¡Corten…!, de Impromadrid: un divertido espectáculo a merced de las ocurrencias del público

Por Mariano Velasco

corten1Seguro que de entre el público asistente al madrileño Teatro Galileo habrá alguien que tenga un amigo o antiguo compañero del cole que se llame, no sé, por ejemplo… Enrique. Y ese tal Enrique seguro que ahora tiene ya, o al menos ha tenido hasta hace poco (teniendo en cuenta cómo están las cosas…) alguna profesión u ocupación. Lo típico: abogado, psicólogo, conductor de autobuses o, qué sé yo, funambulista. Y por último, me juego el tipo a que ese amigo posee algún rasgo característico de su personalidad que lo diferencie frente a los demás y que lo convierte en un ser único e irrepetible, es decir, en todo un personaje. Ea, pues ya tenemos sobre el escenario a Enrique, el personaje principal. Lo que se dice un tipo rarito.

De lo que se trata ahora es de que los chicos de Impromadrid Teatro compañía de improvisación teatral que estos días representa en el Galileo Las patrañas efímeras del manifiesto Corten (en adelante simplemente “Corten”, porque si no vamos a acabar hasta la narices del titulito)– comiencen a construir una historia sobre la marcha con estas y otras aportaciones que el público vaya haciendo, y que al final improvisen toda una obra de teatro al completo, con su principio, su desarrollo y su final, sus personajes, sus distintos escenarios, su variado vestuario y su sugerente banda sonora.

El mayor riesgo del asunto reside en que, claro, a veces el público somos como somos y, confesémoslo, en cuantito que nos conceden la más mínima oportunidad nos gusta dárnoslas de diferentes, originales y, si se me apura, de graciosillos. Pues el público, digo, nos arrancamos a menudo por peteneras, y con tal de poner las cosas difíciles a los pobres actores, proponemos situaciones de lo más inverosímiles de las que resulta difícil salir bien parado a no ser que se tengan, y nunca mejor dicho, muy buenas tablas.

Que se trata de que la acción transcurra en un restaurante… Pues no, el público no va a elegir un vasco o un gallego, ni siquiera un chino o un japonés, qué poca originalidad. Va un tío de las últimas filas, se levanta todo decidido y propone: ¡un polaco! Que hay que elegir alguna manía, enfermedad o defecto del personaje en cuestión… Pues tampoco, tampoco nos decantamos por que éste cojee ligeramente, tenga un ojo vago o ande, con eso de los cuarenta, entradito en kilos, no. Va el de la primera fila y suelta: ¡que se sorba los mocos! Que es el momento ahora de proponer una actividad que le sirva al tal Enrique de ocio y distracción… Ni se nos ocurre pensar en una relajada partidita de mus o en una acusada inclinación hacia la lectura del susodicho, no por Dios, mariconadas no. ¡A bailar salsa se ha dicho!

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Siendo tan arriesgada la empresa, ocurre que, en determinadas ocasiones, los actores se van a ver en la necesidad de recurrir al siempre socorrido “¡Corten!” para poner un punto de orden y reflexión en algunos galimatías en los que, insisto, el público, que se arranca por peteneras, tratamos de meter a estos pobres muchachos. Y de ahí le viene, claro, el título al espectáculo. 

No obstante, al final da la sensación de que sí, de que los actores de Impromadrid Teatro son capaces de salir airosos de cualesquiera de las situaciones planteadas gracias a su capacidad de improvisación, aunque seguro que también hay –y ese es otro de los grandes atractivos del espectáculo, que cada actuación es diferente– noches mejores y noches peores.

Ignacio López, Jorge Rueda e Ignacio Soriano, los tres actores, están además muy bien arropados por el videoartista Suso33, responsable de la cambiante escenografía; por el músico Nacho Mastretta, que aporta la música en directo y por Tatiana de Sarabia, encargada de improvisar sobre la marcha el vestuario más apropiado para cada personaje.

Al menos por lo visto por quien suscribe, se puede decir que lo mejor de Corten… es que, aparte de saber cómo arrancar y mantener el desarrollo de la historia improvisada, estos tíos se las saben ingeniar para hilar en un único argumento lo que, en principio, pueden parecen historias dispersas y, sobre todo, para ponerle un punto final al asunto como Dios manda.

Se trata, en definitiva, de un espectáculo muy recomendable para pasar un buen rato y sentirse uno al mismo tiempo participativo en el proceso creativo, cosa que también tiene su grado de satisfacción. Y eso aunque no siempre los actores acaben por  aceptar todas y cada una de las sugerencias del respetable, cosa normal, que es que hay cada uno… Como cuando va el tío de la quinta fila, el de Culturamas, propone una piscina municipal como escenario y ellos, al final, se decantan por un simple campo de golf. Y todo porque no tendrían, digo yo, bañadores en el vestuario.

 

Las patrañas efímeras del manifiesto Corten

Lugar: Teatro Galileo, Madrid 

Dirección: Ignacio López, Ignacio Soriano y Jorge Rueda 

Autores (en directo):  Ignacio López, Ignacio Soriano y Jorge Rueda

Música en directo: Nacho Mastretta

Escenografía en progreso: SUSO33

Vestuario en directo: Tatiana de Sarabia

Dirección técnica: Daniel Espinosa

Sonido: Antonio Sánchez

Fechas: A partir del 14 de febrero

Horario: De jueves a sábado, a las 21.00h; domingos, a las 19.00h

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