¿Escritores mediáticos?

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Por Anna Maria Iglesia @AnnaMIglesia

escribir 3Se acerca Sant Jordi y la polémica volverá, como cada año, a llenar las páginas de diarios y a incendiar las redes sociales. Como cada 23 de abril, la discusión acerca del carácter literario del denominado día de los libros despertará posiciones ampliamente enfrentadas: por un lado aquellos puros apocalípticos, a los que Umberto Eco pronosticaba breve vida –¡y tan vivos que siguen!-, y por otro, los integrados, aplaudidos por el mismo Eco como aquellos que, desde el desprejuicio, pueden abrazar nuevas expresiones artísticas y literarias, tachadas durante años de “populares”. Sin duda, Eco no presagiaba el boom del mundo editorial y su crisis y, menos todavía, presagiaba que el libro, un bien tan poco venerado en nuestros lares, fuera reconvertido en un mero objeto de mercado, un soporte cuyo valor ya no residiría en sí mismo sino en la marca comercial que representase, a través de su autor o del tema que tratase. Umberto Eco no analizó, en los ya lejanos años setenta, esta nueva realidad editorial y, afortunadamente, pudo evitar enfrentarse al nuevo concepto, acuñado por la prensa y por las propias editoriales, de escritor mediático, al que todo el mundo apela, sin todavía no haber encontrado definición algunas. En efecto, llegará Sant Jordi y no pocos levantarán su voz en contra de esos autores mediáticos que reúnen a un tan elevado número de lectores, que la élite de aura incólume no tardará en tachar de malos lectores, lectores de segunda o simplemente “fans” en busca del autógrafo del personaje famoso. No pocos, como ya ha sucedido en años anteriores, escribirán inflamadas columnas en contra de “escritores mediáticos” que roban el sitio a los verdaderos letrados, a los verdaderos y puros hommes de lettres, que ven ensombrecido su reconocimiento. Sin embargo, tanto alarde de indignación viene siempre acompañado por la ausencia de definición: ¿qué es y cómo se define un autor mediático? Hace unos días el guionista y periodista Paco Tomás comentaba la ambigüedad y los prejuicios que impregnan este tópico y se preguntaba si existían de verdad escritores mediáticos y escritores no mediáticos. La pregunta de Tomás no puede ser más acertada

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Recurramos a la filología: mediático, según la definición ofrecida por la Real Academia, significa “perteneciente o relativo a los medios de comunicación”; si buscamos la definición de medio de comunicación, nos encontraremos la siguiente definición: “órgano destinado a la información pública”, es decir, desde los periódicos hasta la televisión, pasando por la radio y las agencias de noticias. Lo mediático, apoyándonos en el brillante ensayo de Jugern Habermas, Historia y crítica de la opinión pública, tiene por tanto que ver con los medios que, independientemente de su soporte, están implicados en la conformación de la opinión pública –la Publizität– a través del ofrecimiento de información y teniendo como consecuencia, más o menos lógica, la notoriedad pública del informador. Dicho esto, ahora repasemos a quiénes se les tacha de escritores mediáticos: no todos son informadores -¿acaso un jugador de fútbol que publica su biografía con (anoten bien) escasos treinta años puede ser considerado informador?- ni todos los informadores son definidos como mediáticos. En efecto, mediático ha terminado por designar única y exclusivamente a aquellos que provienen del mundo de la televisión –los autores de cine nunca son mediáticos y los que provienen de la música suelen considerarse heterodoxos del underground-, ya sean con profesiones reconocidas –normalmente la de periodista- ya sean meras marcas-producto, cuyos libros no son más que tentáculos de una empresa que busca tener presencia bajo todo tipo de formato. La visibilidad que ofrece la televisión es innegable, pero dicho esto: ¿son acaso equiparables todos los denominados mediáticos? ¿Es acaso justo equiparar un estúpido libro sobre “moda” escrito por la snob de alta sociedad que ocupa páginas de prensa rosa con una novela de un o una periodista que, más allá de su trabajo en la televisión, tiene vocación literaria? Asimismo, ¿acaso todas las novelas escritas por los periodistas provenientes de la televisión son todas iguales? Les digo yo que no: de la misma manera que hay algunas –y no sólo de periodistas televisivos- que no merecen ni el más gentil de los apelativos, hay otras cuyos elogios nunca se harán públicos, puesto que ¿cuántos osarán reconocer que aquel periodista cuya novela despierta el interés de miles de lectores es además un buen escritor?

escritor 2Como comentaba hace un año Marta Sanz, los escritores que “nos quejamos con la legitimidad que nos otorgan sabiduría, bondad y pureza” también “llevamos usurpando el espacio del espectáculo desde hace décadas, fomentando un culto a la personalidad -al personaje- que desdibuja la hipotética importancia del texto”. La queja y el uso reiterativo del concepto de mediático en base a un nombre o a un rostro así como el culto a la personalidad y al personaje del ilustrado no deja sino de lado lo único que debería importar: el texto. En efecto, si bien Sanz reconoce las risas que puede suscitar el nombre del ganador del Premio Primavera también reconoce, al final del artículo, la mirada de “envidia” con la que aquellos escritores que desde esa posición oficial y oficiosamente más pura, observan “esa manzana que nunca nos invitaron a morder”. Algunos nunca fueron invitados a morder esa manzana, otros renunciaron, y con todo el derecho y honestidad, a morderla y a unos terceros se les impuso un auténtico cesto, que arrastran en la espalda como pacientes Atlas. Sin embargo, la cuestión que aquí nos atañe no es la carrera literaria que con más o menos libertad ha podido escoger cada autor, aquí lo importante es el texto. Podrán reírse con envidia no sana del Premio Primavera hasta que cojan y decidan leerlo, entonces aquellas risas darán paso a un sentimiento de ridículo, pues no les quedará otra que reconocer el valor literario de la obra. Podrán, algunos, reírse de los lectores expectantes por obtener la firma de su autor “mediático”, pero la risa no fomentará más lectura, simplemente consolidará una estructura jerárquica y elitista que, lejos de fomentar la cultura con mayúsculas, la ha reducido a ámbitos cerrados en los que no todos son admitidos. “Ese libro no es para mí”, decía hace dos años una lectora frente a una parada de Sant Jordi, “yo no soy tan culta para leer estos autores”, concluía. Este es el resultado que, a nivel sociológico, se ha obtenido. A nivel crítico-literario, el único resultado obtenido y del que no podemos alardear es el de la ceguera: no sólo se lee poco, sino que parte de la crítica y del periodismo cultural –mea culpa de ante mano- ha dejado también de leer. No queremos riesgos, lo fácil es ir a lo de siempre: de la misma manera que fueron muy pocos quienes no dudaron en reconocer –que no es lo mismo que aplaudir de forma entusiasta- la aportación formal de Tao Lin, son pocos quienes se atreven a romper con el tópico de mediático y reconocer tras esa etiqueta, siempre y cuando sea posible, una buena novela.

Seamos duramente críticos, no tengamos compasión con todos aquellos personajes –no autores- que hacen del libro un objeto de merchandising prolongación de una serie de shows, normalmente poco alentadores intelectualmente; no tengamos compasión con aquellos que maldicen el arte de la escritura, pero no condenemos a la hoguera de la ignominia literaria a todos aquellos que, por aleatoriedad conceptual, han terminado siendo víctimas del concepto de mediático. Borremos dicho concepto y hablemos sólo y únicamente de literatura: no somos nadie para juzgar, ni con envidia ni admiración, el número de lectores de un determinado autor, no somos nadie para juzgar su recorrido profesional y vital, nosotros como lectores estamos únicamente llamados a reconocer el mérito literario de las obras, independientemente del nombre de portada. Respondiendo a Paco Tomás, no hay “escritores” y “escritores mediáticos”, hay literatura o no la hay y su existencia no la determina ni la profesión ni el medio en el que se inscribe el autor.

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Una respuesta a ¿Escritores mediáticos?

  1. Desde el principio del artículo venía yo pensando algo que al final la escritora del mismo pone de manifiesto y en lo que coincidimos. Lo importante es que la gente lea. Lea y lea. Este tipo de literatura mediática, que a mí puede no gustarme,a otros sí, les llama al menos la atención y los puede iniciar en el hábito de la lectura.
    ¿Qué importa si lo compran a cambio de obtener un autógrafo? Lo terrible sería que lo compren sólo por eso, pero si encima leen, eso sirve, a lo mejor, para iniciarlos, aunque también es sabido que siempre la mano y la palabra tendida de algún conocedor puede hacer de guía para entrar en mejores mundos, o no. No lo sé.
    Por otro lado está el mundo comercial del Mercado, eso tiene que ver con las empresas, ésa sería la otra pata del problema, pata nada inocente en el asunto.

    Yo soy una escritora desconocida y no me molesta que exista un submundo literario, el que no lo haya no hará que nos lean a nosotros. Y como lectora jamás compraría algunos libros, porque sé perfectamente que no encontraría allí nada atrayente y no quisiera malgastar mi tiempo, que dada mi edad, ya no me alcanza para terminar de leer los clásicos, mucho menos estoy para perderlo en historias que a mí, no me interesan. Pero no soy quien para juzgar a los que demandan ese tipo de lectura. Repito, lo importante es que inicien el hábito.
    Muy bueno el artículo, muy equilibrado. (Adoro a Eco)

    Norma Aristeguy
    31 marzo 2015 at 0:54 am

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