
Nacido en 1961, Paul Sanda se apasiona desde muy joven por el cómic, la alquimia y las historias fantásticas. Psicólogo de formación, funda en 1996, junto con Rafael de Surtis, la editorial del mismo nombre. Desde entonces ha publicado más de 700 obras de escritores consagrados.
En 2002, Paul Sanda inauguró la Casa de los surrealistas en la localidad medieval de Cordes-sur-Ciel (Tarn), y desde 2019 es presidente de la Casa de la Poesía del País de Quimperlé (Finisterre).
Es autor de más de setenta obras, poemarios, antologías y ensayos, algunos de los cuales han sido traducidos al italiano, al finés, al bretón y al español. En 2016 obtuvo el premio Xavier Grall por el conjunto de su obra.
Es también Patriarca de la Iglesia Apostólica Templaria Gnóstica, Gran Canciller de la Orden de los Caballeros del Paracleto, Gran Maestro de la Orden Secreta del Templo y autor de numerosas obras esotéricas e iniciáticas.
Entre sus últimas publicaciones podemos citar L’Alchimie surréaliste et fantasophale de Maurice Baskine, (Rafael de Surtis, 2024); Grands Emblèmes du Merveilleux pour Ernest de Gengenbach (La rumeur libre, 2024); Cinéma, poésie & merveilleux; évocation, images & surréalisme, con Françoise Segonds (Rafael de Surtis, 2024); Les mystérieuses barricades d’Olivier Larronde, (Douro, 2024); Sept Fragrances, Aventure en terre lointaine, (Rafael de Surtis, 2025).
Una bio-bibliografía más completa puede consultarse en: https://fr.wikipedia.org/wiki/Paul Sanda
Los poemas traducidos aquí pertenecen a su libro La note sanglante de Peter Warlock, Ed. Rafael de Surtis, 2026.
NdT: los poemas de este libro componen un conjunto de 6 partes, que retoman la estructura de la Suite Capriol del compositor británico Peter Warlock (1894-1930). Paul Sanda utiliza recursos técnicos para sugerir un lenguaje musical que corresponde a las danzas de la obra de Warlock (anáforas, paralelismos, mismo número de versos en cada una de ellas). Para que el lector sea consciente de ello, he preferido traducir tres poemas del segundo «movimiento», Pavane.
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Il y eut un temps où nous savions que le feu réchauffait —
nous ignorions la fatalité, l’errance soucieuse, la faute;
nous nous nourrissions de nous, en contemplant la mer,
le sentier spirituel portait chaque jour sa manne (silencieuse),
détachant d’indéchiffrables fragments de merveille:
nos couleurs se mêlaient, pour atteindre une sorte d’éclat,
si parfait, la résonance de deux cœurs en un seul art achevé;
& le faste de tes ballets, veilleuses au jardin de tes splendeurs,
magicienne si adroite de la cadence, d’une geste impérissable
enfin je te sentais, t’appelais, t’appartenais, dans la densité,
comme si ton visage était le mien, renouvelé par le vent.
Il y eut un temps…
Hubo un tiempo en el que sabíamos que el fuego calentaba –
ignorábamos la fatalidad, el vagabundeo inquieto, la culpa;
nos alimentábamos de nosotros mismos, contemplando el mar,
el sendero espiritual traía cada día su maná (silencioso),
despegando indescifrables fragmentos de maravilla:
nuestros colores se mezclaban, para alcanzar algo así como un destello,
tan perfecto, la resonancia de dos corazones en un solo arte cumplido;
& el fasto de tus danzas, veladoras en el jardín de tus esplendores,
maga tan hábil de la cadencia, de una gesta imperecedera
por fin yo te sentía, te llamaba, te pertenecía, en la densidad,
como si tu rostro fuera el mío, renovado por el viento.
Hubo un tiempo…
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Il y eut un temps où nous n’aimions que la nuit –
ni le jour, ni les sacrilèges, ni la conformité à des rôles
la sérénité apaisait les chutes, les faiblesses & les manques,
en un corps d’une perfection invraisemblable, qui savait aimer,
constamment, assidûment, & qui ne se détournait pas:
entre nous n’étaient que le cosmos, le cérémonial de l’union,
elle se déployait en majesté, je me prosternais à ses parures,
ses limbes écloraient, ses sépales se blottissaient à mon flanc;
nos exploits s’accomplissaient sans retenue, en cathédrale
les émanations de sa peau se frottaient sans fin à ma forêt,
comme nous avions alors la voix aiguë des jouvenceaux.
Il y eut un temps…
Hubo un tiempo en el que solo amábamos la noche –
ni el día, ni los sacrilegios, ni el conformarse en los papeles
la serenidad apaciguaba las caídas, las debilidades y las carencias,
en un cuerpo de una perfección inverosímil, que sabía amar,
constantemente, asiduamente, & que no se apartaba:
entre nosotros no había sino el cosmos, el ceremonial de la unión
que se desplegaba en majestad, yo me prosternaba ante sus aderezos,
sus limbos despuntaban, sus sépalos se acurrucaban a mi costado;
nuestras hazañas se cumplían sin moderación, en catedral
las emanaciones de su piel se frotaban por fin contra mi bosque,
qué voz tan aguda de jovenzuelos teníamos entonces.
Hubo un tiempo…
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Il y eut un temps où nous ne souffrions pas du vent –
ni de la mer, ni des imprécations, ni des blasphèmes;
l’harmonie gonflait ses cheveux, jaillissait loin de ses voiles,
en un corps d’une vénusté impensable, qui savait se donner,
continuellement, tous les jours, & qui ne se reprenait pas:
entre nous n’étaient que le soleil & le luxe de la quiétude,
elle s’enfonçait dans la beauté, je rampais à ses pieds,
sa corolle s’épanouissait, ses pétales jouaient à la marelle;
nos gestes s’achevaient en satiété jusqu’entre les linges
les nuages de sa peau se frottaient sans fin sur ma forêt,
comme nous avions alors la voix tremblée des damoiseaux.
Il y eut un temps…
Hubo un tiempo en el que no sufríamos por el viento –
ni por el mar, ni por las imprecaciones, ni por las blasfemias;
la armonía hinchaba su cabello, brotaba lejos de sus velos
en un cuerpo impensablemente venusino, que sabía ofrecerse,
contínuamente, cada día, & que no se sosegaba:
entre nosotros solo estaban el sol & el lujo de la quietud,
ella se hundía en la belleza, yo me arrastraba a sus pies,
su corola se abría, sus pétalos jugaban a la rayuela;
nuestros gestos terminaban saciándose incluso entre los ropajes
las nubes de su piel se frotaban sin fin contra mi bosque,
qué voz tan temblorosa de donceles teníamos entonces.
Hubo un tiempo…
Traducción: Miguel Ángel Real
Miguel Ángel Real es autor de los poemarios: Zoologías (Editorial en Huida, 2019), Virtudes de la inercia (Lastura, 2022), Como dados redondos (Ed. Cisnegro, 2020, México), del que se realizó una selección bilingüe llamada Comme un dé rond (Editions Sémaphore, 2020, Francia), así como de los libros de poemas en francés Les rébellions inutiles (Ed. Douro, 2022), Le givre promis (Ed. Tarmac, 2023) y Constat du désordre (Lettres vives, 2024). También ha publicado el libro de aforismos Por si las sombras (Apeadero de aforistas, 2025). Traductor de poesía contemporánea en francés y español. Co-dirige la plataforma literaria oupoli.fr

