
“El arte es la magia liberada de la mentira de ser verdad” (Adorno)… Qué complicada manera de expresar barullos metafísicos. Sencillamente, se puede decir que el arte libera la magia que hay aprisionada en las cosas.
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Hoy puede ser un gran día: puede que en algún lugar del mundo esté naciendo un nuevo Bach.
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“Un cristiano que a la vez sea un artista no existe” (Nietzsche). Pero no tanto porque no pueda hacer afirmación de sí como decía este filósofo, cuanto porque, por su desprecio a las cosas, no puede ver arte en ellas (pues si lo viera, obviamente no las despreciaría). Algo así como ver en la mujer hermosa (sólo) la fuente de pecado… Pero tal vez sí que hay un artista cristiano: quizás Bach, y poco más. (La Capilla Sextina, por referirme al caso más eximio, no es arte cristiano: es arte clásico que recoge temas cristianos).
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En cuanto a la inspiración artística y literaria, reconozco que la noche tiene unos matices y un halo de sublimidad que el día no tiene. Pero a mí me acontece una desgracia (¿quizás suerte?) sobre ello: cuando estoy transfigurado por ese sentimiento, me invade una soñarrera de la leche (porque es de noche, claro)… Nunca podré dejar de ser un mero trozo de carne bautizada.
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Las grandes obras fracasadas en su tiempo tienen precisamente su grandeza en el negativo de luz y color, en la imagen simétrica de las que triunfaron. De ahí la solidaridad y a veces la admiración que despiertan.
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Por fin se ha producido aquella inversión de Sylvain Régis: “Daos a conocer primero, y escribid enseguida, no importa qué”. En efecto, ahora es la popularidad (de la índole que fuere) la que crea al artista. Así que, artistas de toda índole: tirad la pluma o el pincel a la basura y poneos a correr en cueros por la plaza de Cibeles. Veréis qué éxito: podríais salir hasta en televisión.
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Desgraciadamente, el destino de una obra está siempre en manos de los modernos de cada época.
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Toda obra literaria, por fantástica que parezca, tiene carácter autobiográfico: por lo menos, los sentimientos que se expresan han debido ser gozados o padecidos por el autor; de otro modo éste no habría sabido siquiera que existían.
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El poeta no tiene por qué sentir más intensamente que otra persona. El poeta sólo intenta manejar el lenguaje mejor que otra persona que siente. De lo contrario no se podría producir empatía entre ambos.
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Cuando el escritor escribe a lo loco, el lector debe leer a lo cuerdo. Lo que no debe hacer de ninguna de las maneras es leer a lo tonto.
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La Literatura no enseña más que una cosa: que todas las formas de problemas, situaciones y conductas son posibles en los distintos individuos, pero no todas en un solo individuo. Por eso la Literatura es la ciencia menos adecuada para estudiarlo, por mucho en contrario que se nos haya querido decir, porque no nos dice del hombre: dice de un hombre.
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¿Por qué tendría que importarme no ser genial si vivo y juego con/entre los genios? Entre Gracián, Quevedo, Mozart… ¿Sólo por el ego? Triste y molesto lastre.

