Horacio Otheguy Riveira.

El amor entre Diego y Elena empieza en el comienzo de la adolescencia con un aire romántico muy ensoñado que se interrumpe por una violación que él no pudo impedir…, y la novela transita cuanto vive Diego desde entonces en busca de la hermosa muchacha para pedirle perdón, absolutamente dispuesto a todo con tal de salvarla de las garras de la depravación, y salvarse él mismo de la vergüenza por lo ocurrido.

Sicario no se nace, se hace, y en esta ocasión el muchacho chapotea en el andurrial de una de las ciudades más peligrosas del mundo, por donde va con su primo Ramírez, algo mayor, más avispado y acomodaticio a las balaceras, las prostitutas, la droga y el alcohol. A pesar de las discrepancias van siempre juntos, intenta protegerlo, sobre todo procurando convencerle de que se olvide de la chica, al principio desaparecida, luego, una más entre mafiosos muy dados a la trata de mujeres, y finalmente…

Bueno, lo que sucede finalmente no me parece que deba mencionarlo porque tiene tal vigor narrativo que dañaría el interés de los lectores de este prolífico escritor franco argelino, sobre todo al tratarse de una novela sumergida en el tono, el clímax y el lenguaje de la gran literatura mexicana entre el realismo criminal y el realismo mágico.

El autor de obras maestras como El atentado (en Israel), los procesos del fanatismo musulmán y la brutalidad policial en su país natal, Argelia, en varios títulos; además de novelas de muy variado argumento, como La deshonra de Sarah Ikker (Tánger) o Las golondrinas de Kabul.

Yasmina Khadra, nombre y apellido pertenecientes a su esposa desde que se exilió en Francia, amenazado de muerte en Argelia, en París fue granándose una buena fama de escritor en francés con una capacidad insólita para adentrarse en otras culturas, manteniendo en todos los casos una voluntad de denuncia del poder establecido, léase terrorismo de estado, fanatismo musulmán y del llamado Crimen organizado en todos los idiomas.

Amor sicario es una obra muy atractiva en un marco de novela negra con un halo de ingenuidad romántica digno de los clásicos del género. De un pueblo medio muerto avanza por una violencia con bandas sin escrúpulos en ambientes alejados de la bella ciudad con su centro de gente acomodada, elegante, con todo lo bueno a su alcance, todo lo soñado por los más desfavorecidos.

En ese contexto la ruindad en que vive y lo que sueña para su futuro, Diego permanece leal a su preciosa joven, ya mujer entera que ignora si aún será capaz de perdonarle.

Excelente Traducción del francés de Wenceslao-Carlos Lozano.

 

«Una tarde, mientras asistíamos, sentados sobre una roca, a la caída del sol, me tomó la mano y la puso sobre su rodilla confesándome:

—Te tengo mucho aprecio, ¿sabes?

Me quedé mudo. Me sentía tan feliz que noté como si se me parara el corazón. Entonces comprendí que albergaba por mí los mismos sentimientos que yo secretamente por ella.

—¿Y tú, también sientes aprecio por mí?

Tenía un millón de declaraciones románticas en la punta de la lengua, salvo que mi garganta encogida se negaba a soltar una sola. Elena me apretó la mano con fuerza.

—¿Te gusto, Diego? ¿Crees que algún día serás el hombre de mi vida?

—Sí, me gustaría ser el hombre de tu vida.

—¿Y que yo sea la mujer de tu vida?

—Sí.

Hoy sigo todavía percibiendo la huella de su beso en mi mejilla. Acababa ella de cumplir trece años. Nos juramos no consentir que nos separara ni la muerte ni la desdicha.

Me preguntaba:

—¿Qué harás cuando seas mayor?

—Seré periodista.

—¿Un periodista gana lo suficiente para vivir en una ciudad grande?

—Supongo que sí. Entonces alzaba la mirada al cielo como quien reza para sus adentros. Apretaba en sus pequeños puños algo que la dejaba pensativa.

—¿Crees que algún día nos iremos de aquí?

—Si quieres que nos vayamos, nos iremos.

De todos modos, por aquí cerca no hay imprenta para hacer periódicos. Solo escuchó la primera parte de mis palabras. Su rostro se iluminó como si fuera un amanecer.

—¿Viviremos al borde del mar?

—Iremos adonde quieras.

—¿Y viajaremos a todas partes?

—Hasta el fin del mundo si quieres…»