‘Matrioshka’, de Carlton Mellick III

PEDRO PUJANTE.

Carlton Mellick III es el rey del bizarro, un género literario en el que confluyen la ciencia ficción, lo fantástico, lo macabro, lo extraño y el humor negro y gamberro. Kafka de tripis, Burroughs en viñetas de tebeo o David Lynch batido con Lewis Carroll y puesto a hervir. En todo caso un género híbrido y desenfadado que busca, si es que busca algo, erigirse como literatura de entretenimiento pero con voluntad de culto. 

Autor prolífico con más de cincuenta títulos a sus espaldas –la gran mayoría novelas cortas– en España tan solo se ha publicado La casa de arenas movedizas (según su propia opinión) y la nouvella que aquí comentamos: Matrioshka. Carlton Mellick muestra su faceta más romántico-ñoña y nos sumerge en una historia de amor verdadero, una versión grotesca y fantástica de Romeo y Julieta, en la que el joven Benny tiene que luchar para vencer todos los obstáculos que se le plantean para poder casarse con su amada Ynaria. Aunque aquí el problema no estriba en que los amantes pertenezcan a familias enemigas, como en el drama shakespeariano, sino a razas diferentes. Benny es humano y su querida Ynaria es una ¡matrioshka! ¿Y qué es una matrioshka? Una raza de seres, al parecer creados hace ya mucho tiempo por alquimistas, que conviven entre nosotros, pero que padecen la discriminación por parte de los humanos. Como las famosas muñecas rusas, las matrioshkas también contienen dentro de sí diferentes seres, diferentes personas con las que conviven. Diferentes identidades que, como capas de una misma identidad, conforman y componen a la matrioshka. Para poder casarse con Ynaria, Benny deberá pasar la Prueba. Consiste esta prueba en aislarse con su prometida durante el tiempo suficiente para que este pueda conocer a todas las personas que viven dentro de ella. Matrioshka es el relato del enfrentamiento por parte de Benny con cada una de las personalidades que habitan y componen a Ynaria. ¿Cómo serán estas capas internas, estos seres que existen dentro de Ynaria? ¿Terroríficas, desquiciadas, humanas, monstruosas, agresivas, violentas? También es esta novela una alegoría de la complejidad del yo, de la multiplicidad de nuestra identidad. Y una crítica al racismo, aunque no espere el lector aquí un tratado sobre los derechos humanos.

También, esta historia de amor y fantasía constituye una sutil metáfora de nuestras relaciones de pareja, de cómo a lo largo de una relación amorosa lidiamos con todas las aristas, pliegues y rasgos que conforman la identidad de nuestros compañeros y de cómo el amor, al final, es soportar todos los fantasmas y oscuridades que alberga el otro.

El estilo de Mellick es llano y directo. Como Kafka o Aira, emplea un lenguaje sencillo para contar una historia extravagante. Pero, como es habitual en él, desde las primeras páginas logra introducirnos en su universo, hacernos partícipes de él y trasmitirnos la sensación de que, a pesar de ser descabellado y extraño, es “real”. La verosimilitud de lo raro es su seña de identidad; y tras un estilo neutro esconde, bajo la superficie, como la muñeca rusa protagonista, muchas capas de significados, haciendo de sus novelas cuerpos multidimensionales que ofrecen múltiples lecturas.

Hay en este relato una estética de cuento infantil, de apariencia falsamente banal, y se repiten muchas de las obsesiones de su autor. Personajes provenientes de familias disfuncionales con poca, nula o mala relación con sus padres, como les sucede a los niños huérfanos de La casa de arenas movedizas; al cowboy homosexual de Tumor Fruit o al narrador de Satan Burger. También se muestran aquí relaciones sexuales de lo más bizarras, entre humanos y monstruos, como en la magnífica The Haunted Vagina, relato de un hombre que se enamora de una extraña fémina sin esqueleto, que habita en la vagina de su novia; en The Steel Breakfast Era, donde el protagonista se ha de construirse una pareja con trozos de cadáveres en un mundo postapocalíptico; o en Parasite Milk, relato de ciencia ficción en el que el protagonista viaja a un planeta y mantiene relaciones sexuales con una criatura de aspecto de ninfa que resultará ser un parasito mortal.

Matrioshka es un relato divertido, intenso, perturbador y macabro incluso, pero de gran sensibilidad. Un cuento de amor para humanos y monstruos, una fábula perversa, un canto al amor incondicional y sin fronteras. Aunque estas fronteras separen el mundo de lo racional y un mundo surrealista en el que todo es posible. 

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