Un niño de mundo

CÉSAR MUNDACA.

Descarnada, deslumbrante, conmovedora. Así podría calificar la prosa del escritor brasileño Jorge Amado (Itabuna, 1912 – Salvador de Bahía, 2001) plasmada en Memoria de un niño, pequeño pero revelador libro que retrata todas y cada una de sus vivencias infantiles en medio de la violenta selva bahiana. Violenta por la atemorizante presencia de sicarios rurales, violenta por el macabro susurro de las enfermedades tropicales, violenta por el accionar represivo de la Policía Militar. Otro aspecto destacable es la meticulosa descripción del ambiente materialmente precario que siempre rodeó al autor. Fundamental para la cimentación de su propia personalidad.

Además, en sus cincuenta y siete páginas se aprecia la conquista progresiva de amplios espacios de libertad. Sus andanzas por la playa de Pontal, el descubrimiento del universo prostibulario, la intensidad del primer amor, las provechosas aventuras a lado de su desenfadado tío Álvaro, la estrecha cercanía que mantuvo con los desposeídos y la descollante aparición de la escritura constituyen, a todas luces, muestras irrefutables de ello. 

Memoria de un niño es un texto de rápida lectura que irradia nostalgia, dulzura, y por momentos, cierta desesperanza. Es una fuente de hondo aprendizaje de la vida.

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