‘Papeles falsos’, de Valeria Luiselli

Papeles falsos

Valeria Luiselli

Sexto Piso

Madrid, 2020

107 páginas

 

Por Ricardo Martínez Llorca / @rimllorca

¿Es posible amar la literatura? Lo cierto es que el amor es una abstracción y como tal no existe. Existe, eso sí, amar y ser amado. La literatura permite amarla, seguramente, pero que ella nos ame será una proyección, un deseo, un hallazgo, un sentimiento que se corresponde a un encuentro y la principal característica de este encuentro es la felicidad. Se trata de una felicidad bastante completa, pues añade sosiego, añade entereza, añade aquello que nos falta, sea esto lo que sea. Como compañía, la literatura tiene la ventaja de permitirnos cerrar el libro que no nos hace felices. Existe, por tanto, una categoría de libros que será la imprescindible, la de alto calado, y ésta es la de los libros felices.

Valeria Luiselli (Ciudad de México, 1983) tiene claro que los libros de Joseph Brodsky deben hallarse entre los que nos harán felices. Al menos aquellos que, como Marca de agua, hacen referencia a Venecia, esa ciudad donde los mitos habitan hasta en las miasmas. Las constantes referencias que circulan por éste Papeles falsos, tanto a Brodsky como a otros autores, hacen de este libro, que es viaje y es sentimiento, cobre un tono metaliterario. El equilibrio a que se somete Luiselli, y del que sale triunfante, es el de conseguir que una falsa metaliteratura no impida que se imponga la poesía de la vida. Los textos son poéticos, están elaborados con el mimo de quien adora las palabras. De hecho, parte de ellos están dedicados a los idiomas, a la lengua, al sonido de las palabras.

La sensación que da es la de asistir a viajes en la que el autor nos regala una mirada de poemas en prosa. La sensibilidad se impone, por encima de una cierta tentación de ensayo, como muestra esa tendencia a resistirse a las definiciones precisas. Luiselli visita cementerios, habla de mapas, retrata a los ciclistas como los nuevos flaneurs, se entrega la saudade y a la emigración, considera a los escritores como el corazón vacío de la ciudad, coloca a las mudanzas como una connotación inequívoca de urbes y da por supuesto que existe un vínculo estrecho, con dos sentidos, entre las ventanas y la privacidad. Hemos mencionado a Brodsky, pero tampoco debemos olvidarnos de Pessoa, un escritor que ha marcado toda la literatura posterior a su presencia. Papeles falsos tiene bastantes puntos en común con el Libro del desasosiego, principalmente en el tono lúcido y sereno.

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