ESPAÑA EN SORDINA

PAJARITOS EN CHAMARTÍN

Año tras año, cada vez que llego a la estación de Chamartín en Madrid, está todo levantado y patas arriba. Vas por un laberinto de sombras y colgaduras verdes, no ves las indicaciones, no sabes por dónde tienes que ir para encontrar tu tren. Es todo sórdido, provisional, agobiante.

Y la ciudad entera está toda la vida patas arriba, con zanjas por todas partes, edificios en construcción, vallas eternas. Yo amo Madrid, pero cometen crímenes sin cesar contra ella. Uno de los peores crímenes de algún imbécil fue quitar la fuente con nereidas de la Plaza de España. Busquen como era y digan si no tengo razón.

Es un trasiego sin fin, una provisionalidad permanente, un estado de shock que nuca cesa.

Dirán que así la ciudad es muy viva y muy dinámica. Pero, por favor, dejen siquiera una semanita de vez en cuando para disfrutar las cosas. Generación tras generación ve robado su derecho a disfrutar la ciudad y estar en ella tranquilos.

El logo de Madrid debería ser una grúa, es mucho más representativo que la Cibeles o la estación de Atocha. Una grúa gigante como bandera de Madrid.

Es como si hay obras sin fin en mi sala de estar y no me puedo sentar nunca en el sofá. Y me muero sin haber podido sentarme, y al final digo: ¿Pero este sofá no era para sentarse?

Sin embargo el otro día, cuando entré en un baño de Chmartín (cuando lo encontré después de vagar entre espacios sombríos, herramientas, plásticos verdes) escuché el sonido de pajaritos. Eso sí tiene gracia, hubo alguien afortunado que tuvo esa ocurrencia. Y prolongué mi estancia en el baño para escuchar los pajaritos. Qué delicia después de tanto agobio.

Cuando vuelva a Chamartín, sea cuando sea, seguirá todo en obras y lleno de plásticos verdes. Pero iré al baño aunque no tenga necesidad, para escuchar esos sonidos de pajaritos que alguien tuvo la gracia de colocar.

Entre tanto urbanista furioso y despiadado, doy gracias al que puso los pajaritos en Chamartín.

Y que dejen algunos pajaritos en España (y un hueco para disfrutar España) entre tanta ferocidad de obras y remodelaciones y vallas.

 

ANTONIO COSTA GÓMEZ

FOTO DE CONSUELO DE ARCO