Dos alter egos en la literatura

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Por Sonia Rico.

fante-y-bukowskiTener un alter ego son todo ventajas, en mi opinión, y la historia de la literatura está llena de casos. Para un escritor tener uno supone tener un mejor amigo, alguien de confianza, un personaje que hace o dice a través de la literatura lo que él/ella nos e atreve, no puede o no debe.

Hoy quiero hablaros de dos casos conocidos de “tener un otro yo” y a ver si convenzo a los escritores para que se hagan preguntan y desarrollen uno, que quizás ya está atrapado en su interior.

Voy a empezar con John Fante, un escritor italoamericano de extracción humilde con una vida personal y literaria intensa y trágica, que se dice que fue precursor en ésto del siguiente del que os quiero hablar… John Fante nació en 1909, en Denver, y fue el primogénito de cuatro hijos,  de un albañil alcohólico y de una mujer menuda fanática religiosa. Su padre despreciaba su vocación por la literatura. Fante comenzó a escribir a los diecinueve años, enviando la mayor parte de sus relatos a The American Mercury, dirigida por el prestigioso crítico literario Henry Louis Mencken. Después de varias negativas, Mencken le publicará algunos cuentos y Fante se mudará a Bunker Hill, un barrio ya desaparecido de Los Ángeles, donde conocerá la pobreza, la soledad y el fracaso. En 1939 aparece su tercera novela, Pregúntale al polvo. Al igual que las dos anteriores (Camino a Los Ángeles –póstuma– y Espera a la primavera, Bandini, 1938), el protagonista es Arturo Bandini, un su alter ego con las mismas dosis de ambición, desgarro, ingenio y frustración. En 1980, se queda ciego a causa de la diabetes y en 1983 muere, después de haber dedicado casi toda su vida profesional a escribir guiones de cine.

En Pregúntale al polvo Bandini es un antihéroe, un ser grotesco que sube a la habitación de una prostituta, sin consumar un coito, pues la idea de pecado y el miedo a la impotencia le atormentan. Evoca a su hogar, con unos padres italianos imbuidos de la moral católica, de nuevo Fante y Bandini se confunden. Nos muestra de nuevo una identificación pues los dos actúan con cobardía, cinismo y resentimiento. Bandini ni siquiera oculta sus prejuicios racistas en su relación con Camila, una «asquerosa mexicana» que carece de la grandeza del pueblo estadounide. Sin embargo, Bandini sabe que en Estados Unidos no todo es grandeza. En Main Street, Towne, hay pobreza, tedio, desolación. Es la misma desesperanza que afligía a Fante en su pueblo de Colorado, donde lo insultaban sin compasión, llamándolo «macarroni, espaguetini y aceitoso», obligándolo a encerrase en los libros y a soñar con un porvenir sin agravios.

Vamos al segundo caso. Os presentó a Henry “Hank” Chinaski  Alter ego y protagonista de varias obras del escritor estadounidense Charles Bukowski.

Chinaski es un consumado antihéroe: alcohólico, misántropo, mujeriego, vagando de trabajo en trabajo y de mujer en mujer. En las novelas donde el protagonista es Chinaski, la gran mayoría de los acontecimientos son autobiográficos, coincidiendo además los rasgos de personalidad de ambos. Gran aficionado al bourbon y a la cerveza, en esto coinciden ambos también.

Es el protagonista de novelas como La senda del perdedor, Hollywood, Cartero, Factótum y Mujeres, así como de muchos de los relatos de Bukowski. Además, es mencionado en otros tantos, aunque no llegue a aparecer.

Buskowski nació en Andernach, 1920. En la línea del anticonformismo californiano de la generación beat y utilizando un lenguaje agresivo y una temática marginal, a menudo obscena o violenta, elaboró una obra singular. Hijo de un oficial norteamericano y de una alemana, su familia se trasladó a Estados Unidos cuando tenía tres años. Creció en un barrio pobre y tuvo que soportar la miseria y los castigos de su padre. Estudió periodismo mientras trabajaba en varios oficios, desde lavaplatos hasta aparcacoches, pero no llegó a graduarse y llevó una vida dispersa, entregada al alcohol y a un vagabundeo sin rumbo. En 1956 comenzó a trabajar en el servicio de correos, lugar que le serviría de inspiración para su primera novela, El cartero (1971), que protagoniza por primera vez Henry Chinasky. A los cincuenta años abandonó el empleo en correos para “sobrevivir con el oficio de escritor”.

En sus obras retrató a personajes peculiares y marginales: prostitutas, alcohólicos, vagos, buscavidas, jugadores arruinados y bravucones que circulan como sonámbulos o pícaros por una ciudad que los rechaza. Estos temas también serían también los de sus libros de poesía, escrita en un verso rudo, escasamente lírico, de mensaje claro y áspero.

La psicología dice que debajo de nuestro YO preponderante existen varias sub-personalidades y que depende de las circunstancias o de la educación recibida el hecho de que surjan o, una de ellas, pueda tomar más relevancia en algún momento de nuestras vidas. En cualquier caso tener un alter ego obliga a un ejercicio de autoconocimiento que, sin duda alguna, hicieron Fante y Bukowski con sus pasados tristes y sus complicadas vidas. Quizás tener un alter ego les sirviera como válvula de escape y les ayudara a tener los pies en el suelo, aunque solo fuera a ratos.

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