Por Yordan Arroyo.

Hoy apareció públicamente la siguiente noticia: Sergio Ramírez Mercado, el así llamado “último intelectual de Centroamérica”, de manera laudatoria por el escritor costarricense Carlos Cortés (su compañero de Centroamérica Cuenta y de Alfaguara), es candidato a ocupar la silla “L” de la RAE, que dejó vacante el escritor Mario Vargas Llosa, usualmente criticado por quienes idolatran a Ramírez Mercado, dando lugar a un duelo propio de perspectivas políticas (usualmente de izquierdas y derechas).

Y aquí, lo de derechas e izquierdas es, como siempre, una tontería más, pues a la ambición por el poder poco le importa eso. Recordemos que Ramírez Mercado tiene enlaces somocistas muy conocidos en Nicaragua: su padre, Pedro Ramírez Gutiérrez, ejerció varios periodos como alcalde de Masatepe y su madre, Luisa Mercado Gutiérrez, fundó y dirigió el Instituto Nacional Anastasio Somoza García, donde su hijo, quien hoy se vende en España como un pobrecito exiliado (no entiendo muy bien lo de España, tras tener que tragarse este cuento, así como el de la leyenda negra, a través de la cual países como México le siguen exigiendo que pida perdón), se graduó de bachiller, en 1959.

En palabras de Amalia del Cid, en su artículo “Sergio, el gran mentiroso” (2014), la familia de Ramírez Mercado: “era liberal zelayista y respaldaba a los Somoza. Incluso, don Pedro fue alcalde del pueblo y doña Luisa directora del Instituto Anastasio Somoza” (párr. 20). Allí mismo se abstiene de criticar al dictador Daniel Ortega.

Ahora bien, la noticia de esta mañana me recuerda que la RAE rechazó, recientemente, la candidatura de Luis Alberto de Cuenca, quien cuenta con un perfil idóneo, si por méritos y excelencia fuera, para ser parte de tal institución: escritor, traductor, editor, crítico literario, entre otras destrezas. Un nombramiento de ese tipo hubiera sido de gran altura para tal institución, por ser de Cuenca, una de las mentes ilustres más notables, en el área de letras, que quedan vivas en España, heredero de unos tiempos educativamente muy distintos a los actuales.

Dicho esto, podríamos pensar que quizás Ramírez Mercado también será rechazado (con diferencias notables entre ambos escritores). Aunque, más que un nombramiento es válido analizar el sistema y sus dinámicas operativas. No sabemos bien del todo quién ha nombrado tal candidatura. En “El País” apuntan los nombres de Santiago Muñoz Machado, Víctor García de la Concha y Luis Mateo Díez). Tampoco sabemos a ciencia cierta qué intereses existen detrás.

Varias preguntas saltan a la vista con este tema: ¿estará la mano peluda de su muy buen amigo, el director del Instituto Cervantes, quien ha llegado a atacar al propio Muñoz Machado? ¿Existen intereses comunes entre quien se muere por estar dentro: el poeta de la experiencia blanda, como lo llamó otro miembro de la RAE, Álvaro Pombo, y el piñatero, como lo llaman muchos ciudadanos nicaragüenses?

Por otro lado, ¿alguien sabe por qué cerraron la Academia Nicaragüense de la Lengua y si Ramírez Mercado tuvo algo o todo que ver con ello? ¿Será que hubo alguna rencilla personal y alguien actuó como un sicario cultural o un gánster de las letras, para desquitarse? ¿Será el escritor nicaragüense el caballo de Troya del poeta español? Estas últimas tres preguntas son especialmente necesarias, digo, porque no vaya a ser que suceda algo parecido en la RAE, y a alguien le corresponda el papel de Caín y a otro el de Abel. Estas cuestiones suelen suceder, no solo están en la Biblia y en la Ilíada. ¡Cuidado!

No olvidemos que recientemente, la Academia Costarricense de la Lengua le asignó la silla “N” a Marta Rojas Porras después de que estuviera como jurado de los Premios Nacionales en Costa Rica y defendiera el libro Diccionario del español de Costa Rica de su muy íntimo amigo Víctor Sánchez Corrales, producto de un proyecto en el que ella actuó como investigadora desde 1991. Mientras algunas personas cuestionaban esto, otras aplaudían, algunas de ellas esperando su momento para ingresar.

Al respecto, debemos considerar que dicho libro de Sánchez Corrales terminó siendo premiado (sin la mediación de Rojas Porras no hubiera sido así, pues aparte de ser el único al que le dio nota perfecta, se leyó un discurso de defensa de casi dos minutos, para que dieran el premio compartido). Además, por si fuera poco, Sánchez Corrales era el presidente de la Academia Costarricense de la Lengua en aquel entonces. A los pocos días de hacerse público su premio, se hizo público, también, de manera casi simultánea, el nombramiento de Rojas Porras, a quien se le otorgó la silla que dejó vacante Mía Gallegos, quien decidió alejarse de tal institución, por ciertas actitudes y acciones a lo interno que prefiere reservarse, como poeta cuya mayor convicción es la mística. Algo similar sucedió con Ana Cristina Rossi, quien también decidió retirarse de dicha institución, por razones éticas, dejando vacante su silla “S” a Mario Portilla Chaves.

Todo indica que allí dentro, en la Academia Costarricense de la Lengua, suelen suceder algunas situaciones dudosas y que no todos sus miembros comparten —aclaro—, aunque otros sí, porque precisamente solo les interesa el poder, para convertirlo, si es posible, en un “lobby”. Bueno, pero más allá de esto a la RAE qué le va a interesar lo que hagan o no hagan en Costa Rica. Ellos están ocupados con lo suyo.

Por eso, a José Luis Ramírez Luengo no le queda más que hacer insinuaciones peligrosas contra ciertas personas en redes sociales, sin animarse ni atreverse a poner nombres, a cambio de ciertas “visitas” a Costa Rica y a saber si más, por ejemplo, tal vez la invitación de la Academia Costarricense de la Lengua a un “churchill”. ¡Hay que tener mucho calor o estar muy desesperado de “dulce” como para agacharse, de tal manera, a juntar un “helado”!

Por ende, esperaría que lo que sucede en Costa Rica no sea el caso de España, con respecto a Ramírez Mercado, mucho menos luego de que la RAE rechazara el ingreso de Luis Alberto de Cuenca, algo que me resulta verdaderamente inaudito. Salvo que estén dándole más valor de la cuenta al reciente Premio de Periodismo Ortega y Gasset 2026 que recibió Ramírez Mercado, quizás por uno de los panegíricos dedicado a su fraterno e imbatible amigo, Daniel Ortega, a quien dijo que le escribiría un libro algún día: quizás una apología más larga, a la manera de novela, si le hubiera compartido un poco de su poder. Ahí sí lo entendería, tal vez.

Dicho lo anterior, las palabras que voy a compartir enseguida fueron escritas por el mismísimo Ramírez Mercado, y publicadas el 24 de febrero de 1990 en el periódico “La Barricada”, dirigido por Carlos Fernando Chamorro, un día antes de Ortega perdiera las elecciones ante Violeta Chamorro, tal y como lo apuntó el erudito Jorge Eduardo Arellano, quien es uno de los máximos conocedores de la historia de Nicaragua —la verdadera, no la que venden, principalmente en España, a través de falsos relatos, en su artículo “Oda turiferaria a Daniel”, publicado el 11 de octubre de 2021:

“[…] frente a la multitud sin horizonte que celebraba de antemano la victoria definitiva, diez pasos delante de mí, el micrófono en la mano, caminando por aquel muelle que entraba en el inmenso mar de pueblo el estadista de jeans desteñidos y camisa juvenil que había salido del foso de los leones para conducir tantas luchas y tantas victorias, tras tantos años de cárcel y combates clandestinos, el jefe guerrillero el Frente Norte en Macuelizo y Dipilto que ahora encarnaba, frente a su pueblo despierto, lúcido y consecuente de su nueva victoria, a la Nicaragua invicta que ya no entregaríamos jamás a ningún imperio.

Desde entonces ––puntualizaba–– nació aquella fraternidad imbatible que nos ha unido, una amistad serena y sólida, compañía de más de diez años día a día, noche a noche, madrugada tras madrugada, enfrentando desafíos, dificultades, victorias, viéndolo madurar sin tregua, afinar su sagacidad, desarrollar frente a cada prueba su pensamiento político, todo un sistema de pensamiento entre fuegos y refuegos que es ya historia viva, viéndolo avanzar a paso firme hasta colocarse a la cabeza de esta revolución victoriosa.

El compañero de fórmula del candidato a Presidente de Nicaragua quiere hablar hoy de su hermano de encierros, de su hermano de tantos miles de kilómetros recorridos juntos por todos los caminos de Nicaragua, en dos campañas electorales, en centenares De Cara al Pueblo, en miles de horas de reuniones. Apenas un esbozo, porque habrá un libro algún día. Lo que compartimos: la fobia contra el servilismo, el desdén por la
formalidad protocolaria, el guiño burlón de complicidad frente a la inmodestia y la presunción, el tiro de gracia a la banalidad, horas de silencio en los largos recorridos oyendo a Mozart, o a los Tigres del Norte, nos da igual, enumerando preferencias por la música, las películas o los libros, enhebrando una conversación sin fin sobre la libertad en el arte, las relaciones Este-Oeste y la Perestroika, la religión o el lenguaje popular, barajando cifras económicas, hablando de los tiempos idos, pero sobre todo, de los tiempos por venir. Comer a deshoras, conversar a deshoras, trabajar a deshoras.

Su rostro transfigurado por la dureza ––dureza de puras lágrimas reprimidas al abrazar a una madre que ha perdido a su hijo en la guerra y esto también que quede en las fotografías, junto con su modestia, humanidad e identificación ––alma, vida y corazón–– con los humildes de Nicaragua y los humildes del mundo. El único candidato a presidente de Nicaragua que tendría en mí, a un compañero de fórmula, y el mejor presidente que ha tenido la historia de Nicaragua, para decirlo en pocas palabras. Por eso escribo estas líneas que lo van a sorprender, cuando las lea, ahora, que vamos a votar por la paz de Nicaragua y lo vamos a elegir Presidente” (tomado de Arellano, 2021, párr. 4 ss).

Regreso a la pregunta del inicio: ¿un amigo de Daniel Ortega y de estirpe somocista a la Real Academia Española? Dejo la respuesta al tiempo. Por ahora me marcho hacia donde se encuentran mis mejores amigos, los libros.