Psicoterapia de bolsillo

 

 

Psicoterapia de bolsillo. Aurelia García. Editorial Luciérnaga Nova. 216 pp. 15 €. 

 

 

Así funcionamos

 

Cuando alguien acude a una consulta de psicología por sufrir, por ejemplo, una crisis de ansiedad o un cuadro ansioso-depresivo, primero tiene que contar la situación que vive, desde cuando está así y por qué cree que se siente mal. Según ella, y según la mayoría, considera que la situación que ha vivido o que está viviendo es la que ha provocado las consecuencias negativas que está sufriendo. 

 

De forma esquemática sería aparentemente así de simple: 

 

 

 

 

 

 

 

Se podría incluso pensar que si no se hubiera dado esa situación, la persona se sentiría mejor o no tendría ningún problema. 

Pero yo te pregunto: ¿Todos tenemos o sufrimos las mismas consecuencias ante una misma situación? No, claro que no. Cada persona reacciona de una manera diferente ante una misma situación. Ni siquiera nosotros mismos reaccionamos siempre igual ante una misma situación que vivimos varias veces. Es más, ante acontecimientos que de por sí son dramáticos, no todos reaccionamos igual. 

 

 

Entonces ya no podemos seguir diciendo que ha sido tal hecho el que nos ha provocado el sentirnos mal. El motivo tiene otro origen muy distinto.

Algo hay entre la situación que vivimos y cada tipo de consecuencias, que es lo que hace que estas sean diferentes para cada persona, pero… ¿de qué se trata?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por ejemplo, supongamos dos personas que viven una misma situación:

Es de noche, las dos están durmiendo en una misma habitación y se oye un ruido. Una de ellas se despierta, se siente incómoda y molesta por haberse despertado, pero enseguida se vuelve a dormir. La otra, al despertarse, nota que su corazón palpita rápidamente, que sus ojos se abren del todo y ya no se puede volver a dormir. ¿Por qué le ha sucedido esto?  Dirás que porque cree que ese ruido es de alguien que ha entrado en su casa. ¿Lo ha visto? ¡No! Solo se lo ha imaginado, pero su imaginación le hace ver las cosas de una manera aparentemente muy realista. ¿Y la otra que pensó? ¿Cómo interpretó el ruido? Pues habrá pensado que era un ruido sin importancia, un vecino, en la calle…, o sea, algo más probable. 

En este último caso, se ha basado en hechos reales utilizando su inteligencia, su objetividad.

Por tanto, no es la situación la que provoca las consecuencias, sino nuestra mente, según pensemos con la imaginación (positiva o negativa) o con la inteligencia.

Esta idea no es nueva, sino que tuvo sus orígenes en el siglo I, cuando Epicteto afirmo:

No son los hechos, sino lo que pensamos sobre

los hechos, lo que nos perturba”

En otras palabras: “Somos lo que pensamos”.

 

(…)

 

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