Carlos Manzano.
Casi tan complicado como leer una novela de Patricio Pron es escribir sobre una novela de Patricio Pron, sobre todo si nos referimos a su último libro, En todo hay una grieta y por ella entra la luz, publicado en 2026 por Anagrama. Podría empezar diciendo que la narrativa de Pron resulta un tanto disruptiva y arriesgada, aunque no caótica: pasa de un tema a otro con absoluta naturalidad, sin salir del mismo registro, algo así como quien va caminando a lo largo de un paisaje que varía paulatinamente sin que sea casi consciente de los cambios, absorto en sus pensamientos mientras el paisaje se modifica. Pero sobre todo Pron nos habla desde una voz que transita con calma por el laberinto de estímulos que dan forma a la realidad multidimensional que nos rodea, una mirada hasta cierto punto reflexiva (aunque también irónica y en ocasiones solo descriptiva) que a su vez se deja llevar, o que surge de la mera contemplación del espectáculo a veces circense, a veces lastimoso, en ciertos momentos ingenuo, que resulta del simple hecho de estar y ser en el mundo.

La novela empieza siendo un intento de biografía sobre el escritor rumano Benjamin Fondane, muerto en 1944 en una cámara de gas en el campo de concentración de Auschwitz. Pero eso solo durante sus dos primeras páginas. Porque después asistimos a unos interminables pies de página y numerosas y extensas digresiones que tocan temas tan dispares como la creación artística, la crisis ecológica, el paso del tiempo y nuestra relación con él o la búsqueda de la identidad a través de las figuras de quienes nos precedieron, así como muchos otros asuntos que se entrecruzan y se reexponen sin que a veces seamos capaces de identificarlos todos ni de comprender dónde comienzan y dónde acaban. Y en el curso de todo eso también somos testigos de una serie de reflexiones autorreferenciales que no sabremos nunca hasta qué punto reflejan vivencias del propio Pron o de alguno de sus alter egos, entre otras cosas porque en literatura todo es ficción, incluso las autobiografías (especialmente las autobiografías).
En cualquier caso, todo eso da lo mismo. Porque En todo hay una grieta… tan solo exige para ser degustada que el lector se abandone a la exquisita prosa de Pron y se deje llevar, adentrarse en una realidad literaria que a veces apela a nuestra razón y otras tan solo sugiere, pero que siempre resulta seductora, como una manera de encontrarnos con esa mirada desprejuiciada que se sabe presa en una realidad inaccesible y caprichosa ante la que solo queda posicionarse desde una actitud comprehensiva. No hay, pues, argumento alguno que resumir, no hay historia que estructure las 225 páginas del libro. Y sin embargo, al finalizar la lectura, no puede uno dejar de encontrar una escondida coherencia conceptual en lo que se le cuenta, que es mucho, o si se prefiere, una postura existencial con la que no resulta complicado simpatizar. Aunque no sirva como resumen de todo lo que acoge esta novela de Patricio Pron, no me resisto a copiar aquí uno de los muchos párrafos que contiene y que quizá pueda ser de utilidad para alumbrar (o no) por dónde transcurren sus preocupaciones literarias:
«W. insistía en que su obra no debía ser reducida a una simple interpretación; no tenía que ser impenetrable, pero tampoco debía entregarse por completo: su valor, si lo tenía, se encontraba en el espacio en torno a ella que delimitaban la posibilidad de un entendimiento total y absoluto y la de incomprensión radical (…)».

