‘El visitante’ y la línea que separa la realidad de la ficción

PILAR M. MANZANARES

La novela de Jon Vendon, El visitante, tiene como protagonista a un héroe anónimo. Un misterioso desconocido, que impide un atentado en una sinagoga de Jerusalén es detenido.

Los agentes Harel y Belmacher, responsables de la investigación, son incapaces de identificar al individuo, al que apodan “el visitante”; también descubren hechos inexplicables sobre el héroe: habla una lengua extinta, provoca misteriosos fenómenos y se comporta como si fuese el Hijo de Dios. ¿Quién es en realidad el enigmático visitante?

Las tramas secundarias lejos de alejar la atención de la principal, más bien la enriquecen. Es una novela que aborda problemas geopolíticos y sociales de la actualidad, pero también humanísticos, filosóficos.

Esta obra se caracteriza por la perfecta mezcla entre la realidad con la ficción y juega de manera hábil con las creencias religiosas. Aquellas que se quieren inculcar a los demás como verdaderas y que, sin embargo, despiertan dudas y levantan suspicacias entre muchas personas.

La cantidad de datos aportados son un claro ejemplo de la investigación que ha llevado a cabo este escritor, hasta el punto de hacernos dudar que es real y que parte de su imaginación.

Vendon logra de manera magistral una novela de entretenimiento al más puro estilo Stepehn King.  Ha conseguido lo que quería, una narración de intriga y suspense que gusta, que se erige sobre un teoría descabellada y, sobre todo, que no dejará indiferente al lector.

Sin lugar a dudas, estamos ante un thriller trepidante, con giros que se salen de lo establecido y que permite explorar los límites done la intriga y la reflexión van cogidas de la mano.

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