‘El arte mágico’, de André Breton

PEDRO PUJANTE.

“Lo bello es siempre extraño”Baudelaire

Libro de culto y descatalogado desde hacía décadas la editorial Atalanta ha tenido el buen gusto (con mayúsculas) y el acierto de publicar El arte mágico de André Breton. La edición es exquisita: tapa dura, gran formato tipo enciclopedia y fotografías y papel de gran calidad, que hacen de este libro una joya inusual y magnética.

Breton, fundador y máximo exponente del Surrealismo, escribió poesía, ensayo y novela. En este personal estudio sobre arte trató de explicar y analizar las relaciones que se establecen entre lo mágico y las manifestaciones artísticas a lo largo de la historia. Comienza por la Prehistoria hasta llegar a su máxima culminación: el Surrealismo, donde lo fantástico acaba por ser subsumido por lo real. Sostiene Breton que desde sus orígenes el arte y lo mágico mantienen estrechas relaciones. Desde el intuitivo azar que guía las primeras tentativas artísticas hasta la poesía de Novalis.

El arte es, y ha sido, vehículo de expresión de ideas intelectuales, de emotividades y de inspiraciones místicas. Objetos de poder, pinturas religiosas, figuras totémicas: el arte está construido desde la magia o carece de valor. El arte nos invoca, nos interroga y en ocasiones se muestra indescifrable (El Bosco, Da Vinci), y por eso mismo nos sigue provocando admiración y deleite: porque nos cuestiona sobre asuntos que están más allá de nuestra razón, más allá de nuestra consciencia. Breton destaca, de hecho, ese arte que ha mantenido una oposición directa con la racionalización y la tiranía de la técnica. Un arte instintivo, no cerebral, en contraste con ese otro “arte de lo tangible”.

Considera Breton que al comienzo del siglo xx es cuando el arte rompe con el “mundo de la apariencia” y emprende un regreso al “arte antirrealista”, de origen mágico. Pinturas como las de Giorgio de Chirico evocan el enigma y “operan por medio de la conmoción”. De hecho, este libro realiza un estudio diacrónico, que va desde la Prehistoria, deteniéndose en la Antigüedad, la Edad Media, los tiempos modernos, el Romanticismo y culmina, precisamente, en el Surrealismo (donde se recupera de nuevo la magia). 

En la Prehistoria hay un tipo de actividad artística utilitaria cuya magia está dedicada principalmente a la caza y a la fecundidad. Es comprensible que aquellos oscuros y primigenios días fueran también el caldo de cultivo ideal para que emergiesen mitos y dioses maléficos. La oscuridad fue entonces “el primer resorte de la consciencia mágica”. Son deliciosas las páginas que dedica a recorrer el chamanismo, los grandes megalitos o el bosque como origen de la arquitectura. Las cuevas (por su disposición casi circular, su penetración subterránea…), explica, son la arquitectura ideal para que la magia se produzca. En la Edad Media se detiene en la brujería, en los talismanes y en El Bosco, uno de los precursores del Surrealismo. Y en la Antigüedad, en Egipto, Mesopotamia (con el Gigamesh como obra mágica por excelencia), Creta, Roma y el Celtismo. El Romanticismo es, a mi entender, tratado con poco interés. Aunque se detiene sobre todo en las pinturas de Goya, quien como dijo Baudelaire su gran mérito consiste en crear lo monstruoso verosímil. 

Muy interesante me ha resultado el capítulo dedicado a las ilusiones ópticas, destacando obras como Los embajadores, con ese juego visual de una calavera, y a Paolo Ucello, el primer precursor surrealista o al “daliniano” Arcimboldo. Los juegos ópticos son una de las formas de las que se ha valido el arte para mostrar lo imposible, ya que como dijo Escoto Erígena “crear y ver son un solo y mismo acto de Dios”.

El recorrido de este singular, personalísimo y fascinante estudio sobre la magia en el arte (o el arte en lo mágico) no podría sino concluir en el Surrealismo, por su capacidad para renovar la naturaleza misma del arte. Con el Surrealismo se produce un regreso a lo primordial, a los orígenes, a lo intuitivo, se toma conciencia de un estado mágico del ser a través del arte. Se pregunta Breton, ¿conseguirá el encantamiento (del arte) esquivar lo intelectual? Esa vuelta a la magia (esta vez cotidiana), al caos, a la puesta en circulación de objetos surrealistas (nuevos amuletos), el azar objetivo, los sueños como material de trabajo y en definitiva, la “liberación sin condiciones del espíritu” no son sino la constatación de una necesidad de dar rienda suelta al instinto natural del hombre, una necesidad por (re)encontrarse con su magia y con su versión material y estética: el arte.

Se cierra el volumen con una batería de preguntas a diversos y eminentes artistas, pensadores y escritores sobre el arte mágico, como César Moro, Julien Gracq, Pierre Klossowski, Maurice Blanchot o Martin Heidegger y entre otros.

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