Una no-lista de libros para no atragantarse

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 Por Anna Maria Iglesia @AnnaMIglesia

listaEscribir la lista de los libros más destacables del año es como comer las doce uvas en noche vieja: se puede hacer de distintas y aleatorias maneras – con o sin pepitas, con o sin monda, masticando o tragando cada uva de golpe, a ritmo de campana o antecediéndose precavidamente a ellas, incluso, en el caso de que no guste, puede sustituirse la uva con rodajas de plátano- pero siempre se corre el riesgo de atragantarse. De la misma manera que nadie confiesa quitar la pepita de las uvas antes de las campanadas, las listas suelen omitir –no seamos injustos y digamos casi siempre- el criterio elegido para su elaboración; se omite el criterio, aunque difícilmente deparan sorpresas. Confieso que es la segunda vez que escribo este artículo, existe un texto previo que no verá la luz por la sencilla razón de que con él me atraganté; no se rían, pero fue así, me atraganté cuando al poner el punto final me di cuenta de que había caído en la trampa, yo misma había configurado un listado de libros, de libros y autores normalmente ausentes en los distintos listados que se publican en estos días, pero a fin de cuentas un listado, una selección de obras, un ejercicio –no nos engañemos- de prescripción. Es por esta razón que vuelvo a ponerme ante el teclado, pero en esta ocasión ni un solo título, ni un solo autor, aparecerá en él, porque de qué sirve contrarrestar una lista con otra, el contra-canon termina convirtiéndose siempre en otro canon. Siguiendo el consejo de Virginia Woolf, quien afirmaba que “el único consejo, en verdad, que una persona puede dar a otra acerca de la lectura es que no se deje aconsejar, que siga su propio instinto, que utilice su sentido común”, no sólo propongo, como lo hacía hace unos días la periodista Karina Saiz Borgo, abandonar definitivamente las reiterativas y maniqueas listas de libros que llenan la prensa en los últimos días del año, sino también desenmascarar aquellas ya existentes. Y puesto que, por lo general, todas las listas se presentan sin la debida introducción acerca de los criterios críticos utilizados para su elaboración, aquí formulo algunas preguntas con la esperanza de hallar alguna respuesta:

¿Quién hace la lista y a qué medio pertenece? ¿Por qué, frecuentemente, los primeros puestos de la lista son ocupados por autores que curiosamente son firmas habituales del medio en el que se publica la lista en cuestión? ¿Por qué, por lo general, los libros recomendados pertenecen a los sellos considerados intelectualmente reputados de los grandes holdings editoriales, cuyos tentáculos sobrepasan el ámbito literario? ¿Por qué los autores extranjeros que aparecen en las listas suelen ser de tradición anglosajona? ¿Por qué todavía cuesta incorporar autores hispanoamericanos en las listas de los mejores libros publicados en España? ¿Por qué los autores españoles ineludibles han superado todos la barrera de los cincuenta? ¿Por qué todavía hoy se acepta la experimentación solamente en algunos autores de tradición anglosajona, principalmente norteamericana, y en escasos autores franceses? ¿Por qué las novelas de autores españoles que ocupan las primeras posiciones de la lista siguen enmarcadas en la tradición realista? ¿Por qué la herencia de Juan Benet y el diálogo con la tradición francesa hasta mediados del siglo XX es la mayor experimentación que se acepta para las letras castellanas dignas de recomendar? ¿Por qué algunos autores son siempre desplazados hacia la lista de las obras más vendidas y nunca considerados en su valor literario? ¿Por qué este último criterio es válido siempre, con la excepción de si el autor pertenece a la RAE? ¿Por qué el descrédito de determinados premios literarios lleva a despreciar a priori las obras vencedoras? ¿Por qué algunos autores nunca son considerados dignos de entrar en las listas de las mejores obras así como tampoco de ser reseñados en los suplementos que luego publican dichas listas? ¿Por qué, normalmente, quién hace las listas introduce obras que previamente ha reseñado con indiscutible entusiasmo? ¿Por cuál motivo lamentarse de la poca difusión de la poesía si es siempre la gran olvidada en las listas de fin de año? ¿Por qué los poetas parecen no existir para estas listas? ¿Por qué el teatro publicado es un inexistente para los compiladores de listas? ¿Por qué las pequeñas editoriales siguen apareciendo marginalmente en las listas, casi a modo de toque exótico? ¿Por qué los autores jóvenes, entorno a los treinta años, o son olvidados o aparecen en contadas ocasiones tras una actitud paternalista y condescendiente por parte del compilador? ¿Por qué los autores que gravitan en los cuarenta constituyen un punto muerto para gran parte de compiladores? ¿Por qué la presencia de autoras sigue siendo tan escasa ante la abrumadora presencia de escritores? ¿Por qué no se duda en incorporar una escritora a los listados una vez fallecida cuando se reeditan sus obras? ¿Por qué el ensayo es considerado un género literario que nunca vale la pena recomendar en las listas? ¿Por qué nunca se especifica qué se entiende por “mejores novelas? ¿Por qué nunca se enuncian los criterios estéticos –si es que los hay? ¿Por qué nunca se confiesa la subjetividad que esconde cada lista? ¿Por qué nunca se descubre la mano que mece la lista? ¿Por qué las listas insisten en vanagloriarse en su rigor intelectual? Y, por último, ¿Por qué las listas?

En literatura los cánones y las listas no sirven, en literatura hay que ser intelectualmente promiscuos. Por ello, ni nombres, ni obras. Lean, no se dejen aconsejar; lean y sean promiscuos, al menos así no se atragantarán.

 

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Una respuesta a Una no-lista de libros para no atragantarse

  1. ¡Qué buen artículo! ¡Me encantó!
    Me recuerda a mi autor de cabecera, Umberto Eco, “El vértigo de las listas” en el que se hace planteos parecidos.
    Norma Aristeguy

    Norma Aristeguy
    15 diciembre 2014 at 20:46 pm

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