Horacio Otheguy Riveira.
Una novela escrita por May R. Ayamonte con varios títulos de género negro ya publicados. En esta crea una protagonista femenina que, seguramente, tendrá secuela.
Barea se desenvuelve entre páginas que gratifican la curiosidad del lector ante una intervención en el corazón que permite pequeñas descargas eléctricas ante la menor descomposición –empezó a implantarse a partir de 1980 en EEUU y Europa–.
Esta desfibrilación incorporada en el cuerpo, en su vida cotidiana, adquiere ribetes muy inquietantes por tratarse de un mal hereditario, porque su muy querido hermano niega el conflicto y rechaza la operación que ella sí acepta, pero con la presión extra de ocultarlo porque dejaría de ocuparse de homicidios, pues la recluirían en un despacho, para “protegerla” de cualquier exceso de excitación. Con esta tensión sobrevive con entereza al pánico que la acecha.
Un vértigo muy sensual
La inspectora Barea tiene la misma dolencia que la autora de la novela, y es, sin duda, un gran personaje. Probablemente no rompe baraja entre las mujeres policía de la historia de la literatura criminal, sin embargo, la riqueza testimonial, psicológica y sexual de su comportamiento va mucho más allá de la búsqueda de un asesino en serie, aunque esta conforma la trama principal de asesinatos más morbosos que crueles, con víctimas hombres y mujeres adormilados con drogas y el misterioso detalle de ir acompañados sus cadáveres por mariposas vivas y muertas.
Un libro excesivamente largo, con repeticiones típicas de novel que teme que no le entiendan e impropias de una escritora ya avezada. Pero ahí está la inspectora Barea para socorrer a Ayamonte: ambas remontan con fuerza cada vez que la narración amenaza con romperse. Y es la elaborada construcción de una mujer con cardiopatía (operada para incorporar a su corazón un desfibrilador automático, que ante la menor crisis puede recibir ese autoauxilio… o fallar…). Convive con el lema de un buen policía: La valentía siempre va acompañada de una buena dosis de miedo. Así, valiente y temerosa sobreponiéndose con energía suficiente al terror de tener un ataque sin que nadie la ayude (por eso no conduce nunca sola), capaz de comprender la sutil relación entre el músculo sin el cual no puede vivir y la presión de sus intensas emociones: esa forma delirante de seguir amando al marido del que se separó y la corriente sexual que la empuja a regresar a él, un dilema que también al hombre le corroe, por eso han tenido eventuales relaciones íntimas a lo largo de cuatro años.
Sexualidad plena, convivencia imposible.
Barea empieza a amar a Bruno, su muy complaciente amante, enfermero que la cuidaba en el hospital, y que juega todas las cartas que ella le entrega del solo sexo cuando se le antoje camino del enamoramiento paulatino…
Afrontarlo todo es una constante de Barea, solo por seguirla de cerca vale la pena acompañarla hasta el final de esta búsqueda de El latido de las mariposas, no como ingenioso policial en la majestuosa ciudad de Granada, sino como crónica de un gran personaje que. en la muy interesante recta final se enfrenta a un tema que desconocía, y del que aporta muchos datos valiosos sobre la explotación de los Vientres de alquiler.
«El autobús la dejó en Gran Vía y caminó hacia su casa con paso rápido. El sol empezaba a descender y el cielo se teñía de rosa. Aún quedaba una hora para que tuviera que acercarse al bar donde había quedado con el enfermero. Nada más entrar en el piso, se dio una ducha de agua fría y dejó que el desagüe se llevara parte de la ansiedad. Intentó no pensar en el giro que había dado la investigación, y después se enfundó un vestido de verano ceñido que mostraba sus curvas con descaro, con una abertura en V que acariciaba su piel. Al recogerse el pelo largo rizado en una coleta, dejó al descubierto un escote de vértigo que robaba el aliento…».
—Tienen un mariposario realmente bello. Entrar aquí es como recorrer las páginas de un cuento.
—Ha sido un trabajo de años, pero tenemos los mejores profesionales para que nuestras mariposas estén bien cuidadas. ¿Sabe? Aquí cada día es diferente, pues nacen nuevas mariposas y el jardín cambia en cuestión de horas…
May R. Ayamonte. Graduada en Estudios Ingleses con dos másteres en Enseñanza y Literatura con Perspectiva de Género; empezó a escribir con doce años y desde entonces no ha parado. Reside en Granada, la ciudad en la que se ambientan sus últimas novelas negras. Actualmente se dedica a dar charlas de fomento de lectura en colegios e institutos, a dar clases de escritura creativa y a escribir. Tiene hasta la fecha trece novelas publicadas, cuatro de ellas en Contraluz: ‘Las niñas salvajes’, ‘Las aguas sagradas’, ‘Los hijos malditos’ y ‘Lo que oculta la noche’, que tuvieron una gran acogida entre los lectores y la crítica. También escribe literatura juvenil, con obras como ‘Canela y sal’ o ‘Mar profundo’. ‘El latido de las mariposas’ es su última novela.






