Las cruzadas, del mito a la realidad. Parte II: La Segunda Cruzada

Por Tamara Iglesias

 

“Cuánto trabajaron nuestros predecesores, los pontífices romanos, por la liberación de la iglesia en oriente. Hemos aprendido de sus relatos y lo hemos encontrado escrito en sus actos. Todavía podemos recuperar lo que es nuestro, todavía podemos actuar como la mano de Dios […]”. Con esta afirmación inició el Papa Eugenio III la bula “Quantum Praedecessores” con la que se proclamaba el 1 de diciembre de 1145 el inicio de la Segunda Cruzada.

¿Qué ocurrió después de la toma de Jerusalén?

Se establecieron cuatro estados en oriente: el reino de Jerusalén, el condado de Edesa, el principado de Antioquía y el condado de Trípoli. Edesa, que era el menos poblado y el más débil, recibió ataques continuos de los autóctonos que culminaron en 1144 con el sitio de la ciudad por parte de Imad al-Din Zangi. Cuando la noticia llegó a Occidente, el Papa respondió con la Segunda Cruzada.

Mapa de los territorios

¿Y tuvo buena acogida esta Segunda Cruzada?

La verdad es que no demasiada, ya que los reyes y nobles habían salido escaldados de la primera y no estaban por la labor de repetir la experiencia. La figura del clérigo Bernardo de Claraval resultó imprescindible para fomentar la participación de los monarcas, especialmente después de lograr la anexión de Luis VII (rey de Francia) y Conrado III (emperador alemán) con su promesa de salvación eterna y gloria histórica. Con ánimos renovados por la buena prensa, la bula volvió a emitirse en marzo de 1146 y, esta vez, los soberanos respondieron positivamente.

Oye Tamara ¿y cómo les fue en Oriente?

Pues… bastante mal, si te soy sincera. Conrado III partió en mayo hacia Edesa con alrededor de 20.000 hombres, siguiendo la ruta de la Primera Cruzada a través del Imperio Bizantino (para lo que fue imprescindible establecer un pacto con el emperador Manuel I Comneno asegurando que no habría agresiones de parte de ningún bando). Sin embargo una vez cruzaron la frontera con Anatolia, se iniciaron los ataques seleúcidas dirigidos por el sultán Mesud I, que arrasaron con gran parte del ejército y provocaron la replegada de las filas alemanas.

En el caso de Luis VII, la marcha se inició el 9 de junio desde Saint-Denis, pasando por Metz y Ratisbona, y su mayor problema fue la predisposición a presentar el movimiento militar como una mera peregrinación. La carencia de un equipamiento adecuado y de víveres, junto al ataque de los seleúcidas en Laodicea, serían determinantes para que el monarca francés decidiera proclamar el Consejo de Acre.

Oye, oye ¿qué fue eso del Consejo de Acre?

Fue básicamente una reunión; verás, las tropas alemanas y francesas se veían muy mermadas y el 24 de junio de 1148 Conrado y Luis se encontraron en Palmarea (Acre), junto con otros dignatarios cristianos para decidir si volvían a casa o establecían un nuevo destino para aquella campaña. Puesto que Edesa no les interesaba realmente (era una ciudad perdida, con pocos recursos y estratégicamente no resultaba relevante) se puso el punto de mira en Damasco que, a pesar de ser aliada de occidente, se convertía en una compensación suficiente a las pérdidas de ambos ejércitos.

Ilustración del sitio de Damasco

¡Que interesante! Cuéntame más sobre el ataque a Damasco

Pues imagínate: comenzaron por asentarse en el cercano pueblo de al-Mizza, donde se reabastecieron y programaron el asedio (efectivo el 23 de julio). Las escaramuzas diarias de los habitantes para hacerles retroceder resultaron inútiles y los cruzados tomaron posiciones al Oeste de la ciudad para iniciar los ataques. Viendo su ciudad acorralada, el emir de Damasco (Mu´in ad-Din Unar) pidió auxilio a las naciones vecinas e incluso sobornó a los espías enemigos para que asegurasen al ejército occidental que debían situarse al Este; esta pérdida de su posición ofensiva y la llegada del gobernador de Alepo (Nur ad-Din, segundo hijo de Imad ad-Din Atabeg Zengi) con sus huestes provocaron la retirada de los occidentales hacia Galilea y la anexión de Damasco a los territorios de Nur ad-Din.

Pues menudo fracaso…

¡Efectivamente! De hecho estas derrotas sirvieron para avivar la reconquista musulmana, unificándose los turcos y fatimíes bajo el mando de un nuevo caudillo: Saladino, sobrino de Nur al-Din, autoproclamado Sultán de Egipto y conquistador de Siria. Tras años de resistencia, la Jerusalén cristiana cayó en 1187 provocando la convocatoria de la Tercera Cruzada.

Pero esa ya es otra historia que os contaré en el siguiente artículo.

 

Para saber más
JOTISCHKY, A.: Crusading and the Crusader States (Recovering the Past). Londres, Routledge, 2013.
TYERMAN, C.: Las cruzadas. Realidad y mito. Barcelona, Ed. Crítica, 2005.
SAEZ ABAD, R.: De la fundación del reino de Jerusalén a la Segunda Cruzada, 1148. Madrid, HRM Ediciones, 2019

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