ESPAÑA EN SORDINA
ME FALLÓ UNA NOVIA EN ZARAGOZA

Doña Casta fue mi novia teórica durante meses. Me parecía muy sugestiva, estaba deseando verla. Incluso la puse como pantalla de mi ordenador. Tenía un local tradicional y con personalidad en medio de la Siberia del diseño actual.
Cuando llegué a Zaragoza lo primero que quise fue ir a verla, ya se lo dije a los amigos que nos invitaron a Consuelo y a mí. Le hablé entusiasmado en mitad de la calle y la gente alucinaba.
Pero en los días siguientes no hubo manera de entrar. Un día aún no era la hora, otro día estaba repleto de gente. Otro día una empleada seca me preguntó si tenía reserva. Lo intenté repetidas veces y no hubo manera. Al final entré en otro sitio cualquiera de El Tubo, el barrio de las tabernas, y me tomé un vino con sencillez. Doña Casta me pareció demasiada estirada e infatuada. Me decepcionó.
Le pasó como al escultor Francisco Leiro (al que conocí sin fama): cuando se hizo muy famoso empezó a hacer tonterías y ya no se podía hablar con él.
En cambio, Zaragoza entera me sorprendió en sentido contrario, y ahora casi es mi novia. Pensaba en ella como una ciudad estirada y rígida. Muy militar, muy épica, muy heroica. Su Plaza del Pilar despampanante compite con la Plaza Roja de Moscú. Especialmente me daba miedo el clasicismo rígido de la basílica del Pilar. Me atraía más la Seo gótica.
Pero encontré que la iglesia del Pilar es mucho más acogedora de lo que creía. Está abierta desde las cinco de la mañana y es gratis. Y tiene rincones muy acogedores. En especial hay una capilla con un Cristo muy expresivo. Y uno se siente muy acogido. En cambio, la Seo tiene una entrada muy cara y un horario muy rígido. Y está bien, especialmente el retablo gótico con pinturas de no recuerdo quién, pero no es para tanto.
Y la ciudad me parecía adusta y demasiado seria, pero el barrio del Tubo está lleno de callejuelas laberínticas y de rincones pintorescos. May un montón de sitios informales donde se toman tapas muy amistosas. Se está en sombra y fuera de los grandes espacios apabullantes. No me extraña que por allí encontrara el gran poeta Juan Eduardo Cirlot sus simbolismos esotéricos.
Y junto al río se ven los grandes monumentos por detrás a través de las ramas de los árboles. Igual que en Notre Dame de París lo mejor es la parte de atrás con ese ábside lleno de arbotantes que me arrebata. Incluso el Puente Romano no parece tan imperial, especialmente si uno baja a retiros callados junto al agua.
Incluso Augusto en una plaza algo secreta detrás de la plaza enorme no parece tan augusto, parece un amigo olvidado con mucho que contar. Sobre todo ahora que nuestra sociedad quiere tener alzheimer y elimina la Historia de los estudios. Parece algo melancólico y la melancolía, que es lo contrario de la prepotencia, se presta a escuchar. Está ahí tan sincero junto a unas ruinas de la muralla y un pub irlandés.
No digamos las excursiones a brujas y poetas que se pueden hacer desde Zaragoza. Ahora Zaragoza es casi mi novia.
ANTONIO COSTA GÓMEZ
FOTO DE CONSUELO DE ARCO

