“Ensimismada correspondencia” de Pablo Gutiérrez: entrevista y reseña

 

Por Benito Garrido

 

A propósito de su último libro Ensimismada correspondencia (Editorial Lengua de Trapo, 2011), hemos entrevistado al escritor andaluz Pablo Gutiérrez.

 

Pablo Gutiérrez nació en Huelva en 1978, estudió Periodismo en Sevilla, pero pronto abandonó la profesión para ejercer la enseñanza.  Actualmente es profesor de Literatura en Cádiz.  En 2001 quedó finalista del Premio Miguel Romero Esteo de dramaturgia con la obra de teatro Carne de cerdo (Junta de Andalucía, 2001).  Obtuvo el Premio Tormenta al mejor nuevo autor en castellano con su primera novela, Rosas, restos de alas (2008) y el Premio Ojo Crítico de RNE por su segunda novela, Nada es crucial (2010).  Recientemente ha sido seleccionado por la revista Granta como uno de los veintidós mejores narradores jóvenes en español.  Ensimismada correspondencia fue finalista del II Premio de Narrativa Breve Ribera del Duero.

 

Ensimismada correspondencia.  Pablo Gutiérrez.  Editorial Lengua de Trapo, Madrid 2011.  Relatos.  160 páginas.  17,00 €

 

Ensimismada correspondencia es una recopilación de cuentos que uno tiene que leer despacio, con la idea clara de paladear cada una de sus frases, de disfrutar de un texto bien cocinado, impecablemente presentado.  El autor sabe escribir, y lo hace realmente muy bien, con un lirismo admirable.  Sabe colocarse en la piel de cada personaje para mostrarlo desde dentro, pero también desde fuera, como si fuese el mismo ojo el que contempla las dos visiones.  Con sus  palabras, sabe transmitir verdad, temor, soledad, melancolía, o esa necesidad de cambiar, de querer ser otra persona.  Y para ello se olvida de gestos amables o complacientes.  Alguno de esos cuentos incluso, merece la pena ser releído en más de una ocasión.

 

El autor se vale de una prosa poética realmente rotunda para construir relatos que plasman existencias cotidianas, sensaciones profundas, vivencias que parecen haberse perdido en ese instante.  Así, sus historias son arriesgadas: el Gil de Biedma que busca desesperado ser otro, el enamorado insustancial que solo puede recordar, la búsqueda de una adolescente desorientada y sola…  Reflexiones que giran en torno a los argumentos vitales que nos condicionan.  Ensimismamientos que muestran al protagonista despojado de capas, desnudo.

 

Gutiérrez nos demuestra una gran capacidad para imaginar historias originales, con un trasfondo realmente poético, pero también social y personal.  Se dio a conocer en 2008 con Rosas, restos de alas, y desde entonces no ha dejado de sorprendernos con su modo de escribir tan particular, alejado de cualquier colectivo literario.  Buena literatura que hay que seguir.

 

En el libro se incluye además el relato titulado Gigantomaquia, que el autor escribió para la revista literaria en lengua inglesa Granta.

 

Entrevista:

 

P.- ¿En qué momento decides ponerte a escribir, lanzarte al mundo literario y por qué?

Si te refieres a cuándo publiqué por primera vez, en 2008 con La Fábrica, Rosas, restos de alas. Pero no porque yo lo decidiera entonces, sino que fue cuando la cosa salió bien por primera vez. Antes, muchos fracasos, como es debido.

Y si te refieres a cuándo comencé a escribir con la intención de publicar… bueno, creo que siempre fue así, desde que era un chaval y fantaseaba con ser Rimbaud en la literatura y Jordi Villacampa en las canchas de básket. Pero se me atragantó la precocidad.

 

P.- ¿Cómo surgió lo de escribir un libro de cuentos como este?

Surgió con el anzuelo de los cincuenta mil del Ribera del Duero, si tengo que sincerarme. Yo perdí y Giralt Torrente ganó, que se lo lleva todo últimamente. Pero me lo curré bien, la verdad, rescaté cuentos breves anteriores y escribí otros más extensos para formar un libro bueno y denso, con diferentes tonos e ideas. Procuré que no fuera un libro homogéneo aunque mantiene líneas comunes de estilo, y creo que algunos de esos cuentos son lo mejor que he escrito hasta ahora, aunque suene muy soberbio.

 

P.- ¿Por qué cuentos? Me explico, ¿ninguno te dio punto para hacerlo novela?

El tópico dice que los cuentos siempre son novelas fracasadas, la novela se eleva como la cima literaria y el cuento es algo menor, serie B. Me resisto a eso, hay ciertas ideas y ciertos recursos que no soportan la extensión de la novela pero que funcionan bien en el terreno del cuento, por condensación. En cierto sentido, el cuento es lo que te queda en las manos cuando desbrozas la novela y le quitas lo que sobra. En concreto, a mí suele sobrarme la peripecia, y por eso los cuentos de Ensimismada… están vacíos de acción, desactivados, para que la mirada se dirija al centro, la idea y el recurso. Pero si se estirase algunos de estos cuentos (Ultramort, por ejemplo) se convertirían en una novela con cierta facilidad.

 

Foto tomada del libro. Editorial Lengua de Trapo.

P.- Ensimismada correspondencia es una recopilación de historias tensas, a veces incómodas, pero de una soltura literaria rica, que se paladea, muy poética.  ¿Cuál es la razón de esta escritura tan cercana a la poesía?

No tengo una respuesta elaborada para eso: me sale así, es mi estilo, es poesía, y poesía no quiere decir bello ni mejor, sino que implica cierta actitud de ensimismamiento y preocupación por el idioma. Es prosa y es ficción, pero es poesía, no necesito una caja de texto más pequeña para que puedan considerarse poemas. Muy artificial eso de los géneros, ¿no?

 

P.- Cuentos (Virgen de las Aguas, Antipoema…) de profundas desazones.  ¿Estamos ante unos personajes en busca de redención?

Más o menos, como pasaba en Rosas, restos de alas. Redención es una palabra muy católica, pero sí, supongo que sí, funciona. En cualquier caso buscan una salida, una escapatoria.

 

P.- ¿Qué buscas en el espíritu de un personaje para que produzca empatía con el lector?

Al principio, una imagen, una escena detenida. Después, una carencia, pero sin ser un conflicto en el sentido tradicional (protagonista, objetivo, antagonista). Y también algún vínculo con el entusiasmo y la belleza.

 

P.- Tus cuentos transpiran cierta soledad, pero como algo que no se puede evitar.  ¿Puede ser o es que los he releído demasiadas veces?

Hasta en el título. Los cuentos circulan en el interior de los personajes, y los personajes proclaman su aislamiento, a veces hasta defienden ese aislamiento como una necesidad.

 

P.- Ultramort y Gil de Biedma, el poeta de la carne.  Profunda meditación sobre la desolación que produce ser consciente de la identidad que no podemos rehuir.

Así es, pero este cuento también me sirve a mí para tratar de entender el sentido de uno de los poemas más carnales y honestos de la literatura española, Contra Jaime Gil de Biedma, uno de esos poemas que se leen con veinte años y se mantienen dentro de ti como un enigma.

 

P.- Y sin embargo también recuperas en otro cuento la figura de Juan R. Jiménez.

Ese cuento arranca a partir de una anécdota muy conocida: el engaño en el que Juan Ramón cayó creyendo que una mujer de Lima le escribía cartitas de amor, cuando en realidad eran dos jóvenes poetas peruanos que probablemente inventaron el fake literario un siglo antes de la aparición de internet. Galeano y otros ya escribieron sobre esa anécdota, que además de resultar muy divertida culmina con la escritura de un poema estremecedor, una elegía que Juan Ramón escribió para esa mujer-fantasma y que se titula Carta a Georgina Hübner, en el cielo de Lima. El cuento imagina la identidad de esos jóvenes poetas, y también convierte en personaje a Juan Ramón, pero de una manera muy distinta a como lo hizo Orejudo en sus Fabulosas narraciones por historias.

 

P.- Tienes un gran control de las técnicas narrativas.  ¿Cuáles son tus influencias?

No sabría decirte cuáles, pero sí que he leído con intensidad a Martin Amis y a Milan Kundera, que probablemente son los dos novelistas que más admiración me causan.

 

P.- ¿Te gusta jugar con el lenguaje? Incluso en uno de los cuentos haces alusión a tu primera novela (Rosas, restos de alas).

Hay varias bromas privadas en los cuentos, algunas referencias a Rosas… y otras a Nada es crucial, y también hay muchos versos escondidos, que no son citados expresamente. Eso queda para una lectura profunda, por si alguien quiere entretenerse buscando.

 

P.- ¿Qué ha cambiado en Pablo Gutiérrez desde Rosas, restos de alas a Nada es crucial, y a Ensimismada correspondencia?

Creo que ahora soy más consciente del uso de ciertos recursos, de su eficacia, quiero decir. Antes superpoblaba los textos de metáforas y referencias que yo quería que quedaran expresas desde el primer nivel de lectura, y ahora busco una especie de organización que permita leer el texto en varios niveles, no sé si me explico. Y también ha cambiado otra cosa: el proceso de escritura es mucho menos ingrato, se pasa mucho frío siendo inédito. Saber que lo que escribas va a publicarse es reconfortante. Pensar que por muy bien que lo hagas se quedará en el cajón, desolador.

 

P.- El hecho de escribir, ¿oficio o estigma con el que se nace?

Tampoco es tan espiritual la cosa, se parece más a un oficio si me pones esas dos opciones. Pero creo que todo se arruina si escribir se convierte en el oficio que pagará tus facturas, ahí hay un problema. Creo que el escritor, como decía Woolf, debería tener resuelto el asunto económico para escribir sin la necesidad de que lo que haga se convierta pronto en una transferencia bancaria. Con esa necesidad se escribe rápido y mal, y por eso tampoco quiero verlo como un oficio puro o como una profesión. De algún modo, a mí me vale como divertimento o como un bonus. Mi oficio es otro.

 

P.- ¿Los premios y reconocimientos son importantes para labrarse un buen camino en el mundo editorial?

Son importantes para que te tengan en cuenta, claro, pero dicen poco acerca de la calidad de la obra. En España hay tantos, tantos premios literarios que lo difícil es no llevarse alguno de vez en cuando.

 

P.- ¿Cómo se hace para motivar a los alumnos para que lean?

La pregunta más difícil. En primer lugar, buscando lecturas adecuadas para su edad y sus intereses, y para eso hay que conocer bien el mundo de la literatura juvenil, que es muy potente y muy amplio. Además, hay que ofrecer esos textos de manera atractiva, tratando de separar en la medida de lo posible los contenidos teóricos de las lecturas, para que ellos sientan que no se trata de leer para después aprobar un examen o rellenar un cuestionario. Y quizá lo más efectivo sea conocer bien a tus alumnos y recomendar títulos que encajen con cada uno, aunque eso sea imposible con grupos de más treinta estudiantes por aula. De todas formas, hay que desterrar la idea de que los chavales no leen, porque precisamente leen mucho más que la mayoría de adultos. O si no cómo se sostendría el negocio de la literatura juvenil, con decenas de sellos editoriales y cientos de novedades cada año.

 

P.- ¿Nuevos proyectos a la vista?

Nueva novela para 2012, quizá mediados, ya está lista y casi corregida del todo, no tardará. Y también ando dándole forma a un libro de poemas un poco alocado, pero me falta un editor valiente que se atreva. Si alguno se ofrece…

 

 

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