Horacio Otheguy Riveira.
Alan Parks, el creador de la serie protagonizada por Harry McCoy -seis novelas comentadas con entusiasmo en CULTURAMAS, de Enero sangriento a Cualquiera puede morir en junio– regresa con un nuevo personaje, escocés de origen sueco, Joseph Gunner. Otra vez en Glasgow, pero en 1941 bajo constante bombardeo alemán.
Expolicía que viene del frente en Francia, dado de baja con un parche en un ojo y una pierna seriamente dañada, procurándose -con dificultad- inyectables de morfina para soportar el dolor. Está en los huesos y no resulta fácil moverse en la bombardeada ciudad, cuyo asedio solo se detiene en la noche y cuando llueve intensamente.
Una ficción de intriga policiaca que transcurre en un ámbito histórico real con un personaje de gran influencia en el régimen: Rudolf Hess, el lugarteniente de Hitler que, de forma inesperada, escapó volando de Alemania y se lanzó en paracaídas sobre Escocia, con la intención de convencer al gobierno británico de que se uniera al Tercer Reich, formando una alianza antisoviética que garantizara el éxito de la invasión de Rusia, que Hitler estaba a punto de lanzar.
En la novela, Hess es una especie de fantasma, nunca llega a actuar como personaje de carne y hueso, pero todo gira a su alrededor -de una forma u otra, entre magníficas historias cruzadas-. Sus aliados escoceses (con el apoyo de un sector de la Inteligencia inglesa), temen que su carácter un tanto enfermizo les traiga problemas, así que, mientras unos buscan a dobles que le reemplacen si fuera necesario, otros los van matando fieles a consignas prosoviéticas.
La historia es apasionante y Gunner un gran personaje emparentado con Harry McCoy en su vulnerabilidad sentimental y física, y en el hecho de que pasa las de Caín con muchos conflictos y golpes a mansalva. Cae muchas veces, pero incluso se arrastra para lograr su objetivo: ayudar a su hermano, buscar justicia y salvar su vida…
Fuera de esta magnífica aventura -que solo contará con tres novelas-, en la realidad, Rudolf Hess sí cayó en paracaídas en una granja escocesa, pero, al margen de la imaginería de Alan Parks fue juzgado por el Tribunal de Núremberg, que lo condenó a cadena perpetua en 1946. Permaneció más de cuarenta años en prisión bajo control de la Unión Soviética, convirtiéndose en el último prisionero de la Segunda Guerra Mundial, hasta que se suicidó (?) en su celda en 1987.
En definitiva, Cielo rojo sobre Glasgow es otra espléndida novela negra de un autor que domina el género y crea personajes con gran soltura. Se llega hasta su impactante final con mucho interés; final abierto que provoca ansiedad por leer la siguiente, ya que entre sus flecos hay episodios que anhelan continuidad.



