Eduardo Suárez Fernández-Miranda.
En aquella época los pueblos del oeste de Massachusetts, bloqueados por las nevadas, eran todavía lugares tétricos, tanto moralmente como físicamente: la locura, el incesto y la lenta degradación mental y espiritual se escondían tras las fachadas de madera sin pintar a lo largo de la calle del pueblo, o en las granjas aisladas de las montañas del alrededor. Edith Wharton.

Edith Wharton (1862-1937) es una de las escritoras fundamentales del siglo XX. En cierto modo, discípula de Henry James, a quien le unió una gran amistad, gustos afines -su fascinación por Europa- y una visión semejante en relación con los principios que deben regir la creación literaria: “Cada gran novela ha de estar basada, en primer lugar, en un sentido profundo de los valores morales y construida con una unidad clásica y con una economía de medios”.
Perteneciente a una familia distinguida y adinerada, pasó sus primeros años en el Viejo Continente. De regreso a Nueva York, con veinticinco años contrajo matrimonio con Edward Robbins Wharton. Su innata independencia y sus ideas sobre el papel que debería tener la mujer en la sociedad, fueron causas de contrariedades que desembocó en una grave depresión.
En el año 1910 se traslada a vivir a París -por razones de salud- y tres años más tarde se divorcia de su marido. De esta crisis matrimonial surgieron muchas de las situaciones que vivieron sus personajes; la amargura, la celda en que se puede convertir la convivencia “y la frustración que paraliza a muchos de sus protagonistas”.
Alianza Editorial ha venido publicando, recientemente, la obra narrativa fundamental de la escritora norteamericana: La edad de la inocencia, La casa de la alegría, Ethan Frome, Las hermanas Bunner, El arrecife y Estío.
Esta última novela tiene la peculiaridad de alejarse del ambiente aristócrata y cosmopolita de los salones de Nueva York; escenario de importantes obras de Wharton. Estío se puede enmarcar dentro de los límites del naturalismo europeo, aunque sin caer en lo trágico y truculento. La novela es una historia de amor y de desamor protagonizada por Charity Royall, una joven marcada por su origen ignominioso. El punto de inflexión de la novela es la llegada al pueblo del arquitecto Lucius Harney quien será el encargado de “manipular los sueños de la protagonista y desencadenar el conflicto, deslumbrándola con el somnoliento resplandor del verano”.
Con una prosa precisa y penetrante, Edith Wharton traza “el retrato de una mujer que se debate entre el anhelo de libertad y las cadenas sociales, entre la inocencia y la culpa, entre el cuerpo y el destino”.

