Entrevista a Rubens Figueiredo por “Pasajero del final del día”

 

Por Benito Garrido.

 

Rubens Figueiredo (Río de Janeiro, 1956) es escritor de novelas y cuentos, así como traductor, y profesor de portugués y de traducción literaria. Graduado en Letras (portugués-ruso) por la Universidad Federal de Río, su carrera literaria se inicia en 1986 con la novela O misterio da samambaia bailarina. Ha sido galardonado con el premio Jabuti en 1999 por el libro de cuentos As palabras secretas, y en 2002 por la novela Barco seco. En 2011 su novela Pasajero del final del día, que ahora se edita en nuestro país, recibió el Premio São Paulo de Literatura y el Premio Portugal Telecom al mejor libro del año.

 

Pasajero del final del día, de Rubens Figueiredo.

Pasajero del final del día, de Rubens Figueiredo.

Pasajero del final del día.  Rubens Figueiredo.  Traducción de Rita da Costa. Rayo Verde Editorial, 2013.  208 páginas.  19,00 €

 

Como cada viernes tras salir de la vieja librería en la que trabaja, Pedro realiza un trayecto en autobús para visitar a su novia, Rosane, que vive a las afueras de la ciudad. Durante el viaje, marcado por el congestionado tráfico de la hora punta, Pedro lee un relato sobre el paso de Darwin por Brasil, escuchando rumores acerca de revueltas en las afueras, observando la ciudad y a los pasajeros del autobús. Todo ello influirá poco a poco en su voluble pensamiento.

Al final del viaje ya no será el mismo. Todo lo que ha visto y pensado durante el trayecto le llevará a un conocimiento más crítico y profundo de las cosas, las personas y la sociedad en la que vive, una sociedad que decide su destino con unas cartas marcadas desde el inicio.

 

Entrevista:

 

P.- ¿Cómo surgió la idea de escribir esta novela que es como un largo paseo reflexivo y crítico?

Por un lado, estaba la experiencia personal de un viaje en autobús por la ciudad. Especialmente aquellos 25 años durante los que tuve que coger dos autobuses para ir y volver de la universidad donde enseñaba por las noches. Por otro lado, la necesidad de investigar una situación en la que se manifiestan y concentran un gran número de circunstancias que dan muestra de la desigualdad existente. Pensé que sería posible cuestionar, indagar y comprender aspectos importantes del contexto histórico actual a través de los recursos que ofrece una novela. Tuve cuidado de no mencionar fechas o nombres de lugares reales. No porque quisiese conferir al libro un sello universal, al contrario, quería que los aspectos concretos y particulares pudiesen ser percibidos como partes de una experiencia cercana, familiar, vivida y muy generalizada. Pero no como algo universal, ni fuera del tiempo. La experiencia de estar sometidos a un proceso social que precisa a toda costa mantenerse oculto. Un proceso que diariamente refuerza la idea de que los diferentes aspectos de la vida más comunes son hechos aislados y sin coordinación, vacíos de cualquier significado que no sea su fin más inmediato.

 

P.- Deterioro urbano, tráfico caótico, transporte público deficiente. Escenario realista que ya nos prepara a una dura crítica al sistema desde diferentes puntos de vista. ¿Es lo que buscabas?

Sí, pero puede que sea más justo decir que yo estaba buscando un nuevo medio para cuestionar los mecanismos que nos llevan a ver todo esto como algo natural o inevitable.

 

Rubens Figueiredo.

Rubens Figueiredo.

P.- Los pequeños detalles dan pie a Pedro, el protagonista, para inventar vidas y mundos a cada pasajero. ¿Es eso quizás la buena literatura, saber inventar y saber contarlo?

Te juro que no sé lo que es la buena literatura. El hecho es que mi libro parte, en la mayoría de los casos, de situaciones reales que me fueron contadas por aquellos que las vivieron o que yo mismo presencié. No cuento los hechos importantes de manera directa, siempre lo hago con la mediación de un personaje, que presenta su historia o la recuerda, o bien cuenta la historia que escuchó de alguien. Pero también es importante nuestra percepción de los hechos, así como los factores que determinan esta percepción. La invención en este caso consiste en reunir en un solo conjunto todos esos datos, y componer un cuadro general que permita poner al lector en una perspectiva diferente. Una perspectiva que le haga darse cuenta de que tras los detalles más banales se ocultan los grandes procesos que producen y reproducen nuestro estilo de vida.

 

P.- Vemos todo a través de los ojos y los pensamientos de Pedro, un personaje que sentimos cercano, que anima a seguir leyendo y viendo. ¿Cómo se consigue esa empatía con el lector?

Supongo que lo importante es escapar de la imagen de la vida que la propia sociedad nos enseña. Escapar de los supuestos que se asimilan y aprenden en todas partes, incluso en la literatura. Si tratamos de poner de relieve los aspectos cotidianos más concretos y simples, los personajes cobran vida, y llegará as ser personas. No serán esos muñecos, esos autómatas que vemos sobre todo en la televisión o en el cine.

 

P.- En dos horas de viaje da tiempo a crítica social, política, judicial, de la comunicación… ¿En cual pretendías poner más énfasis? ¿Qué campos de la sociedad escaparon a la reflexión?

Mucho se quedó fuera. No pretendía ni remotamente llegar a acaparar tanto. Creo que una novela puede resultar incompleta tanto si la historia se extiende demasiado en el tiempo, como en el espacio. Lo más importante es descubrir o entrever a primera vista la presencia de procesos y vidas de largo alcance en situaciones triviales y pequeñas.

 

P.- Reflejas muy bien la vida de muchos ciudadanos de la periferia que conviven con la pobreza, la violencia, las carencias sociales. ¿Crees que este es un tema que la literatura ha tratado lo suficiente como para evidenciar una realidad a veces extrema?

No creo que la literatura haya abordado esas cuestiones de forma adecuada. Lejos de ello, estoy convencido de que, tal y como se presenta hoy la situación, estamos ante un tema casi inagotable. Debido sobre todo a que la dinámica social e histórica se encarga de renovarla a gran velocidad.

 

PASAJEROP.- Novela que se lee de un tirón, de hecho no tiene separación en capítulos. ¿Era el único camino para involucrar al lector desde el primer momento y que ya no se fuese del libro?

Puede ser. Decidí que el libro sería así a medida que lo iba escribiendo. Me di cuenta de que los capítulos crearían una especie de jerarquía, de graduación. Y necesitaba cuestionar nuestros propios criterios sobre lo que es importante, lo que viene antes y lo que viene después, lo que pesa y lo que no pesa. La ausencia de capítulos ayuda a allanar los hechos, los personajes, y permite que la relación entre ellos se haga más dinámica.

 

P.- Prosa clara, honesta, detallista, profunda. ¿Cuáles han sido tus referentes literarios?

Mi principal referencia fue Tolstoi, de quien traduje sus principales libros. Y un escritor brasileño de mediados del siglo XX llamado Graciliano Ramos.

 

P.- Ya has recibido varios premios con este libro. ¿Son hoy día los premios literarios algo imprescindible para poder hacerse un hueco en el mundo literario y editorial?

No lo creo. La realidad es que no entiendo el mundo literario y editorial. Pero por otro lado, los premios me han dado mucha alegría y estoy muy agradecido por ello.

 

P.- ¿Tienes ya nuevos proyectos literarios de los que nos puedas hablar?

Por desgracia, no tengo nuevos proyectos. Pero sólo con las entrevistas que he respondido podría darme para hacer dos libros bien gruesos.

 

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