Al habla con el escritor José Luis Muñoz

PILAR M. MANZANARES.

En El viaje infinito, Roberto Luis Wilcox parece predestinado por su nombre; su padre, un hombre de saber enciclopédico y bon vivant de ascendencia británica, se lo puso en homenaje al gran escritor Robert Louis Stevenson, y como él tendrá una salud frágil durante su infancia, viajará por medio mundo y será escritor, aunque no de éxito, sino maldito. Su autor José Luis Muñoz disecciona en Culturamas esta fascinante obra.

1. ¿De dónde nace este libro?

El viaje infinito es un libro de cocción lenta. Empecé a escribirlo hace algunos años. Quería contar la vida del personaje principal, que tenía otro nombre del mismo modo que la novela otro título (La habitación del hotel) a través de sus viajes, centrado en las habitaciones de los hoteles que lo habían visto pasar. El libro empieza con el protagonista que tiene unos pocos años y termina en el ocaso de su existencia. Los primeros viajes son con su familia, con su hermano y su padre, y luego con su mujer, con las sucesivas relaciones sentimentales, de modo que el libro también es un itinerario erótico sentimental. En un primer borrador era casi como un libro de viajes. Luego me decidí introducir en el libro la literatura, los libros y los autores que me habían marcado cuando era pequeño, las novelas con las que había viajado, cuyos escenarios reencuentra el personaje muchos años después. En un momento determinado decidí que fuera también un homenaje a uno de mis autores favoritos, a Robert Louis Stevenson, y de ahí salió el cambio del nombre del protagonista: Roberto Luis. Cuando lo empecé a escribir algunos de los destinos del libro no los había realizado, así es que incorporé un viaje a la India, país fascinante, y a Birmania. Birmania, y concretamente el puente de teca de U Bei, es un punto de inflexión en la novela. Cuando viajo, otra de mis pasiones, hago miles de fotos de paisajes, monumentos, rincones y personas que me sirven luego para recrear ambientes ficticios. La imagen del puente de U Bei sirvió como portada del libro.

2. ¿Qué le hace especial?

No estaba previsto que fuera mi libro 50. Ni que su publicación coincidiera con esta espantosa pandemia que nos ha forzado a cambios drásticos en nuestro día a día. Es un libro muy personal porque buena parte de él está hecho a partir de retazos de mi propia vida. Hay novelas que son más personales que otras. Ahí incluiría Patpong Road, una novela que bajo la envoltura de novela erótica es una reflexión vital y profesional, y La manzana helada, sobre la ciudad de Nueva York. 

3. Habrá partes que te costaría escribir…

El final. Lo reescribí varias veces. El final inicial acababa en el mar. No me acababa de convencer. Finalmente creí que puesto que la novela era un homenaje a Robert Louis Stevenson, debía terminar en Samoa, ante la tumba del escritor escocés. Todo el libro es una progresión, y quería, para hacerlo más original y entretenido, utilizar diversas texturas literarias: cartas, diarios, postales, reflexiones en primera persona, relatos en tercera. El estilo de los primeros capítulos es más sencillo. Redacto desde el punto de vista de un crío, y con su lenguaje. Era importante que el lector asistiera al crecimiento vital del protagonista a través de los sucesivos capítulos del libro. Eso era complejo porque debía utilizar en su redacción diversas voces narrativas. 

4. ¿Fue complicado el proceso de creación y edición?

La edición del libro fue laboriosa. En el momento final, cuando la novela debe entrar en imprenta, corrijo de forma compulsiva y nunca estoy satisfecho. Había fallos de récord de los que no me había dado cuenta. Algunos diálogos rechinaban. Algunas partes del libro eran redundantes y me sobraban. Bohodón Ediciones, una de mis últimas editoriales, además de muy profesional es muy paciente conmigo. Hasta que no doy el okey definitivo me permiten corregirlo una y otra vez.

5. ¿Qué encontramos de ti en este libro?

Suele decirse que los escritores escriben siempre sobre sí mismos. Eso no siempre sucede, aunque en los personajes de mis novelas siempre hay algo personal. En este caso puedo decir que es casi un libro testamentario. El protagonista es un escritor, aunque sólo haya publicado un solo libro, está peleado con el mundo y consigo mismo y decide huir a través del viaje. Me apasiona viajar. Así es que el libro es un homenaje al viaje en contraposición al turismo, que es algo muy distinto. Soy un enamorado de Extremo Oriente, así es que el lector viajará a través de sus páginas a Hong Kong, Bangkok, Birmania, Singapur, India, Sulawesi…Ficción y recuerdos se entrelazan constantemente en la novela. Yo, de pequeño, como el protagonista de El viaje infinito era un niño enfermizo que soñaba a través de los libros y los programas de sesión doble de los cines de barrio. Sommerseth Maugham, Vicki Baum, Pearl S. Buck, Jack London o Josef Conrad forman parte de este libro y de mi imaginario literario. El viaje infinito gira sobre ese gran viaje maravilloso que es la vida. Es un libro que sería imposible escribir con 30, 40 o 50 años.

6. ¿Cómo definirías tu escritura?

Mi escritura me la han definido como sensorial. Los lectores experimentan calor, sed, deseo, odio a través de las páginas de mis libros. Mi escritura es muy visual. Siempre digo que soy un director de cine frustrado. El sexo también está muy presente. Haber ganado el premio La Sonrisa Vertical imagino que me predetermina a ello. De todas formas estoy encasillado fundamentalmente como escritor de novela negra porque es un género muy versátil con el que comparto esa mirada oscura y critica de la sociedad. El viaje infinito no es una novela negra aunque el lector pueda encontrar guiños del género en algunos capítulos.

7. Y ¿a ti como escritor?

Como escritor soy inquieto y comprometido con todo lo que sucede a mi alrededor. Mi inquietud me lleva constantemente a cambiar de registro en cada una de mis novelas y pasar del género negro al erótico, de éste al histórico, del histórico al terrorífico y haciendo muchas paradas en el fantástico. Como autor de relatos (he publicado cinco libros) soy cortazariano, sobre todo. Como autor de novela negra, me considero thompsoniano, admirador y seguidor de Jim Thompson, uno de mis escritores de cabecera. Aunque comprometido, odio el maniqueísmo, incluso en las dos novelas que he escrito sobre la barbarie nazi, El rastro del lobo y El mal absoluto que acaba de reeditarse en Ilíada Ediciones de Berlín. Considero al lector lo suficientemente inteligente para deslindar lo narrado del narrador. De la ficción me apasiona fundamentalmente todo lo psicológico, la creación de los personajes, y las atmósferas. 

8. ¿Dónde encuentras la inspiración?

La inspiración la puedo obtener de poner la oreja en la conversación de un bar o de viajar. De cada viaje suelo venir con una novela bajo el brazo. Hay ciudades y territorios que son extraordinariamente inspiradores a la hora de montar una ficción. Sobre Estados Unidos tengo un buen puñado de novelas porque es un país que he recorrido y en el que tengo familia directa. No me gusta su forma de vida, pero el desarraigo que percibo es muy literario a la hora de crear historias.

9. Supongo que toda esta pandemia que vivimos te habrá afectado a la hora de escribir…

La pandemia me ha creado en algunos momentos puntuales angustia, como imagino que a todo el mundo. La muerte de unos cuantos amigos y colegas me ha afectado bastante. Finalmente decidí utilizar la literatura como exorcismo, escribir para espantar el miedo. He empezado una novela que ha ambientado en Alaska, negra, escrita en segunda persona, con elementos fantásticos relacionados con una epidemia global, que espero acabar pronto. Llevo doscientas páginas de momento. Superadas las cien páginas, la novela cobra vida, camina sola.

10. ¿Cómo saldrá el mundo de la literatura de esta crisis?

Con algunos colegas hemos teorizado. La sociedad futura debería primar el tiempo libre. El teletrabajo parece que ha llegado para quedarse. En estos tiempos de confinamiento no sé si han aumentado los lectores. La sensación es que los libros digitales han experimentado un ligero aumento en ventas. Una sociedad más recogida, menos callejera, debería favorecer al libro y a todos los sistemas de entretenimiento. Pero desconfío mucho de este país de escasos lectores y con poco criterio, abonado a los infames best-seller.

11. En tu caso, veremos pronto una nueva tuya novela en las librerías.

En septiembre saldrá una novela histórica que dará que hablar sobre todo en estos momentos de revisionismo: El centro del mundo, una epopeya sobre la gesta de Hernán Cortés en la conquista del impero azteca. He invertido diez años en su escritura. Ha sido mi libro más complejo pero estoy satisfecho de él y espero que los lectores lo aprecien. Hace muchos años escribí para Planeta la trilogía sobre el descubrimiento de América, La pérdida del paraíso (Guhananí, Fuerte Navidad y Caribe) y más tarde El secreto del náufrago, y  el tema de la conquista de México me fascinaba. La originalidad es que la historia la cuento desde puntos de vista contrapuestos, el de los españoles que zurcen alianzas gracias a la indígena Malinche, y la de los aztecas que temen a esos extrañados seres barbados que coinciden con una profecía. Es una novela histórica, de aventuras, muy negra y forzosamente sangrienta. Nuestro complejo de culpa como país colonizador nos ha impedido sacar provecho literario de las mil historias épicas de la conquista de América. Y en 2021 sacaré otra novela negra, épica, sobre dos hermanos bautizados por su padre como Caín y Abel, Brother, lo que da una pista de por dónde irán los tiros. 

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