Antiguos mitos para nuevas crisis

 

Por VÍCTOR MORA GASPAR

La nueva temporada de American Horror Story, COVEN, rescata de la hoguera a las brujas para hablarnos, con el lenguaje del terror, de nuestro pasado y nuestro presente histórico. Ajústense el vestido, señoras, hoy nos vamos de aquelarre.  

38570_kathy-bates-madame-lalaurie-american-horror-story-covenMurphy y Falchuck vuelven a la carga con COVEN, la esperadísima tercera entrega de American Horror Story, que entrelaza una vez más la mitología del horror con la historia reciente estadounidense. Como ya hicieron en la anterior temporada repiten elenco (lo que se ha convertido en marca de la casa), aunque con nuevas incorporaciones que bien merecen mención aparte.

Vuelven Sarah Paulson, Lily Rabe  y Taissa Farmiga, entre otros habituales, como la siempre implacable Jessica Lange, que esta vez da vida a una ambiciosa y sanguinaria bruja suprema, capaz de cualquier cosa con tal de mantener su estatus en el clan.

Entre las nuevas incorporaciones encontramos ni más ni menos que a Kathy Bates, que interpreta a la asesina en serie Marie Delphine LaLaurie, un personaje real del Estado de Louisiana que a finales del siglo XVIII se hizo famosa por sus asesinatos y crueles torturas a sus esclavos negros. En COVEN veremos cómo será hechizada por la bruja negra Marie Laveau, que la condena a vivir eternamente y la entierra tras matar a sus hijos. Angela Basset es la estrella que encarna a esta experta en el arte del vudú que, por cierto, también tiene un eco histórico, aunque no hay constancia de que la Marie Laveau real, mestiza del barrio francés de Nueva Orleans, tuviera relación con el destino de LaLaurie.

Trescientos años más tarde (en la ficción que comentamos, claro) será desenterrada por la Suprema Fiona Goode (Jessica Lange), y así encontramos a estas tres mujeres reunidas en nuestro presente, dispuestas a seguir luchando por lo que sus ancestros lucharon siglos atrás, en los juicios de Salem: la supervivencia.

Una vez más la maestría de Murphy y Falchuck moldea el lenguaje del terror para dar forma a la figura del monstruo, del diferente. Una escuela para señoritas especiales esconde en realidad un refugio de brujas, al que esporádicamente visita el Magno Consejo (en el que hay impagables homenajes a grandes contemporáneos de los discursos no convencionales, como Grace Coddington y Quentin Crisp).

Absolutamente recomendable, llama la atención que COVEN conviva en el tiempo (presente) y en el espacio (Occidente) con otras producciones mainstream sobre brujas. Julia Ormond ahora protagoniza Witches of East End, que se estrenaba a la par que Las brujas de Zurragamurdi de Alex de la Iglesia.

Quizá sea sólo coincidencia o “moda”, pero lo cierto es que históricamente el mito de la bruja se ha sacado a la luz en épocas de transición, de cambio.

Desde un entorno cultural más supersticioso como la transición a la Modernidad, o menos o nada supersticioso como nuestra Era; sobre la época en la que se gestan cambios estructurales (crisis) sobrevuelan con sus escobas las brujas, sujetos antisistema que podemos señalar (y quemar en la hoguera) cuando sentimos el vértigo del cambio pero no hay a la vista ningún enemigo claro.

Quizá eso es lo que flota ahora mismo en la conciencia colectiva y lo que han respirado los creadores del audiovisual presente. La bruja, elemento turbador y misterioso, aparece de nuevo cuando se siente el peligro pero no se sabe de dónde viene. Ahí queda eso.

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