A vueltas con la imperiosa necesidad de amar

Por Horacio Otheguy Riveira

Pasen, vean y disfruten. Compartan con la Joven Compañía las tribulaciones del amor atravesado por la daga de los celos y los prejuicios sociales. Un Lope de Vega espectacular digno de ovación.

Cortesía 1

 

Un gran trabajo de equipo sobre un texto formidable que cuenta con un tipo singular dentro de la enorme galería de personajes de Lope de Vega: Don Juan de Silva, sobre el que gira toda la función bien nutrida de sorprendentes criaturas del siglo XVII con las que hoy podemos identificarnos, y sobre cuyas características se escribieron siglos después muchas obras de desigual calidad.

Don Juan de Silva es el justo entre los justos tan seguro de sí mismo que construye a su paso trampas que le harán palidecer, incapaz de controlar a ese “otro yo” que en realidad le domina. Un ser capaz de una sensibilidad absoluta para imaginar un amor tan sublime que no se atreve a llevarlo a cabo por miedo a que se le rompa a punto de alcanzarlo. Se enamora perdidamente de una dama a la que le salva la vida (“… de la selva me liberó un Silva…”) y por la que se compromete a honrar haciendo gala de su “cortesía española”: una promesa terrible que aborda el patetismo y divierte por su inevitable encerrona, y emociona en un final feliz para los criados, unos pocos señores, y desolador para los protagonistas: una tragedia bañada por el estado de gracia de un genial comediógrafo.

El sabio director Josep Maria Mestres le ha sacado muy buen partido a la formidable versión de Laila Ripoll, quien ha logrado un verso fluido, de una bellísima teatralidad eliminando ripios y altibajos propios de los textos de la época, con momentos de gloriosa armonía en la que por momentos conviene cerrar los ojos para saborear en todo detalle la musicalidad de una vocalización ejemplar

 La puesta en escena de Mestres trasluce un laborioso trabajo coral, y a su través  respiran y transpiran las pasiones lopistas con una fluidez atemporal, sin abandonar las características habituales de aquel tiempo. Uno de los peores traspiés de varias funciones de la Compañía Nacional se han dado por afán de meter ascensores y muchos otros anacronismos, destrozando la rica panorámica moral y social de la época, por afán de “modernizar” exteriormente.

 En este caso, el amplio espacio de este escenario —muy superior a las estrecheces del teatro Pavón, la sala habitual del CNTC, hasta que se termine la obra del Teatro de la Comedia— facilita un despliegue de numeroso elenco en una casi coreografiada puesta en escena (asesoría de movimiento por la gran actriz Lidia Otón, a quien recientemente aplaudimos en La nieta del dictador) llena de brío pero con una medida energía en la que prevalece el tiempo poético, el ritmo ajustado de los cuerpos entrelazados felizmente con la palabra del autor, sus ironías y sus desesperaciones en torno al deseo, el honor y el amor sacrosanto.

Una compañía joven que se ha ido renovando, desde el año 2007 en que el entonces director del CNTC, Eduardo Vasco —hoy Helena Pimenta, a su vez directora reciente de La verdad sospechosa y La vida es sueño—, impulsara una compañía paralela a los profesionales. Jóvenes intérpretes de menos de 30 años que han afrontado largos meses de pruebas hasta conformar la altísima exigencia requerida. Hemos disfrutado mucho de funciones como La bizarrías de Belisa y La moza del cántaro, entre otras.

 Josep Maria Mestres acude al programa de mano y nos alienta en la percepción que ofrece su espectáculo:

 Siempre he creído que el contacto con el buen teatro, y con el arte en general, nos hace mejores personas. Esta comedia nos permite reconocer como propios sentimientos sublimes que posiblemente nunca hubiéramos llegado a elaborar por nuestra cuenta. Pero también pone el foco sobre los aspectos más negativos de la pasión amorosa: la inmadurez emotiva, la falta de confianza, la posesión enfermiza, el maltrato físico y psicológico…

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Natalia Huarte y Francesco Carril, estupendos protagonistas de una aventura que recorre varias ciudades europeas con un trepidante entrelazado de pasiones.

Un trabajo coral donde cuatro personajes sobresalientes cuentan con actores que ya saben mucho del complejo equilibrio entre el verso lopista, la voz bien colocada y una dúctil expresión corporal entre lo clownesco y la estricta sobriedad, según la clase social a la que corresponda el personaje.

Así, Natalia Huarte es una dulcísima Lucrecia, mientras Júlia Barceló se ocupa de la divertida Leonarda, compulsiva buscadora de marido; Álvaro de Juan es Zorrilla, el criado saltimbanqui que ansía ver a su señor fuera de tanta “cortesía”, asaltando el apetitoso lecho que tanto desea, y Francesco Carril se ocupa de un Don Juan de Silva en las antípodas del Don Juan Tenorio, con notable soltura de registros: hilarante, emotivo, infantil, caballero…

 Es esta una representación fascinante que se desarrolla desde un punto de partida extraño: una especie de puente como escenografía que mete miedo previendo moderneces escalofriantes; pero en cuanto comienza la función con toda la compañía interpretando una coral… el extraño concepto escenográfico da pie a un despliegue de imágenes audiovisuales y escénicas con buen lugar para el asombro y la diversión, armonizando vestuario, audiovisuales y luces con muchas habilidades puestas en juego para que la voz de Lope de Vega despliegue su lucha entre el deseo, el amor y las obligaciones sociales, mientras ríe, ama y sufre …

 

Tened lástima, cielos, de un amante,

Que él propio es enemigo de sí mismo,

Pues no se ha visto pena semejante!

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 La cortesía de España

 Autor: Lope de Vega

Versión: Laila Ripoll

Director: Josep Maria Mestres

Intérpretes: Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico: Elsa González, Sole Solís, Manuel Moya, Jonás Alonso, Alba Enriquez, Natalia Huarte, Borja Luna, Guillermo de los Santos, Francesco Carril, Álvaro de Juan, Julia Barceló, Laura Romero, Ignacio Jiménez, José Gómez

Percusionista: Mauricio Loseto

Asesor de verso: Vicente Fuentes

Dirección musical: Lluis Vidal

Escenografía: Clara Notari

Iluminación: Juanjo Llorens

Vestuario: María Araujo

Asesora de movimiento: Lidia Otón

Asesor de canto: Rennier Piñero

Lugar: Naves del Español. Matadero

Fechas: Del 3 de abril al 4 de mayo

 

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