su jardín privado, describe con envidiable sencillez sentimientos complejos y universales, que vincula con historias sólidas, narradas con brillantez.

 

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