Jesús Carrasco: «‘Llévame a casa’ es la mirada del hombre que soy en este tiempo»

FRANCISCO JAVIER INSA.  @fjinsa

Con esta segunda novela, Jesús Carrasco despliega su voz narrativa de una forma extraordinaria, atrapando al lector desde la primera página. Con una prosa directa, eficaz, y precisa obliga al lector a hacer una necesaria parada para volver a releer un párrafo, una frase, una página o deleitarse de nuevo en el mensaje, en la escena, en la musicalidad de su estilo. El lector se debate entre hacer una pausa y degustar ese sabor que permanece en el paladar al final de cada capítulo, el lasting flavour que dirían los ingleses. Verdades que te dejan sin respiración por su crudeza y su desnudez. No hay maquillaje ni tramoya, sino claroscuros, que todos tenemos, sin excepción. Una continua encrucijada para el lector; no puede dejar de leer, pero a su vez no quiere llegar al final.

Interperie lo consagró como uno de los debuts más deslumbrantes del panorama internacional. Sinceramente, con Llévame a casa, además de consagrarlo como un imprescindible en la literatura española, muchos lectores nos preguntamos dónde nos va a conducir Jesús Carrasco.  Hoy nos acompaña en Culturamas y lo mejor es preguntárselo:

1.- En esta novela, nos adentra en la crudeza del mundo rural y sus particularidades,pero, por encima de todo, los conflictos a los que se enfrentan los personajes. ¿De dónde surge la novela?

La novela surge de mi propia experiencia, de lo que observo. No me refiero a que yo haya sido cuidador de una madre diagnosticada de Alzheimer. Esta novela ofrece la mirada del hombre que soy en este tiempo que vivimos. Alguien que ve cómo sus mayores envejecen y que es cada vez más consciente de lo que significa cuidar y de la injusticia que supone que ese cuidado se cargue, mayoritariamente, sobre los hombros de las mujeres.

2.- No voy a privar al lector de frases, párrafos que te dejan sin respiración por su verdad y su crudeza. La novela gira en entorno a la muerte del padre del personaje principal y cómo esa muerte transforma su realidad y la de su entorno. ¿Cree que es necesario «guardarle luto al pasado”? ¿Qué poder le otorga usted al pasado en su vida?

El luto era, grosso modo, lo que ahora llamamos duelo. Es, como sabe, un proceso que, entre otras cosas, permite superar una pérdida. Yo no siento el pasado como algo que superar sino como algo de lo que aprender. Está ahí y la única forma de operar sobre él es extrayendo conclusiones que iluminen el presente y el futuro.

3.- Hay miedos en esta novela. Miedos ancestrales que se heredan de una generación a otra, ante los cuales, los personajes se revelan. ¿Es justo que nuestros padres esperen de nosotros lo que hicieron ellos con los suyos? ¿A qué teme Jesús Carrasco?

No creo que sea justo. Su mundo era uno y el nuestro otro. En términos generales no creo que sea justo exigirle a tus hijos que se hagan cargo de ti renunciando ellos a sus propias vidas. Cada familia, es bien sabido, es un espacio singular. Es cada una la que tiene que ponderar qué es lo justo o qué es lo deseable. Hay padres que anhelarían ser cuidados por sus hijos y hay padres que no quieren que sean sus hijos los que se ocupen de ellos. En cuanto a mis temores, el poder de la ignorancia ocupa uno de los primeros puestos. La ignorancia, real o pretendida, no contempla los matices. Para el ignorante las cosas son blancas o negras. Y la vida raramente es así.

4.- Cuando leo una novela, busco un nuevo título, un titular, pero, reconozco, que he ido variando cada veinte páginas. Uno de ellos ha sido: “Yo también tengo derecho a seguir mi camino”. ¿Cree que el destino es ineludible o siempre hay una alternativa?

Habría primero que precisar qué es lo que entendemos por destino. Si estamos hablando de una suerte de predestinación mágica, según la cual el futuro está escrito, diré que no comparto esa idea. Si estamos hablando de las condiciones de vida de cada ser humano y cómo esas condiciones abren o restringen el horizonte vital, ahí sí que estoy de acuerdo. La puerta del ascensor social se abre más fácilmente si hablas tres idiomas, tienes un máster en una universidad americana de prestigio y no has tenido que perder tiempo de estudio repartiendo comida a domicilio.

5.- A través de sus descripciones, he vuelto a la ciudad de Edimburgo, sus calles, sus parques… una ciudad que adoro y a la que no me canso de viajar. ¿Por qué Edimburgo?

Porque es una ciudad en la que he vivido intensamente. Una ciudad, por lo demás, de la que es fácil enamorarse. Es tan bella y tan exótica, que te deja rendido. Esa es mi experiencia como extranjero allí, lo que no me impide reconocer que es y ha sido una ciudad dura para muchas personas.

6.- En la novela define usted el “amor atómico” (no revelo nada más, porque no quiero privar al lector de la precisión de su definición). ¿Lo ha sentido alguna vez o lo siente usted ahora?

Sí, claro que lo he sentido y lo siento. Sin revelar nada de la novela aclaro que esa imagen, la del amor atómico, alude a esa capacidad última del amor de penetrarlo todo, de llegar hasta el fondo mismo del ser.

7.- La novela pone sobre la mesa, sin tapujos, las crudas revelaciones a las que llega cada personaje en momentos y viajes interiores diferentes. ¿A dónde le ha llevado la novela o en qué se ha basado para plasmarlas tan nítidamente?

Como decía al principio, es pura observación del día a día, seguida de un proceso de reflexión. Pero lo primero es siempre ser consciente de lo que sucede alrededor. Parece una trivialidad lo que digo pero no es sencillo, en absoluto. La realidad que nos circunda es tan compleja como nuestra capacidad para observarla. En un plano científico, por ejemplo, se puede observar hasta la estructura atómica de la luz que entra por una ventana. En un contexto emocional, como el de la novela, esa penetración en la realidad a través de la observación, lleva a los personajes a descubrir pequeñas maravillas y también pequeñas ciénagas en un flan de huevo.

8.- Hay un momento de la novela en el que menciona “el Everest familiar”. ¿Cuál sería su Everest?

Mis máximos logros como ser humano, los puntos álgidos de mi vida son emocionales. Están todos relacionados con personas a las que quiero. Y soy muy celoso de mi intimidad, así que permítame que deje en este punto mi respuesta.

9.- Tras el éxito de Interperie, tiene que dar vértigo volverse a enfrentar a un folio en blanco. ¿Ha sentido ese vértigo? ¿Ese miedo a no estar a la altura?

Este libro, Llévame a casa, viene, precisamente, tras haber superado (o eso creo) el vértigo que me produjo Intemperie. En todo caso, el éxito o el miedo al folio en blanco son experiencias cargadas de subjetividad. ¿Qué es estar a la altura de Intemperie? Yo, desde luego, no lo sé. A mucha gente le gustó el libro, a otra mucha le resultó aburrido, o prescindible, o sobrevalorado. Yo también tengo mi propia opinión sobre el libro y a veces, esa opinión varía. Desde dentro soy el menos capacitado para determinar la «altura» de algo que he escrito yo. Ni siquiera creo que sea posible precisar esa supuesta altura.

10.- Durante la novela, hace al lector recorrer el camino del protagonista (o al menos así lo he sentido yo), mirar hacia adentro y enfrentarse a sus claroscuros; reconocerlos, admitirlos y aprender de ellos. Da la sensación, cuando se está leyendo, por la precisión del lenguaje, la claridad y crudeza de las revelaciones que usted mismo ha recorrido ese viaje para transmitirlo tan fielmente, ¿ha sido así? ¿De dónde surge esa clarividencia?

Si hay alguna clarividencia, insisto, surge del hecho de observar lo que sucede alrededor y dentro de uno mismo. Es una posición curiosa la del observador. Se parece al juez de silla en tenis. Está ahí, por encima del juego, sentado en la mejor butaca del estadio, la que le permite ver mejor que nadie lo que sucede en la cancha. Ni el presidente de la República Francesa tiene un sitio así en Roland Garros. Cada uno de nosotros tiene, o debería tener, la mejor butaca de su propio estadio. Lo único que hay que hacer es permitirse ese tiempo para ver lo que sucede en la vida con la distancia del juez de silla. Y sé que la vida contemporánea no deja muchos huecos, pero no hace falta demasiado tiempo para darse cuenta de si hay polvo o no sobre una mesa. O sobre uno mismo, metafóricamente hablando.

11.- Por último, habla de la dificultad de definir los límites personales en la novela, salvo en un personaje concreto, Fermín, en los que sí están claros. ¿Cuáles son sus límites?

Los límites, de momento, son los que me marcan el cuerpo y el tiempo.

      Francisco Javier Insa García


Colaborador Entrevistas Culturamas, articulista en “El Cotidiano», abogado y escritor.

Twitter e Instagram: @fjinsa
+34 633 13 31 73

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