Horacio Otheguy Riveira.

Podría tratarse de una clásica pieza del Teatro del absurdo, dadas las características del comienzo, con una dislocada Sara Escudero tratando de animar al muy decaído Agustín Jiménez, mientras esperan al marido que fue al Mercado de San Antón a comprar un limón. Pero, a medida que crecen las confidencias, apostilladas con un «pero no se lo digas», y aumenta la potencia de una incontinencia verbal despiadada… ya sospechamos que el autor rompió etiquetas.

Fuera de género a vista del público, la cosa empeora cuando al fin llega el amigo de él y el marido de ella con otra fuerza de incontenible avidez de confesión. Así, entre la mujer que se está arreglando para una cena que no preparó, el encuentro de los amigos es otra estocada en el decaimiento del invitado, muy bajo de ánimos tras el abandono de su pareja, una tía con toda clase de defectos para los «generosos amigos»: desde la nariz ganchuda al mal olor de alguien que no se lava. Así las cosas, Aísa (nombre que los dueños de casa no aciertan a recordar por mucho que se lo repita) se convierte en objeto de odio que abruma aún más al buen amigo.

 

 

Ferran González ha escrito el texto como si fuera uno de sus musicales (de Pegados y Mierda de artista a Tarzán El musical y ahora mismo a punto de estrenar en Mérida, Las 9 musas), creando sólidos personajes que entrecruzan sus personalidades a base de diálogos picados en constante crecimiento.

Borja Rodríguez dirige la función logrando de sus actores una capacidad de ritmo y composición física digna de su talento, en esta ocasión al servicio de una pareja muy tóxica que hunde cada vez más a quien dicen ayudarle a recuperar las ganas de vivir. El contraste genera buenas risas y al final, tras una coda -no por esperada menos eficaz- queda la constancia de que el mar de fondo linda con el conflicto de quienes deben romper con tan sórdidos «amigos».

Tres intérpretes sensacionales

El gran acierto de la puesta en escena radica en las creaciones de cada personaje. Sara Escudero magnifica su histrionismo hasta extremos insólitos de ignorancia y psicosis, no para de subir y bajar vertiginosamente por emociones que nunca sabremos qué es real y qué fantasía. César Camino en el mismo plan, pero con ramalazos distintos, incontinencia verbal que el texto matiza y la dirección enriquece con un toque ingenuo de sexualidad perversa, como de buen chico que cuenta travesuras «horribles y maravillosas».

Agustín Jiménez compone al silencioso visitante que por respeto calla, con una interpretación colosal de menos es más; entre muchas otras acciones confiesa que ha dejado de beber, pero acaba haciéndolo porque ya no sabe cómo seguir en esa casa con estos que no paran de insultar a su ex, culta joven contratada en importante cargo del Grupo Planeta. Desde luego, la parejita entiende que se dedica a la Astronomía o que es astronauta.

El actor aguanta el tipo estoicamente, también muy divertido en sus expresiones físicas, hasta que al final se lanza en picado con una manera singular de decir ¡¡¡hasta aquí hemos llegado!!!

Como si todo esto fuera poco, atención a los niños de la casa, de 4 y 9 años, personajes ausentes dueños de la enorme cantidad de peluches abandonados por todo el salón. De ellos se habla de un modo que, bueno, inenarrable, mejor, pasen y vean…

 

Reparto

Sara Escudero
Agustín Jiménez
César Camino

Ficha artística

Autor: Ferran González
Dirección: Borja Rodríguez
Escenografía: Luis Crespo
Vestuario: Melida Molina
Música: VV.AA
Espacio sonoro: David Piedraescrita
Ayudante de dirección: Roberto Correcher
Dirección de producción: Isabel Casares
Asistente de producción: Marta Sanz
Comunicación y prensa: Futura Comunicación

Una producción de MIC Producciones

 

TEATRO BELLAS ARTES. PRORROGADO HASTA EL 23 DE AGOSTO 2026