Doña Rosita, anotada, otra muestra más del ingenio de Pablo Remón

Por Ana Riera

 

El último proyecto de Pablo Remón es distinto a lo que nos tenía acostumbrados. Tras trabajos como 40 años de paz, El tratamiento o Los Mariachis, todos ellos obras de su puño y letra, se atreve en esta ocasión a trabajar con un texto que no es suyo. Desde los Teatros del Canal, le propusieron llevar a escena Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores, obra que el maestro Federico García Lorca terminó en 1935, tras dedicarle varios años, y que transcurre entre finales del siglo XIX y principios del Siglo XX. Después de varios titubeos, Remón decidió aceptar el reto, pero llevándolo a su terreno. Así, ha adaptado el texto original eliminando determinadas partes y enriqueciéndolo con otras de su creación con el fin de situar la historia en la época actual, es decir, en pleno siglo XXI.

El resultado es Doña Rosita, anotada, una obra que pretende ser un retrato de todas las Rositas de este mundo y que trata, sobre todo, del paso del tiempo. En ella, Remón mezcla el presente y el pasado, la historia de Lorca y la suya propia, el humor y la nostalgia, la cordura y la locura. Con un objetivo claro: “partiendo de un material ajeno, ser más personal que nunca”. Para conseguirlo recurre a un lenguaje mucho más directo, más humorístico y desde luego más actual, que le ayuda a que los distintos relatos fluyan y confluyan de un modo eficaz y brillante. Además, el relato ideado por Remón deja de ser lineal; de hecho, empieza por el final, es decir, por el tercer acto de Lorca. Y se enriquece con una trama paralela en la que introduce algunos datos autobiográficos de su niñez, que encajan a las mil maravillas con la historia principal.

El trabajo del director resulta formidable, pero no funcionaría como lo hace sin el excelente trabajo de los tres actores que intervienen en ella. Esta es otra de las diferencias con el original. Remón ha reducido el número de actores a tres y hace que cada uno de ellos interprete a varios personajes.

Por un lado, tenemos a Francisco Carril, que hace el papel del anotador, una especie de alter ego de Remón que se encarga de contarnos los motivos que le han llevado a realizar la adaptación de la obra, que se dirige al público, que comparte con él sus dudas y sus deseos. Pero, además, en distintos momentos de la representación, se desdobla en otros personajes: un joven hijo de una conocida de la familia que se ha disfrazado para una fiesta ambientada en los ochenta con un viejo vestido de su madre, o el primo de Rosita que está a punto de marcharse a Argentina…

Fernanda Orazi, por su parte, hace de Rosita, la protagonista de esta historia, pero también de Rosa, una filóloga brillante que resulta ser la mujer del anotador, y de una tía Carmen sencillamente entrañable. La actriz pasa en tan solo un parpadeo de una interpretación a otra, del acento gallego al argentino, de la risa a la lágrima y de vuelta a la risa.

Manuela Paso es la tercera en discordia. Interpreta a Petra, una genial criada rumana que ha desarrollado una versión propia del castellano, pero también a la madre del autor, que se aparece en forma de fantasma póstumo, y a una formidable tía Pilar.

La escenografía que propone Mónica Boromello, tres sencillos paneles frontales de grandes dimensiones que se transforman, como por arte de magia, en otros tantos espacios de lo más cotidianos, como el salón de casa de doña Rosita o los juncos junto al estanque, resulta de lo más original y efectiva.

La iluminación de David Picazo realza o amortigua con acierto la atmósfera según si la escena es más o menos intimista. El vestuario de Ana López Cobos es muy variado, ya que incluye desde un vestido del dieciocho hasta ropa actual, pasando por un vestido ochentero. Por su parte, Sandra Vicente se encarga de la música y del tic-tac que suena de fondo en buena parte de la representación marcando el paso inexorable del tiempo.

En definitiva, una adaptación del clásico de Lorca muy personal que quizás no convenza a los más puristas pero que, gracias a su audacia, originalidad y sinceridad, consigue brillar con luz propia.

TEATROS DEL CANAL. SALA NEGRA. HASTA EL 29 DE DICIEMBRE 2019

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