Una conversación animal

Andrés Cota Hiriart, Gabi Martínez y Mariana Matija

Almadía

Madrid, 2026

225 páginas

 

Por Ricardo Martínez Llorca / @rimllorca

A veces uno tiene la impresión de que para que el corazón de las calderas del infierno no se apague, los humanos tienen que hacer un esfuerzo continuo. Aunque para que no se extinga basta con algo tan sencillo como alejarse de la belleza, dejar que esta se diluya, como se diluye cualquier memoria si no la trabajas en condiciones. Si te congelas, acabas en el caldero, con un demonio armado de un tridente pinchándote las nalgas. Pero previamente pasarás por las deformaciones de la vejez, que es algo que no se combate con cirujanos plásticos, sino alertando a la memoria para que no olvide que no debemos consentir la injusticia. A lo mejor no se requiere desgaste para tomar esta postura, porque no supone envidar a ningún tipo de energía, sino sacar a la luz la sensibilidad que no tiene por qué desgastarse. El mundo nos ofrece una amplia caterva de motivos para endurecernos, pero mantener el amor por lo que merece la pena no es un esfuerzo, sino una bendición, una suerte, una felicidad. A los amantes de Casablanca siempre les quedará París, y a nosotros siempre nos quedarán las flores, las aves, el océano, las puestas de sol y las constelaciones. También Las hilanderas de Velázquez, El clave bien temperado, de Bach, y Deseando amar, de Wong Kar Wai.

Pero nos quedará siempre, para lo mejor, las conversaciones con los buenos amigos y con desconocidos corteses, sensatos y que nos hacen enamorarnos de sus pasiones. Aunque estas tengan la forma de uno de esos animales que representan el mal, el horror, lo feo, como son las arañas. Pero sacar a las arañas de esa mirada, que es costumbre, que es tópico, que está en la línea de crearnos como gente seriada, está a nuestro alcance. Los beneficios de convivir con las arañas se encuentran dentro del marco de los beneficios de convivir con el mundo natural. Ese es el territorio de los tres autores que dialogan en este volumen: Andrés Cota Hiriart, Gabi Martínez y Mariana Matija; un mejicano, un español y una colombiana. De ellos hemos conocido su trabajo en el mundo de la Liternatura o Ecoescritura, o como queramos definirla. La propuesta es la de un diálogo escrito con intervenciones largas, tres por cada una de las partes, a modo de literatura epistolar, en la que las referencias a los otros dos están presentes, pero, sobre todo, en la que cada uno de ellos expone sus inquietudes: Cota Hiriart mirando siempre por la vida de los animales, Gabi Martínez manteniendo su postura de convivencia y respeto activo, y Mariana Matija invitándonos a un descubrimiento que tiene también que ver con los sonidos de las palabras como parte del ecoentorno.

El resultado es un texto sencillo, que se hace necesario precisamente por la facilidad con que nos hacen entender que el mundo sigue siendo un lugar hermoso, o sigue teniendo posibilidades hermosas. Los tres son conscientes de que no puede habitarse un mundo en el que defender durante la vejez las causas justas de la juventud si no tenemos mundo. Para que las calderas del infierno se apaguen, basta con dejarnos llevar por los pensamientos y los sentimientos buenos, en el buen sentido de la palabra bueno. En cualquier caso, ¿de qué sirven que las llamas de esas calderas estén vivas? Las arañas son imprescindibles para una vida digna, pero también las lagartijas que comen arañas. Y los niños que juegan en los columpios.  No es cierto que la vida solo nos enseñe resignación: contra esa inercia nada mejor que hablar con los amigos. Como hacen estos tres autores, que se están ganando nuestro cariño en cada línea que escriben.