Pederastia en el hogar: sorprendente historia de amor y perversión

Por Horacio Otheguy Riveira

En Sed, de Alejandro Butrón Ibáñez, un matrimonio de profesionales bien avenido, con un hijo, debe enfrentarse a una inesperada revelación. En una noche como tantas están dispuestos a una buena juerga de dos que bien se gustan, hasta que él estalla y confiesa sólo una mínima parte de su atracción sexual por los niños. La alarma es brutal. No han pasado más que unos pocos minutos y ya estamos en faena, encerrados en la misma habitación espectadores y personajes con un tema que no para de estallar a diario y que se oculta en enorme medida hasta que un grito desolado da la campanada. Rápidamente, los intérpretes Sauce Ena y Mariano Rochman son Ella y Él, así, sin nombres ni apellidos, metidos a fondo en una lucha sin cuartel; sus personajes pasan del encantamiento sensual a ritmo de comedia a un frustrado encuentro erótico para empezar a recorrer juntos el infierno tan temido en que se excita el marido.

Una función novedosa sobre un tema de angustiosa actualidad con excelentes actores que nos hacen cómplices del drama sin salir en ningún momento de sus personajes y situaciones, viviendo a tope una locura que se extiende como una plaga. Se sigue con permanente interés porque tiene una cuidada estructura de intriga policiaca. La boca del lobo está en casa, ¿a las puertas de un crimen? Un hombre quiere defenderse de sí mismo, pero no sabemos si tiene capacidad para ello. Su tentación parece aumentar. Como aumenta el desafío de la mujer que le ama.

 

La literatura y el cine abundan en obras que aportan variados puntos de vista sobre la atracción sexual, activa o pasiva, de hombres hacia niños de ambos sexos. Hay obras del cine independiente muy poco difundidas que reflejan la lucha del individuo por modificar su conducta (El leñador), o la tragedia sin vuelta de hoja con unas consecuencias insuperables del desarrollo de la perversión en el seno del hogar (La zona oscura), y producciones que profundizan en la sórdida lacra de instituciones religiosas donde la revelación de abusos y violaciones sólo han logrado indemnizaciones, mientras el Vaticano continúa protegiendo a sus criminales (Spotlight).

En el teatro y en la literatura hay mucho y muy bueno, desde la óptica criminal a la meramente psicológica o incluso la injusticia social a cargo de falsas acusaciones (Noche de Reyes sin Shakespeare, de Adolfo Marsillach; Hamelin, de Juan Mayorga; La alambrada, de Marco Canale; Festen, película y teatro de Vinterberg, Rukov y Hansen; Lolita, novela del ruso Vladimir Nabokov —novela, no las películas, que van por otro lado—; Sorry, del germanocroata Zoran Drvenkar; La viuda, de la británica Fiona Burton)…

Pues bien, esta Sed de Butrón Ibáñez no se parece a ninguna otra. Ofrece varias perspectivas inéditas en una confluencia sorprendente de poderoso interés escénico con intérpretes formidables: una travesía alucinante dentro de una pareja donde quiere triunfar a toda costa, con sobrehumano esfuerzo, el amor de una mujer hacia el hombre que ama, repentinamente transformado en alguien que ya no la desea, que incluso la desprecia cuando más y mejor dispuesta está para el placer, y además podría ser un tipo muy peligroso para cualquier niño que se le cruce en el camino y, lógicamente, para su propio hijo (imponente la secuencia de la bañera).

Un testimonio con importante información documental esgrimida a través de diálogos breves en sucesión de escenas diseñadas siempre a través de la acción: un hombre y una mujer en lucha abierta para iluminar las zonas más oscuras; actores con una formación muy completa, abocados a doblegar sus recursos de común acuerdo con una puesta en escena de exigencia ilimitada para los actores: la denodada lucha de Mariano Rochman por comprender a su personaje frente a la entrega sin tapujos de Sauce Ena, cuyo abanico de posibilidades expresivas es tan rico como su capacidad de creciente sensualidad ante la también creciente angustia de su compañero. Juntos en escena crecen, se transforman, sugieren y actúan. Se confunden personajes y actores en una dramatización realista que se desarrolla en un ambiente donde el mobiliario simula piezas de juguetes para armar. El recorrido es altamente emocional pero no se queda en melodrama desgarrado, sino que plantea un debate profundo, al tiempo que exhibe por parte de la mujer un compromiso personal radical, alucinante, que confirma la originalidad de este empeño de impresionante valía.

 

 

No soy un monstruo… Todos mis pecados están en mi mente…

 

Nunca saciaré mi sed…

 

Te he visto a ti. He visto a los niños. Y he sentido un terror como nunca había sentido.

 

SED

Premio a la Creación Artística 2016 Federico García Lorca Universidad de Granada

Autor: Alejandro Butrón Ibáñez

Dirección: César Barló

Intérpretes: Sauce Ena, Mariano Rochman

Espacio y Vestuario: Juan Sebastián Domínguez

Iluminación: César Barló

Espacio Sonoro: Lisi Búa

Producción: Doble Sentido Producciones

Distribución: Mara Bonilla

Dossier completo sobre la producción y trayectoria de sus integrantes: http://doblesentidoproducciones.com/descargas/Dossier-Sed.pdf

Teatro Lara. Sala Lola Membrives. Todos los martes a las 20,15 hasta el 11 de abril 2017.

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