‘De verden cuando’, Millán Salcedo en el Teatre Condal de Barcelona

Por Josep Maria Pascual i Sabé

Millán Salcedo presenta en el Teatre Condal la obra ‘De verden cuando’. Una representación en que Millán sólo está acompañado en el escenario por el pianista Marcos Cruz. Con esta sobriedad sobre el escenario le permite al espectador centrarse en la actuación de Millán.

A lo largo de una hora y media el espectador realiza un recorrido por la actualidad, la política, la sociedad y como no podía ser de otra forma, también de la televisión. Los elefantes y ‘Sálvame’ no podían faltar, sin ellos la actualidad no es completa. ¿Por qué podemos vivir sin el corazón?

Millán Salcedo nos llevará también de viaje por España, visitaremos Santiago de Compostela, Madrid, Castilla la Mancha, Barcelona y seguro que falta alguno más, pero no quiero desvelarlo todo, que cualquier viaje tiene sus sorpresas, y Millán nos descubrirá más de una y de dos. Y si éstas aparecen fuera del guión, aún mejor.

Con estas improvisaciones a partir de situaciones únicas de cada representación (la pareja que llega 10 minutos tarde y hace levantarse a media fila para sentarse en sus butacas o la mujer que no puede parar de reír) nos demuestra sus capacidades de improvisar y adaptar a la realidad de cada función y hacer de ella una obra única e irrepetible.

No existe sólo el artista televisivo de Martes y Trece o las campanadas de fin de año, sino un gran artista sobre el escenario capaz de hacer reír a grandes y pequeños con sus gags y las letras de sus canciones, y un gran cantante. El viaje por la actualidad, el recuerdo y España se realiza con un medio de transporte un poco extraño, la música y el humor. Es través de la música y la letra de sus canciones las que nos trasladan en el espacio tiempo del siglo XX y XXI.

Pero ¿es sólo eso? ¿Un viaje para conocer España? ¿Un viaje por el tiempo? Creo que no, es mucho más, una invitación a reír y reírse de nosotros mismos y de nuestro entorno, de una forma amena y graciosa que empezamos a sonreír en el minuto 0 y acabados riendo a carcajadas al minuto 90.

No os recomiendo seguir al pie de la letra esta crítica antes de ir a la obra, porque estoy seguro que no es la realidad, sino el resultado de ver la obra y recordarla distorsionada como consecuencia de las risas, el humor tiene efectos secundarios, aunque nadie lo diga, y ésta obra lo demuestra.

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