Horacio Otheguy Riveira.
Entre los muchos aciertos de esta novela no está la capacidad de síntesis. El torrente con que vive la protagonista fue novelado con idéntica intensidad, de manera que la autora se ha zambullido en todos los temas urticantes en los que transcurre la historia de una familia con padre muy rico (como en la estupenda Aún no estoy muerta, con la que tiene puntos en común dentro de su vena costumbrista), cuyas puertas interiores se abren tras la muerte del progenitor que todo lo podía, si bien su herencia llegará cargada de sorpresas.
Un novelón de 582 páginas que resuelve con eficacia los aspectos más interesantes, y en otros exige paciencia para seguir el ritmo frenético -a veces reiterativo- pero importante en las «Voluntades» esenciales de Georgia, casi 30 años, bien dispuesta a romper amarras y cortar para siempre el desprecio que padeció tras una violación continuada a partir de los 14 años, con la prepotencia del novio de su hermana, quien miró para otro lado y dejó caer la hiriente situación de que fue la perversa niña la que sedujo..
Una irresistible seductora, tarde a tarde, inmóvil, sorprendida, paralizada por sensaciones desconocidas, siempre sin posibilidad de elección, con esas piernas abiertas que hacían la boca agua de un cretino que ejerce de víctima de la perversa… hasta que, mucho tiempo después, recibe una serie de golpes físicos y psicológicos. En deliciosa venganza.
La autora desarrolla exhaustivamente uno de los conflictos más serios de todos los tiempos, pero que hoy en día adquiere especial importancia ante tribunales al que llegan violadores solitarios o en grupo sobre menores o jóvenes de edad que se da por adulta: el cuerpo vencido de féminas que son atropelladas como si en ello pudiera existir un placer extraordinario, sin necesidad de su complicidad.
En torno a este tema que vuelve a presentarse en la familia, antes y después del funeral del Gran Padre, hay otros asuntos de interés: un hermano alcohólico que, por homosexual, también fue marginado junto a Georgia; una madre adicta a normas burguesas, obcecada y primitiva, y muchos otros personajes que logra poner en su lugar, abominando de prejuicios malsanos y perversiones diversas, con tiempo para descubrir capacidades amorosas insólitas, y sobre todo amar -en muy detalladas sesiones eróticas, a partir de la página 206- en un desfile de placeres femeninos que se colocan allí donde, al fin, la mujer que fue marginada injustamente puede volcarse en el placer con plena vocación de justiciera.
Georgia Carter es un personaje apasionante, con una formación universitaria que le permite afianzarse como experta en el lenguaje no verbal, lo que le facilita detectar mentiras con gran precisión, del mismo modo que afronta sus traumas con valentía, así como en el descubrimiento de un insólito nuevo amor… arriesgarse y ganar.
Cuando el testamento de su padre revela un legado sorprendente a alguien misterioso y desconocido, la capacidad de Georgia de interpretar a las personas se revela crucial para desenmarañar el pasado oculto de un hombre que no dudó en llevar una doble vida, mientras juzgaba, implacable, las costumbres ajenas.

Una portada creada por la mejor amiga de la autora, Emmy Lawless (también con fantástica ilustración en solapas interiores), que bien expone los malabarismos y el arrojo del personaje principal. Algo que se comprende bien hacia el final de la novela.
Jessa Hastings nació en Australia y actualmente reside en el Estado de Tennessee (EEUU) con su marido, sus dos hijos, su precioso y dependiente perro, y sus tres gatos. Pasa gran parte de su tiempo en Londres, que sigue siendo su ciudad favorita del mundo. «Magnolia Parks» fue su primera novela cuyo éxito le ha cambiado la vida y ha dado paso a esta singular Cuestión de voluntad.



